Acerca de la nueva Política Agraria Común (PAC)

Las negociaciones sobre el nuevo plan de la PAC, que tiene que regir desde 2023 al 2027 en el conjunto de Europa, han cumplido el primer escalón hace pocos días. Son ayudas que perciben alrededor de 700.000 agricultores y ganaderos y que se contemplan con bastante expectación. Significan un apoyo importante a unas economías con bajas rentabilidades, muy golpeadas desde hace décadas por las políticas estatales de abandono rural y de implantación de los mercados monopolistas. 

Frente a la presentación de las líneas maestras del plan y de las cantidades asignadas ya ha habido diversas respuestas. Tanto desde los sectores más radicales ecologistas como desde los más conservadores, se han manifestado numerosas críticas.  Debemos ver pues cómo enfocar el problema desde los intereses de conjunto de agricultores y ganaderos.

Las líneas maestras de la PAC

De entrada se puede decir, a nivel global, que frente a las perspectivas de recortes en la asignación de la PAC, España recibirá 47.682 millones de euros para los siete años del próximo período; o lo que es lo mismo 6.800 millones anuales. Estas cifras son similares a las actuales, aunque ya se  ha señalado que supone un recorte si se compara con el aumento a considerar por el porcentaje de crecimiento del índice del coste de la vida. 

Hasta ahora las ayudas PAC van divididas en dos bloques básicos: el denominado primer pilar no es otra cosa que una renta fija “histórica” que percibe el agricultor (con asignación de derechos) calculada en función de su actividad anterior y con el compromiso de cumplir una condicionalidad de normas. El segundo pilar son ayudas directas por realizar determinadas líneas de actuación. En ediciones anteriores del Chispas ya explicamos en qué consistían.   

La nueva PAC, se dice, dará más importancia a la agricultura sostenible, a la protección de espacios verdes y a la seguridad alimentaria. De hecho el apoyo a las rentas agrarias, incorporación de jóvenes y modernización del sector agrícola lleva parejo el cumplimiento de determinadas condiciones. Son los nuevos requisitos sobre seguridad alimentaria y medio ambiente los que han despertado bastante recelo entre los agricultores y ganaderos. Bruselas pretende potenciar el medio ambiente y las producciones ecológicas creando un nuevo concepto, los “Ecoesquemas”. Estos son un conjunto de requisitos con prácticas más verdes, sobre la base de incentivar las ayudas a los agricultores que lo practiquen, en detrimento de los que no cambien sus prácticas. A nivel global del presupuesto de la PAC, el Estado debe cumplir con el 20% del total asignado a cada país, aunque los agricultores no están obligados individualmente a aceptarlos; ahora bien, en ese caso, van a dejar de cobrar los incentivos correspondientes a esas líneas.

Esto último es a lo que algunos sectores agrícolas se oponen porque supone una reducción en sus ingresos si no parten de los “ecoesquemas”.

Conclusiones

Para valorar la orientación de la nueva PAC hay que partir primeramente de los intereses de conjunto de los agricultores y ganaderos y del mundo rural. En anteriores artículos ya hemos señalado el problema de primer plano que representa el despoblamiento rural, cuya base radica en la baja rentabilidad, incluso en números rojos, de la economía agrícola; junto al abandono social del campo por parte de las diversas Administraciones, que a su vez conlleva la casi ausencia de relevo generacional.  

Los avances que encontramos en esta nueva línea de la PAC tienen su origen, en última instancia, en la gran movilización impulsada de la España vaciada, dando conciencia al resto de la sociedad, y generando un fuerte encuadramiento asociativo. Desde aquí todo nuestro apoyo a la gran labor que están realizando en este sentido los diversos colectivos. No hay que olvidar además la fuerte movilización del campo en reivindicaciones básicas, como son la demanda de un  precio justo de sus productos, y que con tanta fuerza ha recorrido toda España. Y también los sindicatos agrarios y otras asociaciones y cooperativas que vienen reclamando muchas de las propuestas que en menor o mayor parte se recogen en la nueva PAC.

Algunos puntos generales para la adjudicación de las ayudas que nos parecen en avance pueden ser los siguientes:

1. Definición de “agricultor genuino” como perceptor de ayudas, que representa al profesional o explotación familiar cuyos ingresos provienen de su producción agrícola o ganadera, justificando un porcentaje mínimo entre un 20% y un 30% de su renta. Se trata de combatir que los ingresos se destinen a actividades no agrícolas. Por ejemplo, se están dando ayudas a campos de golf.

