La guerra incendia Oriente Medio y amenaza la paz mundial

Alerta máxima

Trump y Netanyahu han lanzado una cerilla al barril de pólvora que es Oriente Medio, poniendo en gravísimo peligro la paz y la estabilidad mundial. Estamos en alerta máxima. Parar la guerra es la tarea más urgente del momento

EEUU e Israel han incendiado Oriente Medio y están ejecutando el mayor ataque a la paz mundial de las últimas décadas.

Todos asumen ya que no va a ser una guerra corta. Cada vez más países están afectados, los muertos se cuentan ya por miles, y el conflicto está desbaratando la economía global al disparar los precios del petróleo y el gas.

Washington, y su gendarme local Netanyahu, están más aislados que nunca. Casi todo el resto del planeta se manifiesta en contra de la guerra y rechaza implicarse en ella. Pero sus ataques colocan al mundo al borde del abismo.

Estamos en alerta máxima. Parar la guerra en Oriente Medio es una tarea urgente.

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Extensión y agudización de la guerra

El Pentágono promete que “ésta no será una guerra perpetua”, pero reclama 200.000 millones adicionales para financiarla, y valora ampliar en 50.000 soldados su despliegue en Oriente Medio

La perspectiva de un ataque limitado contra Irán ya se ha evaporado. La guerra se va a prolongar semanas, o incluso meses.

Implica ya a 17 países. Todos los países de Oriente Medio están afectados. Y la oleada bélica ya ha llegado a otras áreas del planeta. En el Cáucaso, Azerbaiyan ha sido atacado. Dos misiles han llegado a Turquía, país de la OTAN. Chipre, territorio de la UE, ha recibido ataques. En el Índico, EEUU ha hundido un barco iraní…

Los ataques de Washington y Tel Aviv han provocado más de 2.000 muertos en Irán, la mayoría -1.300- son civiles. Y en Líbano los muertos superan las 1.000.

Thiago Lucas (Brasil)

Israel aprovecha la guerra para invadir y arrasar Líbano… e intensificar el genocidio en Palestina. Tel Aviv bombardea la capital libanesa y busca expulsar a la población del sur del país. En Gaza han vuelto a bloquear la llegada de ayuda humanitaria, y en Cisjordania se intensifican los ataques del ejército y los colonos.

La guerra ha entrado en una nueva fase, marcada por los ataques a infraestructuras energéticas vitales. EEUU ha atacado la isla de Kharg, por donde pasa el 90% de la exportación petrolera de Irán. Israel ha bombardeado Pars Sur, el mayor yacimiento de gas del mundo, compartido entre Irán y Qatar. Teherán ha respondido atacando enclaves energéticos en Arabia Saudí, Qatar e Israel.

La agudización de la guerra puede deparar consecuencias imprevisibles. Arabia Saudí, el gran rival de Irán en el mundo islámico y que ha estrechado sus relaciones con EEUU, acaba de declarar que no descarta participar en los ataques contra Teherán.

Y la guerra ya está provocando una crisis que va a atacar las condiciones de vida de todos los pueblos. El precio del gas se ha disparado un 50% y el del petróleo un 30%. No alcanza los picos provocados por la invasión rusa de Ucrania, pero se están encareciendo más rápidamente que entonces. Nuestros bolsillos ya lo están notando. En España la gasolina ya ha subido un 28% y el diésel un 15%. Componentes básicos derivados del crudo como los fertilizantes o los plásticos han disparado su precio. Y ha subido también el helio -los países del Golfo están entre los principales productores del mundo-, clave para construir chips.

El FMI acaba de advertir de escenarios extremos para la economía global: “piensen en lo impensable y prepárense para ello”. Y, sobre todo, nos amenaza una nueva ronda de un atraco con la inflación como pistola. El encarecimiento del gas tras la invasión de Ucrania dio lugar a un gigantesco robo donde bancos y monopolios inflaron los precios, dando un fabuloso salto en sus ganancias. Ahora está empezando a suceder lo mismo.

