Internacional, El despertar del oso Ruso

Rusia deja claro que el Cáucaso es su área de influencia exclusiva

Hemos visto que a esta nueva Rusia segura de sí­ misma que está surgiendo al amparo de una economí­a boyante no le tiembla el pulso a la hora de utilizar el más radical de los instrumentos a su disposición.

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11-01-2009
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Rusia considera el Cáucaso como zona de influencia exclusiva, fue también un mensaje nada sutil al otro paí­s ribereño del Mar Negro ex-soviético, en otras palabras es la manera rusa de persuadir a Ucrania de que no se debe enfrentar con Rusia, su mejor amigo y peor enemigo
 (EFE)  Para Rusia lo importante es mostrar su fuerza
(EFE) Para Rusia lo importante es mostrar su fuerza
Rusia considera el Cáucaso como zona de influencia exclusiva, fue también un mensaje nada sutil al otro paí­s ribereño del Mar Negro ex-soviético, en otras palabras es la manera rusa de persuadir a Ucrania de que no se debe enfrentar con Rusia, su mejor amigo y peor enemigo

Tras la caí­da del Muro de Berlí­n y la subsiguiente descomposición de la URSS y su imperio exterior, la antigua superpotencia que durante décadas habí­a disputado a EEUU el dominio del mundo se convirtió en un auténtico "agujero negro", incapaz de tomar iniciativa alguna en la escena internacional, absorbidas todas sus escasas energí­as en recomponer polí­ticamente y hacer eficiente económicamente el inmenso imperio interno que todaví­a mantení­a dentro de las fronteras de la nueva Federación Rusa.

Casi 20 años después de aquello, la sorpresiva y fulminante reacción militar de Rusia ante Georgia pretendió mostrar al mundo, eligiendo como destinatarios principales del mensaje a EEUU y la UE, que sus años de expansión polí­tica y militar sin contratiempos por el antiguo glacis soviético han llegado a su lí­mite, al menos en la forma y al ritmo con que hasta ahora lo hemos conocido.

Hemos visto que a esta nueva Rusia segura de sí­ misma que está surgiendo al amparo de una economí­a boyante no le tiembla el pulso a la hora de utilizar el más radical de los instrumentos a su disposición.

Rusia considera el Cáucaso como zona de influencia exclusiva, fue también un mensaje nada sutil al otro paí­s ribereño del Mar Negro ex-soviético, en otras palabras es la manera rusa de persuadir a Ucrania de que no se debe enfrentar con Rusia, su mejor amigo y peor enemigo.

Los dirigentes rusos consideran que está en juego su credibilidad como un actor emergente que está recuperando su capacidad de influencia nacional, regional e internacional y que su reputación depende de las respuestas que de a los desafí­os a su autoridad.

Como decí­a Rumsfeld: "Consigues muchas más cosas con buenas palabras y una pistola, que con buenas palabras solamente". Esa es la lógica de hierro que guió a Moscú durante el despliegue del dispositivo militar en el Cáucaso.

Al mismo tiempo, el Kremlin, se ha posicionado con una nueva y mayor ventaja para mantener y reforzar el control de las reservas petroleras y de los corredores de oleoductos que salen de la cuenca del Mar Caspio. Y que en perspectiva se están configurando no sólo como la segunda gran reserva mundial de hidrocarburos, sino de una importancia incluso superior a las de Oriente Medio. Dado que mientras éstas se hallan en lo principal repartidas y su distribución adjudicada, las de Asia Central y el Caspio, por el contrario, están en plena fase de expansión y crecimiento ,lo que las convierte en codiciado objeto de disputa por todas las grandes potencias económicas del mundo.

La respuesta de un Washington descabezado polí­ticamente sorprende por su tibieza. Mucho más si se consideran los notables avances estratégicos que habí­a conseguido en la región en el último lustro.

En el escenario del Cáucaso, del que la reciente guerra entre Rusia y Georgia es sólo un episodio, confluyen los intereses de tres de los más importantes jugadores activos del tablero mundial (EEUU, Rusia y, tangencialmente, China), al mismo tiempo que en su entorno amplio se alinean 4 de los pivotes geopolí­ticos más importantes del planeta (Azerbaiyán -del que Georgia es su continuación, Turquí­a, Irán y, por extensión en las previsibles consecuencias de cualquier movimiento significativo en la región, Ucrania). Esta acumulación de intereses geoestratégicos y vulnerabilidades geopolí­ticas es lo que confiere a la región del Cáucaso, una enorme inestabilidad y su condición de centro preferente de disputa de las grandes potencias imperialistas.

Enclavada en la frontera sudoccidental de Rusia, la región del Cáucaso y los paí­ses que la componen constituyen el tapón natural que impide la expansión de las esferas de influencia rusas hacia el sensible Oriente Medio.

