El nombramiento de Panetta como nuevo director de la CIA causa una gran controversia.

Los puñales de la agencia

No serí­a la última vez que un candidato"de fuera" a dirigir la CIA haya tenido que renunciar ante la oposición interna. La CIA es famosa por su hostilidad a los directores que no son de "La Casa".

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10-01-2009
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Como un organismo vivo ante un antí­geno extraño, las filas de la CIA han reaccionado con agitación ante el nombramiento de León Panetta por parte de Barack Obama para dirigir la inteligencia norteamericana. Panetta, ex-jefe de gabinete de Bill Clinton, es considerado como "un gran gestor", pero tiene nula experiencia en labores de espionaje o de seguridad nacional.
 (Efe) Barack Obama anunciando el nombramiento de León Panetta como nuevo director de la CIA
(Efe) Barack Obama anunciando el nombramiento de León Panetta como nuevo director de la CIA
Como un organismo vivo ante un antí­geno extraño, las filas de la CIA han reaccionado con agitación ante el nombramiento de León Panetta por parte de Barack Obama para dirigir la inteligencia norteamericana. Panetta, ex-jefe de gabinete de Bill Clinton, es considerado como "un gran gestor", pero tiene nula experiencia en labores de espionaje o de seguridad nacional.
"Obama dejó pasmado al mundo del espionaje al seleccionar al jefe de gabinete (de Bill) Clinton, un gran conocedor de los entresijos de Washington con escasa experiencia en el mundo de la inteligencia, para dirigir la CIA", dijo el diario The Washington Post. No pocas voces se han levantado en los pasillos del Congreso –donde el candidato propuesto por el presidente puede ser ratificado o no-, cuestionando abiertamente la decisión de Obama. Pero las principales de ellas no han venido de las filas republicanas, sino del propio Partido Demócrata.
 
"La agencia estaría mejor servida con un profesional del espionaje al frente en estos momentos", afirmó la demócrata Dianne Feinstein, que presidirá el Comité de Inteligencia del Senado. Su antecesor, el también demócrata John D. Rockefeller IV –perteneciente a una dinastía histórica de la oligarquía norteamericana-, también confesó su perplejidad, y afirmó que la CIA necesita un director con una amplia experiencia en el mundo del espionaje y a alguien que no provenga de la política.
 
No sería la última vez que un candidato a dirigir la CIA procedente “de fuera” haya sufrido un turbulento mandato y haya tenido que renunciar ante la oposición interna. La CIA es famosa por su hostilidad a los directores que no hayan hecho carrera en “La Casa” (como denominan a la organización los propios agentes). Incluso los que han hecho currículo en el Departamento de Defensa, como John M. Deutch, que estuvo en el cargo entre 1995 y 1996 (precisamente en la época de Clinton) tuvieron que dimitir ante el solapado boicot interno.
 
Sin embargo, no todos los “outsiders” han acabado rechazados. El mismo George H.W. Bush (Bush padre), que luego sería presidente, fue uno de los directores “externos” de mayor éxito de la agencia. O también John McCone, que en la época de Kennedy jugó un papel clave en la “crisis de los misiles”, y un seguro más que destacado papel en los acontecimientos de Dallas… Lo que lleva a preguntarse si el aval para ser aceptado en la CIA no está en haber hecho carrera en la agencia, sino en el grado de proximidad a uno de los núcleos duros del poder norteamericano: el complejo militar industrial.
 
El nuevo presidente Obama ha tenido que recurrir a Panetta al tener que descartar a candidatos demasiado próximos a las políticas más duras de Bush –y por tanto susceptibles de tener especiales vínculos con los sectores más belicistas y aventureros del complejo militar industrial-, como John Brennan o Jane Harman, vistos con buenos ojos por la agencia por su experiencia en labores de “inteligencia”. El proyecto de Obama pretende desmantelar algunos de los ejes más agresivos de la línea Bush, y para ello necesita cuadros de confianza.
 
El nombramiento de Panetta se complementa con el del almirante Dennis Blair como próximo Director Nacional de Inteligencia, encargado de coordinar los trabajos de los distintos servicios de espionaje de EEUU, en la misma línea de incorporar al gobierno a elementos “moderados” del complejo militar industrial, como el Secretario de Defensa post-Rumsfeld, Robert Gates, que seguirá en el puesto a propuesta de Obama. El nuevo inquilino de la Casa Blanca necesita perentoriamente cerrar las profundas grietas que el mandato de Bush ha creado en la clase dominante, y para ello está conformando –aunque con predominio clintoniano- una suerte de “gobierno de coalición”.
 
Por eso, no todo han sido reproches para Panetta en los pasillos de Washington. Tim Roemer, ex miembro de la comisión creada tras los atentados del 2001 para mejorar la inteligencia, calificó como "sensata" la selección de Panetta y la de Dennis Blair. También Harry Reid, líder de la mayoría demócrata en el Senado, apoyó públicamente el nombramiento.
 
De confirmarse el nombramiento, León Panetta – que sustituye a Michael Hayden, un general retirado con décadas de experiencia en el mundo del espionaje- pasaría a estar al frente de un aparato que tiene en nómina –reconocida- a 20.000 agentes por todo el mundo. Uno de los aparatos de Estado más absolutamente vitales y fundamentales para el hegemonismo norteamericano. Veremos entonces si Panetta es capaz de hacer que los puñales que le esperan en los pasillos de la agencia vuelvan a sus fundas.
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