La cúpula militar israelí­ presiona para lanzar "tercera fase" de la "Operación Plomo Fundido"

Nueve dí­as para el incendio perfecto

Los altos mandos del ejército coinciden en considerar un error estratégico detener ahora las hostilidades, en vez de profundizar su golpe a Hamás. Pero el verdadero motivo de su prisa no es ese.

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11-01-2009
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La masacre en Gaza todaví­a no ha alcanzado el éxtasis de sangre, aún puede superarse. Así­ lo considera la cúpula militar israelí­, que ha instado al gobierno Olmert que decida ya entre proclamar un alto al fuego o lanzar la "tercera fase" de la operación. La jerarquí­a militar israelí­ cree que ha llegado el momento de que el Gobierno "decida entre cesar las hostilidades o ampliar su operación con una incursión en los centros de población".
 (Efe) Un merkawa israelí­ dispara sobre Gaza
(Efe) Un merkawa israelí­ dispara sobre Gaza
La masacre en Gaza todaví­a no ha alcanzado el éxtasis de sangre, aún puede superarse. Así­ lo considera la cúpula militar israelí­, que ha instado al gobierno Olmert que decida ya entre proclamar un alto al fuego o lanzar la "tercera fase" de la operación. La jerarquí­a militar israelí­ cree que ha llegado el momento de que el Gobierno "decida entre cesar las hostilidades o ampliar su operación con una incursión en los centros de población".
El Tsahal no ha saciado su sed de cadáveres, incluso después de que en los ataques de esta noche seis civiles palestinos murieran en un bombardeo israelí contra su casa en la localidad de Beit Lahía, en el norte de Gaza, o que otros seis perdieran la vida en distintos ataques al poblado de Juzaa, al este de Jan Yunis, y el campo de refugiados de Yabalia, en el norte de la franja. Tampoco está satisfecha después de haber utilizado en los últimos días bombas de fósforo, especialmente mortíferas y tajantemente prohibidas por los convenios internacionales. La cúpula militar israelí no está ahíta de sangre después de 878 cadáveres –de ellos más de 400 mujeres y niños-  y 3.500 heridos.
 
A pesar de que Olmert ha declarado que Israel "se acerca a cumplir los objetivos que se había marcado" para su ofensiva en Gaza, los sectores más belicistas del ejército israelí apremian al gobierno a lanzarse a fondo en el asalto a la franja. Los esfuerzos diplomáticos egipcios y franceses y las resoluciones llamando a un alto el  fuego del Consejo de Seguridad de la ONU quedaron en papel mojado, por la “abstención” norteamericana y por el rechazo de diez organizaciones palestinas –entre ellas Hamás- a las condiciones propuestas por Egipto para el cese de las hostilidades. De momento Israel tiene luz verde de Washington –y por tanto puede seguir indiferente a cualquier negociación o presión internacional. Y la negativa palestina le da al gobierno Olmert la excusa perfecta para seguir con la carnicería hasta conseguir sus últimos objetivos –los reconocidos y los ocultos-. Cualquier diplomático sabe que cuando Israel negocia, casi siempre es para ganar tiempo para sus tanques.
 
El teniente coronel en la reserva Giora Eiland ha declarado que "tenemos que tomar una decisión: bien alcanzar un alto el fuego en dos o tres días, bien comenzar una operación militar que tome al menos dos semanas". Pero para los militares la decisión es clara. Los altos mandos del ejército coinciden en considerar un error estratégico detener ahora las hostilidades, en vez de profundizar su golpe a Hamás, cuyo brazo armado ha perdido unos trescientos hombres en los bombardeos y combates. Pero el verdadero motivo de su prisa no es ese.
 
La prisa de la cúpula castrense de Tel Aviv se debe a dos factores que pueden variar en las próximas horas o días. La primera es la situación diplomática, al haberse reanudado las negociaciones entre Egipto y Hamás, después de los desencuentros de los días anteriores. Las posiciones egipcias y palestinas se han acercado, al coincidir ambos en el rechazo a la exigencia israelí de desplegar una fuerza internacional en la frontera entre Egipto y Gaza,  que El Cairo considera una injerencia en su soberanía. Un acuerdo de alto el fuego por parte palestina dejaría en evidencia –demasiado en evidencia- las intenciones israelíes.
 
El segundo factor, y con mucho el más importante, es la inminencia de la investidura de Obama el próximo 20 de enero. El presidente electo ya ha declarado que abordará directamente la cuestión en Oriente Próximo tan pronto como tome posesión de su nuevo cargo, y que “romperá la tendencia” de sus predecesores. "La razón por la que Estados Unidos debería involucrarse inmediatamente en Oriente Próximo es que para resolver este conflicto en términos políticos es necesario un mediador en el que todo el mundo tenga confianza para que el resultado final sea libre y justo".
 
Para alguien que ocupe un puesto como el de presidente de EEUU, saber leer entre líneas es una necesidad del oficio. A estas alturas, Barack Obama debe tener la certeza de que la escalada de violencia desbocada en Oriente Medio tiene un objetivo: su política internacional. Desmantelar los pilares más incendiarios de la línea Bush pasa inevitablemente por apagar –o dejar a fuego lento- el infierno perpetuo de Oriente Medio.
 
Pero Obama no es el único entrenado para leer entre líneas. Seguramente los generales del Tsahal –y los del Mossad- han tomado buena nota de estas palabras, y han señalado en el calendario el día 20 con un círculo rojo. Quedan nueve días para crear el incendio perfecto.
 
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