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INTERNACIONAL [27-01-2010]
Tras la primera vuelta de las elecciones
Ucrania mira a Moscú
Los resultados de la primera vuelta de las presidenciales han puesto de manifiesto cómo, en apenas cinco años, Moscú ha recuperado gran parte del terreno perdido frente a Washington
Por A. Beloki
Los resultados de la primera vuelta de las elecciones en Ucrania han supuesto un serio revés para Washington y Bruselas. El actual presidente, Víctor Yúschenko, protagonista de la llamada ‘revolución naranja’ que derribó al régimen pro-ruso y acercó a Kiev a la OTAN, se convierte en poco más que un cadáver político tras obtener menos del 6% de los votos. Ucrania, un país clave en Europa central, se acerca a Moscú y se aleja de Washington.
El opositor líder pro-ruso Víctor Yanukóvich y la voluble primera ministra Yulia Timoshenko serán los dos candidatos que pasen a la segunda vuelta, tras obtener, respectivamente, 8,6 y 6,15 millones de votos.
En medio de ambos, el banquero Serguéi Tigipko, que con 3,2 millones de votos (el 13%) se perfila como el hombre clave capaz de dar la presidencia a uno o a otra según oriente a sus partidarios. Pero independientemente de a quién preste sus votos Tigipko, su apoyo estará condicionado a una recomposición de las relaciones entre Kiev y Moscú. No en vano fue uno de los grandes financiadores del pro-ruso Yanukóvich en las presidenciales de 2004 y es conocido su apoyo a la permanencia de la Flota rusa del mar Negro en el territorio de Ucrania.
Tiguipko, uno de los propietarios del mayor grupo financiero ucraniano TAS, forma parte de la nueva oligarquía ucraniana surgida en el largo período que va entre la implosión de la URSS y el reacomodo de Ucrania a partir de la ‘revolución naranja’.
Un grupo de grandes magnates que controlan los sectores claves de la economía ucraniana, las finanzas, la metalurgia, el sector petrolero y la importante industria de defensa. Y que si bien mantienen como opción estratégica, de largo alcance, la integración en la UE, por otro lado no están dispuestos de ninguna manera a romper o enfrentarse frontalmente con lo que en la actualidad, y previsiblemente por largas décadas, constituye su principal mercado, Rusia.
Desde la desaparición de la URSS, Ucrania se convirtió en un pivote geopolítico clave en la disputa entre Washington y Moscú por aumentar o preservar su influencia en el espacio ex-soviético.
Tanto por su extensión y sus habitantes como por su colocación geopolítica, una Ucrania en la OTAN y fuertemente vinculada a EEUU, relegaría a Rusia a la condición de potencia imperialista asiática. Por el contrario, el mantenimiento de Ucrania bajo alguna forma de esfera de influencia rusa, permite a Moscú jugar activamente sus cartas en el tablero occidental como potencia con proyección europea.
Tras la revolución naranja de 2004, Washington pareció haber dado un paso de gigante en la colocación de Ucrania bajo su órbita. Sin embargo, los resultados de la primera vuelta de las presidenciales han puesto de manifiesto cómo, en apenas 5 años, Moscú ha recuperado gran parte del terreno perdido. Las dos guerras del gas consecutivas a las que Rusia sometió a Ucrania en los últimos 4 años, así como la consolidación de la emergencia económica rusa vinculada a los recursos energéticos y su reactivación como potencia global tienen mucho que ver con el giro hacia el este dado por Kiev.