Opinión

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid

El fenómeno cristalizado en las dos suerproducciones chinas de este año, “Acantilado Rojo” y “Ciudad de Vida y Muerte” apunta en una dirección que aunque solo alcance la categoría de “embrión” nos sirve como excusa para trazar las líneas maestras que definen la situación actual y, de paso, aplicarnos el cuento. En el artículo de análisis que se incluye en estas páginas se aborda, con los pequeños trazos que el espacio permite, la caracterización de la hegemonía de la industria cinematográfica norteamericana y los elementos que permiten que surjan y se desarrollen otros centros de producción del séptimo arte. El cine español e iberoamericano no encuentra lugar en el reportaje, porque, por desgracia, no lo tiene. La producción de películas en español no significa, hoy por hoy, ningún tipo de competencia para el gigante de Hollywood. Sin embargo si en vez de hacer una cuenta nacional la hiciésemos partiendo de los 23 países en los que el español es lengua oficial, y los 500 millones de hispanohablantes, otro sería el resultado. Por separado cada uno de los mercados nacionales está monopolizado a un 90% por el cine norteamericano. Solo España con un 75% y Argentina con un 85% reducen la media. En el 2010, en España, sólo el 37% de las películas proyectadas han sido norteamericanas, pero se han llevado el 75% de la recaudación. Cogiendo el título del artículo dedicado en este número a la independencia americana “Uno a uno nos devoran. Con todos juntos no pueden” sin duda podemos decir que la alternativa la tenemos delante. Cualquiera que no sepa ver esto es que sufre de ceguera política y artística, o que no quiere. En el número 93 de la revista ecuatoriana Chasqui, perteneciente a la Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal (Redalyc), se decía: “Existen dos serios problemas que afectan a la cinematografía de América Latina […] de los gobiernos para incidir en las políticas de Estado y activar el fomento de la producción nacional, para su posterior distribución y exhibición en el interior y en el extranjero. En segundo lugar está la hegemonía de las producciones estadounidenses en las salas de exhibición y en los medios televisivos, que en complicidad con las cadenas y grupos mediáticos impiden que se creen unas políticas culturales para alentar y desarrollar la cinematografía nacional.” Esta es la base material. Pero, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y que hemos de tratar también el fondo y no solo los medios que se ponen en liza en el séptimo arte, debemos traer también aquí aquello que decía Antonio López en estas páginas, con motivo del reportaje “Maestros de la Luz”, Caravaggio y la entrevista a Vittorio Storaro: “Tenemos una gran capacidad de sentir y observar lo cotidiano que diferencia al español, que lo diferencia en todo. El español tiene una gran sensibilidad para conectar con el mundo real. A través de la presencia física misma de las cosas, de la materia, insufla, da forma, contenido a su mundo espiritual.” Existe un torrente de riqueza inagotable, de historias que contar, y de una forma particular de contarlas que recorre todo el mundo hispano. La misma energía que convierte a Picasso, Lorca, Buñuel o a Gabriel García Márquez en un referente mundial. Aunar fuerzas, aprender de los mejores y explotar aquello que nos hace a todos hispanos, convirtiendo las diferencias en mayor unidad. Por aquí debe ir nuestro cine.