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El fantasma de Irak

Israel aprovecha la guerra para intensificar el genocidio en Palestina. “No olvidar Gaza” debe estar en primer plano.

En los sueños de la superpotencia empieza a aparecer el incómodo fantasma de Bagdad. El fracaso en Irak abrió la etapa del ocaso imperial de la superpotencia. No repetirlo es un mandato para Washington.

Ya saben que el régimen iraní no se va a desmoronar. La directora de Inteligencia Nacional de EE UU, Tulsi Gabbard, ha asegurado que “el régimen de Irán parece estar intacto”.

Netanyahu acaba de abrir la posibilidad de enviar tropas a Irán para derrocar al régimen. Pero Washington, que manda sobre Tel Aviv, no se lo puede permitir. No después de Irak,

Irán responde e impulsa movimientos diplomáticos. El Estrecho de Ormuz está bloqueado, pero no para todos. Teherán permite el paso de barcos chinos, indios y paquistaníes. Otros países como Turquía, o potencias europeas, negocian con Irán para que se permita el tránsito a sus barcos.

EEUU intenta movilizar a los kurdos, de Irán y de los países limítrofes, para que se levanten. Con el objetivo de que acaben con el régimen de los ayatolás, o provoquen una guerra civil en Irán que la inhabilite como potencia regional. Washington no tiene reparos en convertir un país de casi cien millones de habitantes en un agujero negro como lo son Libia o Siria.

El fantasma de Irak afecta también a las relaciones de EEUU con sus socios, incluso los más cercanos. Reino Unido ha dado facilidades a EEUU, pero no ha participado en los ataques. El primer ministro británico lo justificaba así: “Todos recordamos los errores de Irak y hemos aprendido esas lecciones”.

Y la guerra ya está empezando a afectar a la economía norteamericana. El alza del petróleo enriquece a las grandes petroleras de la superpotencia, pero encarece el precio de los combustibles, y de todos los derivados del petróleo, en EEUU.

La guerra le cuesta a EEUU entre 2.000 y 3.000 millones de dólares diarios. Y puede dar lugar un repunte en el coste de financiación de su gigantesca deuda pública -que ha escalado a los 39 billones de dólares. La superpotencia necesita más dinero, y nos va a exigir al resto del planeta que lo paguemos, incrementando el grado de saqueo al que nos somete.

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Rechazos y fisuras

Hasta la ultraderechista Giorgia Meloni, fuertemente alineada con Trump, ha rehusado meter a Italia en la guerra contra Irán

EEUU, y su gendarme local, Israel, están más solos que nunca. Primero fue la oposición generalizada al genocidio que perpetran en Gaza. Ahora el rechazo global casi unánime a la guerra con que están incendiando Oriente Medio.

La inmensa mayoría de países del planeta o condenan los ataques de EEUU o exigen que se ponga fin a la guerra a través de un alto el fuego y acuerdos diplomáticos.

Y la guerra ya está provocando fisuras. Trump exigió que se formara una coalición de países para enviar una flota que desbloqueara el Estrecho de Ormuz, amparando a los petroleros. ¿Cuántos países han dicho que sí a Washington? Ninguno.

El presidente norteamericano incluso se ha quejado de que los países de la OTAN no estén prestando en esta guerra el apoyo que Washington exige.

En el extremo de Asia la primera ministra de Japón, alineada con EEUU, ha dado una respuesta clara a la petición norteamericana de apoyo militar: “no vamos a mandar tropas a ninguna parte”.

Y en Europa, Von der Leyen, presidenta germana de la Comisión Europea, tuvo que rectificar unas vergonzosas declaraciones donde instaba a la UE a acatar la guerra de EEUU e Israel y la ruptura por parte de Washington de todas las normas internacionales.

Ante la agudización de la guerra se abren las grietas. Reino Unido y la UE ya reclaman una “desescalada”. París declara que “no estamos en guerra”. Y en Italia Meloni plantea que “el uso de las bases militares italianas será el mismo que el de las españolas y de Sánchez”.

El mundo se mueve, y no en el sentido que la superpotencia pretende imponer.