Un nuevo tablero mundial se perfila en el horizonte

El año 2009 se acaba. Examinando la evolución de la situación internacional a lo largo de este año, encuentro que el hecho más remarcable es la aparición balbuceante de un nuevo tablero mundial

5
2 votos
25-12-2009
Publicidad
"El tablero mundial dibuja una situación relativamente estable de las relaciones internacionales, que debe prolongarse durante bastante tiempo. Este estado relativamente estable de las relaciones internacionales significa que las fuerzas en presencia han llegado a un equilibrio que podrí­a mantenerse bastante tiempo. La desintegración del antiguo tablero significó la ruptura del antiguo equilibrio. Si puede pasarse efectivamente a un nuevo equilibrio, surgirá un nuevo tablero". "El tablero mundial dibuja una situación relativamente estable de las relaciones internacionales, que debe prolongarse durante bastante tiempo. Este estado relativamente estable de las relaciones internacionales significa que las fuerzas en presencia han llegado a un equilibrio que podrí­a mantenerse bastante tiempo. La desintegración del antiguo tablero significó la ruptura del antiguo equilibrio. Si puede pasarse efectivamente a un nuevo equilibrio, surgirá un nuevo tablero".


¿Cómo contemplar los signos anunciadores del nuevo tablero mundial? Hace falta distinguir, en primer lugar, los países que se encuentran en el centro de la escena internacional; segundo, aquellas regiones donde se encuentra el centro de gravedad de las relaciones internacionales; y tercero, cuales son los países que ven declinar su estatus.
 
El centro de gravedad de las relaciones internacionales se desplaza del Atlántico al Pacífico. Se trata posiblemente del cambio más importante ocurrido en las relaciones internacionales desde hace cuatro siglos. Aunque es cierto que esta transferencia se efectúa a largo plazo, 2009 muestra que la región Asia-Pacífico se ha convertido ya en una zona de peso en el nuevo tablero mundial. Este hecho reviste una importancia capital, pues el centro del mundo se ha encontrado siempre en el pasado en Europa y América.
 
En caso de transición de la situación mundial, ciertos países verán declinar más o menos su posición. En la bipolaridad de antaño, el peso de la Unión Soviética era incontestable, puesto que constituía uno de los dos polos. Pero la importancia actual de Rusia es probablemente incomparable a la de la antigua Unión Soviética, aunque sea un gran país que ejerce una influencia mundial.
 
Antes, Europa era, con EEUU, el centro del mundo. A lo largo de los últimos siglos, Occidente ocupó un lugar dominante, y la importancia de Europa era indudable. Pero, a medida que se desplaza el centro de gravedad de las relaciones internacionales del Atlántico al Pacífico, Europa pierde su influencia... (DIARIO DEL PUEBLO)
 
 
 
China. Diario del Pueblo
Un nuevo tablero mundial se perfila en el horizonte
Wu Jianmin*
 
El año 2009 se acaba. Examinando la evolución de la situación internacional a lo largo de este año, encuentro que el hecho más remarcable es la aparición balbuceante de un nuevo tablero mundial.
 
El tablero mundial dibuja una situación relativamente estable de las relaciones internacionales, que debe prolongarse durante bastante tiempo. El 25 de diciembre de 1991, Mijail Gorbachov dimitió de su cargo de presidente de la Unión Soviética, que se desintegró oficialmente. La bandera roja fue arriada del Kremlin. Ello marcó la dislocación del tablero post-bélico que siguió a la conferencia de Yalta y la entrada del mundo en una nueva era. Este estado relativamente estable de las relaciones internacionales significa que las fuerzas en presencia han llegado a un equilibrio que podría mantenerse bastante tiempo. La desintegración del antiguo tablero significó la ruptura del antiguo equilibrio. Si puede pasarse efectivamente a un nuevo equilibrio, surgirá un nuevo tablero.
 
¿Cómo contemplar los signos anunciadores del nuevo tablero mundial? Hace falta distinguir, en primer lugar, los países que se encuentran en el centro de la escena internacional; segundo, aquellas regiones donde se encuentra el centro de gravedad de las relaciones internacionales; y tercero, cuales son los países que ven declinar su estatus. Si observamos la situación mundial del año que va a concluir según los tres criterios mencionados, podemos darnos cuenta que 2009 podría haber visto dibujarse un nuevo contexto internacional.
 
Corresponde generalmente a los países situados en el centro del escenario internacional ser los primeros en pronunciarse sobre los grandes problemas mundiales. Sus puntos de vista se convierten, a través de ciertos mecanismos y después de discusiones y enmiendas de la comunidad internacional, en el consenso del mundo entero.
 
La paz y el desarrollo son los dos temas mayores de nuestro planeta. En 2009, a raíz de la grave recesión económica, los problemas económicos revisten una importancia primordial. Toda la atención ha estado concentrada sobre las cumbres del G20 que han tenido lugar en Londres y Pittsburgh, el 2 de abril y el 24 de septiembre respectivamente. La opinión internacional ha constatado antes de estas cumbres, cómo Estados Unidos y China han intercambiado frecuentes consultas y que sus opiniones han servido de base a los acuerdos alcanzados por las cumbres del G20.
 