Washington en los últimos 20 años, pero especialmente en la última década, a multiplicado su intervención en la región. Sustituir la influencia rusa en el sur del Cáucaso, al mismo tiempo que se expande su influencia polí­tica y militar por Polonia, Ucrania y los paí­ses bálticos es "encerrar" a Rusia y condenarla -incluso aunque consolide su incipiente recuperación económica a ser una potencia "asiática", y por lo tanto incapaz de intervenir activamente, o hacerlo muy limitadamente, en los grandes asuntos mundiales. Este es, en última instancia, el eje sobre el que giran los principales acontecimientos en el Cáucaso y las razones de fondo de la intervención militar rusa en Georgia.

Como en otros tantos temas, la lí­nea Bush ha medido mal sus fuerzas. Apretando todaví­a más el acelerador con las revoluciones "de colores" en Ucrania, el Cáucaso y el Asia Central, con el despliegue del nuevo escudo antimisiles en Polonia y Chequia o con la nueva desmembración de Serbia en Kosovo. Sin advertir cómo las condiciones (tanto las suyas propias como las externas) habí­an cambiado en estos años. La intervención rusa en Georgia es, por el contrario, una ajustada respuesta a estas nuevas condiciones que cambia, al menos a nivel regional, las reglas de la partida que hasta ahora se estaba jugando.

En el caso de Ucrania Rusia vuelve a dejar claro que no permitirá que Ucrania quede en la orbita de EE UU y la OTAN, desde primeras horas de la mañana de el dí­a 1 de Enero, Rusia vuelve a cortar el suministro de gas a Ucrania. Como la última vez, en pleno invierno, entonces provoco cientos de muertos por falta de calefacción en Ucrania y problemas en el suministro a Europa.

Durante siglos, los enemigos de Rusia han combatido contra ésta en territorio ucraniano, desde la I Guerra Mundial, han visto en la independencia y control de Ucrania un paso esencial para abatir el poder ruso. Incrustar en el costado más sensible de Moscú un paí­s hostil fue intentado por Alemania en 1918 y luego en 1941. Tras la caí­da de la URSS, EEUU avistó de inmediato a Kiev como punta de lanza de su polí­tica dirigida a extender, su influencia en las repúblicas ex soviéticas. La UE no oculta tampoco su deseo de incluir Ucrania dentro de la OTAN.

Uno de los temores de la elite rusa es ver a la OTAN instalada un dí­a en la base de Sebastopol, en Crimea. Avanzada del imperio zarista en tiempos de Catalina la Grande, esta pení­nsula que fuera república autónoma hasta que en 1954 Nikita Kruschev se la ofreció a Ucrania está habitada por numerosos rusófonos. Y ahí­ mismo es donde se encuentra estacionada la flota rusa del mar Negro.

Fue con la conquista de Ucrania como Rusia se convirtió finalmente en un imperio. Su pérdida, en caso de que logre su adhesión a la OTAN, pondrí­a fin al sueño acariciado por Moscú de mantener una "esfera de influencia" en las regiones de su antiguo imperio.

No necesita dinero. No es para cuadrar sus cuentas de fin de mes que Vladimir Putin exigió súbitamente a los ucranianos que aceptaran el aumento del precio de los suministros de gas ruso Rusia quiere incluir a ese paí­s en su órbita mientras que Kiev eligió en el otoño a un presidente Viktor Yushchenko, que quiere vincular su paí­s a Occidente El objetivo de Rusia es mostrar al mundo que se ha convertido en una potencia ineludible gracias a sus riquezas energéticas
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La Unión Europea depende de Moscú para el suministro de la cuarta parte de su gas (cuyas tuberí­as pasan por Ucrania) y su petróleo es indispensable para la economí­a mundial en momentos en que reina una situación inestable en el Medio Oriente
Europa y Estados Unidos tienen que sobrellevar a Moscú. Al no poder contar ni con Bruselas ni con Washington, Viktor Yushchenko tendrá que arreglárselas con Moscú. Mucho más que someter a Ucrania, para Rusia la cuestión reside en mostrar su fuerza.

Aparte de las respuestas militares, todo parece indicar que Moscú habí­a diseñado, de tiempo atrás, un arma de polí­tica exterior que explica en gran parte las actuaciones de los EE UU y la UE y obviamente de Rusia en las fronteras de la antigua Unión Soviética: la dependencia energética de los potenciales agresores de Rusia.

Los desacuerdos financieros entre Ucrania y Rusia, a finales de 2005, tuvieron dos consecuencias de suma importancia: una inmediata - se trata de la interrupción del abastecimiento con gas natural, que afectó en gran medida a Europa - y otra, a largo plazo: tanto la UE, como Rusia decidieron buscar más intensamente rutas alternativas para abastecer el Occidente.

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