Tras devastadores incendios en Huesca y Zaragoza, los bomberos forestales protestan ante la gestión de PP y VOX

Aragón arde y sus bomberos dicen basta

Los bomberos forestales de Aragón llevan desde hace meses denunciando que faltan trabajadores y recursos.

Aragón afronta uno de los episodios de incendios forestales más graves de los últimos años mientras quienes trabajan para contener las llamas denuncian que el dispositivo lleva demasiado tiempo funcionando al límite. Al también devastador incendio de la comarca de las Cinco Villas en julio (14.000 Ha), se ha sumado el incendio de Las Peñas de Riglos, en Huesca, que ha llegado a convertirse en el mayor registrado en la comunidad, con más de 18.000 hectáreas afectadas y un perímetro de decenas de kilómetros. La propagación llegó a alcanzar las 700 hectáreas por hora en algunos momentos.

Miles de personas han salido a la calle en Jaca (Huesca) convocadas por el movimiento Pirineo Digno para reclamar responsabilidades políticas por la gestión de los incendios, defender el medio rural y respaldar la huelga indefinida de los bomberos forestales. La movilización, bajo el lema «Aragón arde», ha reclamado más medios para la prevención y extinción y ha dirigido sus críticas al Gobierno autonómico de Jorge Azcón.

La protesta coincide con una huelga indefinida iniciada el 18 de agosto por los bomberos forestales de Aragón. El conflicto laboral viene de lejos: los trabajadores reclaman más efectivos, mejores condiciones y un convenio que permanece bloqueado desde hace años. Entre sus denuncias aparecen jornadas que pueden superar las 20 horas, falta de personal y bases que, según los trabajadores, carecen incluso de servicios básicos como agua o electricidad.

Los sindicatos sostienen que hacen falta alrededor de 200 trabajadores más para reforzar el operativo. La plantilla habría pasado de unos 520 efectivos a alrededor de 420, mientras los incendios exigen cada vez mayores esfuerzos de extinción. La huelga, además, se desarrolla con unos servicios mínimos del 100%, por lo que el conflicto laboral convive con la obligación de mantener la respuesta ante las emergencias.

Los bomberos forestales denuncian desde hace meses que faltan trabajadores y recursos. El dispositivo autonómico ha llegado a movilizar alrededor de 700 personas y 50 vehículos para hacer frente a los incendios de este verano, una dimensión que evidencia la magnitud de la emergencia pero también la dependencia de refuerzos extraordinarios.

El problema no termina cuando se apaga un incendio. Los expertos y trabajadores vienen señalando que el aumento de la velocidad y virulencia del fuego, unido a una mayor acumulación de combustible forestal, está haciendo más difícil su extinción. Aragón cuenta con una enorme superficie forestal y, según análisis recientes, se encuentra entre las comunidades con menor dotación de personal en relación con esa superficie.

La temporada deja también un balance humano especialmente doloroso. Un militar de la UME murió durante las labores de extinción de Riglos y otros efectivos resultaron heridos. Días después, un bombero de la Diputación de Zaragoza falleció mientras intervenía en un incendio en Calatorao.

En las calles de Jaca, la indignación por los incendios se ha mezclado así con una reivindicación laboral: quienes arriesgan su vida frente al fuego reclaman poder hacerlo con una plantilla suficiente, condiciones dignas y recursos adecuados. El debate sobre los incendios de Aragón ya no se limita a cómo apagar las llamas, sino a qué modelo de prevención, gestión forestal y protección del territorio quiere sostener la comunidad cuando llegue el próximo verano.