2. Límites de ayudas. Se fija el máximo individual en 100.000 euros, y a partir de los 60.000 se impondrán reducciones. Es necesario evitar subvencionar a los terratenientes que en general además aportan muy poco al mundo rural.

3. Derechos históricos e individuales. Es necesario acabar con las ayudas generadas a partir del 2006, cuando se establecieron los derechos de “pago único” y que son una renta personal y fija al margen de la producción y actividad agrícola (por ejemplo, se puede percibir ayudas ganaderas aunque ahora no poseas ningún animal). En las nuevas líneas se pretende sustituir estos derechos sobre la base de ir aumentando los pagos directos vinculados a la tierra y a la ganadería. Además de rehacer el reparto muy desigual comarcal (ahora existen 50 regiones agrícolas) y las diferencias notables entre distintos agricultores y actividades.

Estas propuestas junto con los “ecosistemas” son un avance tal como estamos señalando. Que las medidas medioambientales comiencen por el ganado extensivo nos parece importante. Ha sido una de las líneas olvidadas anteriormente y que son muy necesarias, pero sobre todo es uno de los vectores básicos que permiten fijar la población rural. Nos parece positivo que los agricultores perciban ayudas por un servicio que están realizando y del que se beneficia el conjunto de la sociedad. Y por último tengamos en cuenta que hablamos de un sector primario, como se ha percibido con rotundidad en la pandemia actual, que en cualquier caso es un sostén de independencia alimentaria para el conjunto de la sociedad.

Si bien podemos entender que es una situación de avance la nueva PAC, todo depende de cómo se elaboren los planes correspondientes y se concreten; depende de las trabas e imposiciones de Bruselas a todas estas líneas; y depende de cómo se ejecuten en las distintas Consejerías de las comunidades autónomas. Además de todas estas dudas hay que tener en cuenta todo lo que no se aborda. Vamos a marcar alguno.

  1. Líneas de apoyo a la agricultura en las zonas de la España vaciada, impulsando la formación de explotaciones agrícolas y ganaderas. Potenciar la industria rural.
  2. Ayuda a la  formación y desarrollo del cooperativismo. Apoyo a la formación y especialización  del trabajo en el campo (escuela de pastores; escardadores, etc.)
  3. Defensa del Mercado interior. No es posible producir desde la perspectiva que hemos expuesto en los ecosistemas, defendiendo la seguridad alimentaria y dejar pasar sin ninguna traba alimentos exteriores cultivados sin ninguna garantía sanitaria. No puede entrar la naranja sudafricana como si fuera valenciana. 
¿Qué son los ecoesquemas?
Gran parte de las ayudas directas de la nueva PAC se van a recibir por suscribir la ejecución de compromisos medioambientales. Corresponden el planteamiento y desarrollo a cada uno de los países miembros de la UE, que en los próximos meses va a elaborar el Gobierno. Su resolución debe ser aprobados por Bruselas.
Los ejes principales que ahora mismo se conocen son:
+ Ayudas al pastoreo de ganado extensivo. Son complementos de pago adicionales si se realiza con razas autóctonas; pastoreo como medida de prevención de incendios; en zonas con limitaciones naturales; otros.
+ Implantación y conservación de márgenes y corredores. Hace referencia a la creación de corredores con plantación de vegetación (arbolado o matorrales) con el fin de favorecer la biodiversidad, en especial insectos y aves. Rotación de cultivos que mejoren el suelo, en especial con leguminosas y oleaginosas. El objetivo es reducir el uso de fitosanitarios y fertilizantes (en especial de origen químico). Programas de fertilización con aportación de abonos minerales y orgánicos (uso de estiércol).
+Programas de valoración energética que combatan las emisiones de efecto invernadero. Uso sostenible de fitosanitarios, reduciendo los riesgos y efectos perjudiciales para la alimentación y medio ambiente. 
+Cubiertas vegetales en cultivos arbóreos, reduciendo el exceso de laboreo y permitir la regeneración de la tierra. En cultivos herbáceos potenciar los barbechos semillados (uso de leguminosas) y barbechos melíferos (para potenciar las abejas). Triturado de los restos de poda y su incorporación al suelo. Se evita la quema que provoca gases de efecto invernadero y mejora la fertilidad del suelo. Posibilidad de uso de los restos de poda para biomasa vegetal.