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CULTURA [08-02-2010]
Internet y el nuevo ‘poder inteligente’ de EEUU
El Gran Hermano Imperial
Las grandes compañías cibernéticas al estilo de Google son hoy eslabones cruciales para las prioridades estratégicas de la política exterior norteamericana
Por A. Lozano
La disputa entre Google y el gobierno chino ha alimentado la idea de que, más allá de sus motivaciones, lo relevante es el nuevo juego que Google ha abierto al afirmarse como actor político cuyo poder ya no radica en la fuerza política o militar, sino en su red global de servidores.
El pasado 12 de enero, Google anunciaba que no estaba dispuesta a seguir censurando los contenidos de sus búsquedas en China. Que había sido víctima de un sofisticado ataque cuyo objetivo era acceder a las cuentas de correo electrónico en Gmail de activistas chinos de derechos humanos. Y que todo ello le estaba haciendo sopesar la posibilidad de suspender su portal google.cn y cerrar las oficinas en el país asiático.
Apenas una semana después, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, en una conferencia en el Newseum de Washington sobre la libertad en Internet, se alineaba abiertamente con Google, exigía explicaciones al gobierno chino y anunciaba la agenda del Departamento de Estado para desarrollar lo que llamó “la diplomacia del siglo XXI”.
En ella, adelantó sus planes de trabajar a lo largo de 2010 “con nuestros asociados de la industria, el mundo académico y las organizaciones no gubernamentales” con el objetivo de desarrollar programas que utilicen “el poder de las tecnologías de conexión y las aplique a nuestras metas diplomáticas”, de tal modo que permitan alinear y hacer marchar conjuntamente “nuestros principios, nuestras metas económicas y nuestras prioridades estratégicas”.
Frente a la idea de las multinacionales de nueva tecnología como “actores políticos dotados de un poder de nuevo tipo” al margen de los clásicos poderes estatales, las palabras de Clinton ponían las cosas en su sitio al revelar cómo las grandes compañías cibernéticas al estilo de Google son verdaderos eslabones cruciales no sólo para la prosperidad económica de EEUU, sino también para las prioridades estratégicas de su política exterior.
Y cómo la nueva administración de Obama está dispuesta a poner plenamente en juego la capacidad de la cibertecnología de ocupar un papel cada vez más importante en el terreno de la seguridad, el juego de poder internacional y la diplomacia.
La libertad en Internet enarbolada por EEUU revelaba así su verdadero contenido: libertad de saltar por encima de las fronteras, de las leyes y de la soberanía de los países... para poder intervenir políticamente allá donde sus intereses de dominio global lo requieran
Alta tecnología y poder inteligente
Tampoco el gobierno chino se ha quedado atrás ante el desafío de Google. En primer lugar recordando que Google necesita más el inmenso mercado chino de lo que China necesita a Google, dado que el 65% de los internautas chinos utilizan el buscador de origen nacional Baidu.
Pero sobre todo poniendo el dedo en la llaga acerca del papel de las nuevas tecnologías en la lucha por el poder mundial en la era de la globalización.
Denunciando cómo el nuevo “poder (o diplomacia) inteligente” de la que hace gala Obama consiste, entre otras cosas, en usar la capacidad de “superar las fronteras físicas de un país” que posee la alta tecnología de Internet como una herramienta política de intervención interna en aquellos Estados dotados de una alta independencia política. Y en los que, por eso mismo, no le es dado a Washington utilizar los clásicos mecanismos de intervención, de los que tan abundantemente dispone en los países situados bajo su órbita de dependencia.
El pasado 26 de enero, el Diario del Pueblo de Pekín publicaba un articulo titulado “Defender la libertad o la hegemonía?”, en el que afirmaba:
“No es difícil ver la sombra del gobierno estadounidense detrás de la politización del ‘Incidente de Google’. La administración estadounidense está utilizando la tecnología innovadora para inclinar a su favor el equilibrio global de fuerzas políticas, promover valores occidentales y reforzar la dominación occidental en estas nuevas fronteras. Alabados por el Secretario de Defensa de EEUU Robert Gates como ‘enormes activos estratégicos’, los medios informáticos y la ciber-tecnología han sido eficaces y cruciales en la aplicación de la doctrina del poder inteligente. Incluso se ha designado a un ‘ciber-comandante’ para la defensa de la Red y la seguridad en línea, luego que Barack Obama asumiera la presidencia hace un año. Esa importante política estadounidense intenta de manera altisonante considerar la defensa de la ‘libertad en Internet’ como parte de su ‘estrategia diplomática’, con miras a, por un lado, tratar de realizar intervenciones políticas en otros países y, por el otro, poner énfasis en reforzar la hegemonía estadounidense en Internet”.
