Reforma educativa

Tasazo universitario, efectos de clase

El incremento de las tasas en un 38% en el último año en la universidad pública amenaza con dejar fuera de las aulas a tres de cada 100 alumnos. El caso de las universidades madrileñas es un patrón para el futuro de la universidad española. La elitización supone un proceso de criba poco menos que hiriente.

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14-06-2013
Más de 7.000 estudiantes de las universidades madrileñas Complutense, Autónoma, Politécnica, Rey Juan Carlos, Alcalá y Carlos III pueden perder el curso por no abonar las tasas de matrí­cula, que han subido un 38% en el último año en la Comunidad de Madrid. Entorno al 3% de los cerca de 240.000 estudiantes tienen pagos atrasados. Este porcentaje es mayor en el caso de la Universidad Complutense (UCM), donde hay 3.139 alumnos afectados, de un total de 85.000 matriculados.
Más de 7.000 estudiantes de las universidades madrileñas pueden perder el curso por no abonar las tasas de matrí­cula
Más de 7.000 estudiantes de las universidades madrileñas Complutense, Autónoma, Politécnica, Rey Juan Carlos, Alcalá y Carlos III pueden perder el curso por no abonar las tasas de matrí­cula, que han subido un 38% en el último año en la Comunidad de Madrid. Entorno al 3% de los cerca de 240.000 estudiantes tienen pagos atrasados. Este porcentaje es mayor en el caso de la Universidad Complutense (UCM), donde hay 3.139 alumnos afectados, de un total de 85.000 matriculados.

Tras aprobar el rectorado de la Complutense la posibilidad de fraccionar los pagos pendientes hasta septiembre, los alumnos protagonizaron un encierro para reivindicar la creación de "un fondo de emergencias para becas" similar al de otras universidades y que las prórrogas se extiendan también a los próximos cursos.

"El número de alumnos con pagos atrasados cuadruplica los afectados del curso pasado"  También están afectados por este problema 1.592 estudiantes de la Universidad Politécnica, la segunda más grande con casi 41.000 alumnos y la segunda más afectada, que acumula impagos por importe de 1,33 millones de euros este curso académico. El número actual de alumnos con pagos atrasados cuadruplica los 368 afectados del curso pasado en la Politécnica, mientras que el importe de los impagos es ahora quince veces mayor que los 88.000 euros de 2011-2012 a raíz de la subida de las tasas.

La Rey Juan Carlos (URJC) ha casi doblado respecto al año anterior el número de matrículas anuladas por impagos. Son 815 matrículas, un 2,5% del total, frente a las 479 del curso pasado, y se ha visto obligada a flexibilizar las condiciones para sufragar las deudas, de forma que pueden ser reactivadas sin se abonan los pagos pendientes. .

En el caso de la Universidad de Alcalá, hay  600 estudiantes afectados. Además de permitir el aplazamiento del pago, ha creado una "Convocatoria de ayudas al estudio para situaciones sobrevenidas", con una dotación presupuestaria de 100.000 euros, y para optar a ellas hay que tener una nota media de 5 puntos sobre 10.

En la misma línea, la Universidad Autónoma ha quintuplicado este curso la dotación de su Fondo Social de Ayudas a Estudiantes, que pasó de 89.000 euros el año pasado a 500.000 este curso, y las han solicitado 733 estudiantes que están pendientes de la resolución en los próximos días.

La Universidad Carlos III asegura que el número de solicitudes a las "Ayudas extraordinarias para estudiantes en situaciones especiales sobrevenidas", dotado con 63.700 euros, no supera la veintena, como el curso pasado, pero la dificultad de cumplir con los requisitos académicos y económicos hace suponer que varios afectados no las soliciten siquiera.


Las becas, capítulo aparte
"La nueva política de becas no tiene de bueno nada" El Gobierno completa su plan para degradar y elitizar la universidad con la política de deuda. Subordina la cuantía de las becas a las notas. Educación ha dividido el sistema de becas en una parte fija y otra variable que dependerá de la renta, del expediente y del presupuesto disponible. La cantidad a la que tienen derecho los estudiantes se reducirá sustancialmente para prácticamente todos los alumnos (entre 500 y 2.000 euros), aunque se completará con una cuantía de dinero “variable” que dependerá del nivel de renta, del rendimiento académico del estudiante y del presupuesto que el Gobierno decida destinar a la convocatoria.

Esto es, se distribuirá entre los beneficiarios esa primera cantidad fija reducida (un máximo de 1.500 euros para los alumnos con menos recursos), y el resto del presupuesto se repartirá entre todos ellos aplicando una fórmula que tiene en cuenta la nota media del alumno, del resto de becados, y de la capacidad económica. El mínimo de ese monto variable será de 60 euros, pero cuando el alumno solicite una beca no sabrá cuánto dinero va a recibir finalmente.

Por mucho que repitan que mejorará el rendimiento académico y que los que saldrán mejor parados serán los alumnos con menos renta y mejores notas, el problema está en quién va a poder permitirse ir a la universidad y pedir una beca para ello, visto el endurecimiento de los requisitos académicos para acceder a una ayuda (que ha dejado fuera a miles de beneficiarios) y al encarecimiento de los precios de las matrículas que se ha producido este curso y que seguramente continúe el próximo.


Entrevista: Francisco Michavila, catedrático de Matemática Aplicada y director de la Cátedra Unesco de Gestión y Política Universitaria de la Universidad Politécnica de Madrid.

¿Cómo valora el nuevo sistema de ayudas?
La medida llega en el momento menos adecuado. Es un sinsentido endurecer las exigencias para conseguir una beca justo cuando las familias tienen las mayores dificultades económicas, el paro juvenil está disparado y las tasas universitarias han subido muchísimo. Va en contra de cualquier política de solidaridad. Solo favorece la exclusión social. España ha tenido siempre unos datos de becas muy desfasados: un 0,08% del PIB, cuando la media de la OCDE es del 0,24. El objetivo del anterior Gobierno fue, entre 2005 y 2007, reducir la diferencia. Y algo se hizo, pero llegó la crisis y se atenuó. Las becas son nuestra asignatura pendiente.

Aún no se conocen los detalles.
Sí... pero tiene un tufillo. Si para acceder a una beca universitaria se sube el mínimo a un 6,5 queda mucha gente fuera, y si, encima, se aplican variables, es evidente que se va a ahorrar dinero. El grado debe ser una forma de redistribución social y no debería exigirse una nota de entrada. Cualquiera debería tener acceso a la Universidad, como fuente de conocimiento. Luego ya se le puede exigir ir aprobando, pero no con unos porcentajes tan altos: ¡100% en Humanidades!

Pero los porcentajes de repetición en educación obligatoria y universitaria son muy altos.
Lo son, pero la solución no está en las becas. Lo que hay que hacer es una verdadera política educativa. Que mejore el qué y el cómo se explica. Si se consiguiera interesar a los estudiantes repetirían menos. Hay que hacer unas clases más activas, con menos teoría. En España siempre han sido así porque es un sistema de docencia mucho más barato. Un 20% de los alumnos abandona los estudios y un 30% se cambia de carrera. Eso es inadmisible. Se podía hacer como en la facultad de Económicas de Amsterdam. El decano decidió entregar una determinada cuantía económica a cada alumno que aprobase todas las materias y subió muchísimo la tasa de aprobados. Conclusión: un gran negocio para su universidad, que no tuvo que volver a invertir en las segundas matrículas. Al fin y al cabo los estudiantes pagan la parte más pequeña.

¿Cómo ve el futuro?
Estábamos en la onda de Europa —aunque hiciésemos trampas, como con la burbuja de la construcción— y la hemos abandonado. Hace tres o cuatro años gastábamos en educación general el 4,9% del PIB, y la idea era llegar a aumentar hasta un punto más. Y, no solo no hemos crecido, sino que vamos bajando. Invertir en educación no es insolidaridad con los parados. Por cada euro invertido, la sociedad recibe tres o cuatro. ¿Qué inversión financiera te da ese interés?