La ‘libertad’ en internet
Pero EEUU no sólo pretende utilizar Internet como medio para reforzar su dominio global, al mismo tiempo busca a toda costa tomar una mayor ventaja en este campo, blindando, ampliando y reforzando la hegemonía exclusiva de la que ya disfruta hoy en Internet.
Todo el mundo sabe que Internet tuvo su origen en EEUU. Fruto de la combinación entre las necesidades militares del Pentágono durante la Guerra Fría por mantener un sistema de comunicaciones interno blindado ante cualquier posible confrontación bélica con la URSS y los avances en computación y alta tecnología de comunicación desarrollados por los centros académicos especializados de EEUU.
Lo que es menos sabido es que desde su nacimiento hasta nuestros días, bajo la apariencia visible de una estructura abierta, flexible y descentralizada de la red, otra estructura de control, cerrada, invisible y centralizada de Internet ha estado férreamente controlada por Estados Unidos.
Estructura invisible cuyo centro nodular está constituido por los 13 servidores raíz de Internet que existen a nivel mundial.
Los servidores raíz funcionan como una especie de directorio maestro de los recursos de Internet. De ellos dependen (de forma jerárquica) todos los millones de dominios existentes actualmente en Internet, bien sean los dominios de primer nivel correspondientes a los globales (.com, .org, .net, .biz, etc), bien los particulares de cada país o región (.ar, .es, .cn, .uk, etc.). Los servidores raíz son los únicos con derecho para hacer modificaciones en estos dominios y de poseer su copia maestra.
Cada vez que un internauta, en cualquier lugar del mundo, introduce una dirección de una página en su programa de navegación, realiza una búsqueda o envía un mensaje de correo, está empleando el servidor DNS que le proporciona su proveedor de acceso. Todos los servidores DNS del mundo, sin excepción, dependen de los 13 servidores raíz.
Pues bien, de los 13 servidores raíz, 9 se encuentran localizados en EEUU y su matriz, el servidor raíz principal, en California.
Pero además de su localización geográfica –que ya es en sí misma muy importante, pues obliga a actuar de acuerdo con las leyes de dicho país–, todos los servidores raíz están en manos de 9 organismos y corporaciones diferentes, principalmente universidades y empresas privadas de EEUU u organismos relacionados con el Pentágono.
Y los 13 están bajo la administración unificada de la ICANN (Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números), entidad autorizada por el gobierno norteamericano –y en el que el Departamento de Comercio de EEUU posee derecho de veto– para el registro central y la asignación de los nombres de dominio, los sistemas de nombres de dominio, las direcciones IP de todo el mundo y los distintos protocolos de Internet.
Y no es una cuestión baladí poseer los derechos de jurisdicción sobre los servidores raíz. A través de ellos, EEUU se reserva el control sobre los derechos de subsistencia y visita de los distintos países en Internet.
Que una sola mano, la mano de Washington, tenga el control de los servidores raíz significa que sólo él dispone del “interruptor” capaz de “apagar las rutas de los paquetes”. Un recurso estratégico en el caso de una hipotética disputa con países rivales o incluso con socios y aliados. Algo así, en el estratégico terreno de las comunicaciones avanzadas, como que un sólo país poseyera el control exclusivo de todas las fuentes primarias de abastecimiento de electricidad, petróleo y gas al resto de países del mundo. ¡Y que además enarbolara arteramente la bandera de “libertad de comercio”!
¿En manos de quién está el interruptor?
Es justamente esa condición de recurso estratégico que supone poseer el control y el dominio exclusivo de los servidores raíz el que ha desatado múltiplas batallas a lo largo del tiempo para intentar compartir con Estados Unidos su administración y los derechos a ella asociados. Pero todas han sido sistemáticamente bloqueadas por EEUU.
En otoño de 2005, durante la celebración de la Conferencia Internacional sobre Internet en Túnez, cristalizaron las tres posiciones básicas que existen sobre la cuestión.
Por un lado, el bloque de los países en desarrollo (encabezados por China, India y Brasil), cuya propuesta es rescatar la gestión de manos del gobierno norteamericano y “darla a un organismo internacional no sometido al derecho estadounidense y con presencia ejecutiva del resto de gobiernos”.
Por otro, la UE, más conciliante y timorata, que defiende “mantener la estructura técnica del ICANN”, pero al mismo tiempo “creando un espacio de intervención para el resto de gobiernos”.
Por ultimo, EEUU, que en nombre de “mantener la estabilidad”, asegurar un alto nivel de innovación técnica, y “defender” la libertad de expresión, ha logrado imponer hasta ahora la continuación de su control efectivo sobre Internet.
La rotunda negativa de EEUU a ceder o compartir su control sobre los servidores raíz es un auténtico chantaje de carácter hegemonista al conjunto del planeta. Pues sitúa al resto de países del mundo entre la espada y la pared, viéndose obligados a aceptar por la fuerza el dominio norteamericano, so riesgo de dividir y fragmentar la red –algo que está en contra de su propia naturaleza como sistema de comunicación global– si se deciden a crear sus propios servidores raíz.
De Echelon a Carnivore
Cuando se tiene la capacidad de conseguir información, es muy difícil imponer
barreras arbitrarias. ¿Debemos negarnos a leer? (Zbigniew Brzezinski)
Imagínese un gobierno que pudiera intervenir las conversaciones telefónicas, los faxes, las emisiones de radio, el correo electrónico, seguirle la pista a cualquier persona en el mundo, conociendo sus compras y medios de pago, los vuelos que toma, los hoteles donde se registra, enterarse de los sitios web que visita y los foros de debate en que participa. Imagínese unos sistemas de espionaje que se extienden a lo largo y ancho del planeta, sistemas diseñados por agencias de inteligencia dedicadas a preservar los intereses mundiales de ese gobierno.
Tales sistemas existen. Se llaman Echelon y Carnivore y fueron diseñados, respectivamente, por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de EEUU y el FBI.
El 28 de febrero de 2003 saltaba la alarma. Las delegaciones de seis países habían sido espiadas en la misma sede del Consejo de la UE en Bruselas, a través de un sistema de escuchas telefónicas ilegales. Llovía sobre mojado. Año y medio antes, en septiembre de 2001, el pleno del Parlamento Europeo había aprobado por una aplastante mayoría de mas de dos tercios un informe denunciando la existencia de Echelon, un sistema mundial de interceptación de comunicaciones a través de los datos recogidos por 120 satélites espía organizado por la NSA norteamericana y con estaciones en Inglaterra, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.
Con capacidad de interceptar de forma indiscriminada tres millones de comunicaciones por minuto, filtrando y seleccionando posteriormente lo que es de valor mediante el uso de ayudas de inteligencia artificial para encontrar palabras clave. Información que un amplio equipo de estadísticos, lingüistas y matemáticos que trabajan en un lugar secreto, analizan y clasifican, remitiendo todo aquello que pueda ser valioso a las agencias de inteligencia norteamericanas.
Desde al menos 1992 –que se tenga constancia– el FBI viene trabajando en el programa Carnivore (o en otros tipos de software más desarrollados pero de idéntica naturaleza), un programa de detección online diseñado para “mirar” dentro del tráfico en Internet, capturando los paquetes presentes en los e-mail o las rutas de navegación de una fuente concreta, guardándolos en un centro de almacenamiento desde donde se puede “reconstruir” posteriormente el contenido de los e-mail, los ficheros descargados o las páginas web visitadas.
A lo largo de casi una década, este tipo de programas permaneció en el “limbo jurídico”, sin una legislación concreta. Sin embargo, sólo dos días después del 11-S, el Congreso norteamericano daba luz verde a la libre utilización de Carnivore o programas similares por parte del FBI.
A lo largo de décadas, EEUU ha mantenido su hegemonía global principalmente a través del uso de la fuerza. Pero en su ocaso imperial, esta capacidad se ha visto considerablemente disminuida por la crisis financiera y el fracaso en Irak. Son estas nuevas condiciones las que hacen que, más que nunca, mantener y ampliar el control sobre las nuevas tecnologías de la información y la comunicación se haya convertido en una prioridad estratégica para la hegemonía norteamericana.