La proliferación de armas de destrucción masiva hace pender una amenaza sobre la paz mundial. Corea del Norte procedió a un segundo ensayo nuclear subterráneo, y suscitó una oposición vehemente de la comunidad internacional. El 12 de junio, el Consejo de seguridad de la ONU adoptó unánimemente la resolución 1874, condenando más severamente a Corea e inflingiéndole sanciones. La opinión internacional constató también que Washington y Pekín habían jugado un papel esencial en la redacción de la resolución.
 
La Cumbre de Copenhague sobre el cambio climático que está teniendo lugar del 7 al 18 de diciembre, será probablemente la más importante conferencia multilateral de nuestro siglo. Estados Unidos y China han procedido igualmente a múltiples intercambios de puntos de vista. Podemos imaginar el impacto que ejercerá el consenso de estos dos países en el resultado de esta conferencia.
 
Tras la guerra del Opio en 1840, China estuvo marginada en la escena internacional. El pueblo chino ha luchado durante un siglo por su independencia y su liberación. Después de la fundación de la república popular de China en 1949, el país se dirigió por la vía del renacimiento. Durante estos últimos 60 años, China ha pasado progresivamente del margen al centro de la escena internacional. Tal es la constatación que se puede hacer mirando los comentarios de la opinión internacional. Esto ha ocurrido, de hecho, mucho más rápido de lo que nosotros nunca hubiéramos imaginado.
 
El centro de gravedad de las relaciones internacionales se desplaza del Atlántico al Pacífico. Se trata posiblemente del cambio más importante ocurrido en las relaciones internacionales desde hace cuatro siglos. Aunque es cierto que esta transferencia se efectúa a largo plazo, 2009 muestra que la región Asia-Pacífico se ha convertido ya en una zona de peso en el nuevo tablero mundial. Este hecho reviste una importancia capital, pues el centro del mundo se ha encontrado siempre en el pasado en Europa y América, dejando así a la zona de Asía-Pacífico largo tiempo al margen. Las cosas han cambiado hoy día, y Asia-Pacífico gana en importancia a escala mundial.
 
La opinión internacional ha remarcado el hecho siguiente: los asuntos europeos han representado siempre de una importancia primordial para EEUU. El 9 de noviembre pasado marcó el 20 aniversario de la caída del Muro de Berlín. Los europeos pretendían celebrar este gran acontecimiento, inicio de la expansión realizada 15 años después por la UE ampliando el número de sus miembros de 15 a 27. Ellos deseaban ardientemente la presencia de Barack Obama en las celebraciones, pero el presidente americano no hizo el desplazamiento, prefiriendo enviar a su secretaria de Estado Hillary Clinton, a pesar de que él mismo efectuó numerosas visitas de Estado a Asia entre el 13 y el 19 de noviembre. Esta manera de actuar ha herido sensiblemente a los europeos que se sienten un poco dejados de lado.
 
Paralelamente, en Asia Oriental, la integración económica, que despuntó tras la crisis monetaria asiática de 1997 tiende a desarrollarse. Después de haber sido duramente golpeados por aquella crisis, los países de la región han comprendido que nadie acudirá en su ayuda en este tipo de situaciones, y que la unión será su única salvación. Desde entonces, ellos cooperan para poner en marcha, etapa por etapa, la “cadena de aprovisionamiento en Asia” y los intercambios y las inversiones en el marco de “10+3” han aumentado considerablemente. Hoy en día, el comercio en el seno de la zona “10+3” [los 10 países de la ASEAN más China, Japón y Corea del Sur] representa ya el 58% del comercio exterior de los países de la zona, cifra superior en torno a un 3% a la de la zona de libre cambio de América del Norte e inferior alrededor de un 7% a la de la UE. El 14 de diciembre de 2005, los dirigentes del “10+3” tuvieron su primera cumbre en Kuala Lumpur, capital de Malasia, y firmaron la “Declaración de Kuala Lumpur de la Cumbre de Asia Oriental”, que estipula que la construcción de la CAO (la Comunidad de Asia Oriental) es su objetivo a largo plazo.
 
La grave crisis financiera actual acelera su desarrollo. El 1 de enero de 2010, el acuerdo de la zona de libre comercio China-ASEAN entrará oficialmente en vigor. Acuerdos semejantes entre la ASEAN y la República de Corea, así como entre la ASEAN y Japón, entrarán oficialmente en vigor en 2010 y 2012. Esto, sin ninguna duda, dará un fuerte impulso a la construcción de la CAO.
 
Lo que hace a su vez que sea objeto de una atención cada vez más grande por parte de Japón. Después de la victoria del Partido demócrata en las elecciones de septiembre de 2009, el nuevo primer ministro japonés, Yukio Hatoyama, le concede una importancia evidentemente mayor que el Partido liberal-demócrata. Algunos creen que el nuevo gobierno japonés espera que la construcción de la CAO atenuará el descenso de la influencia japonesa en el curso del cambio del tablero mundial.
 
Después de la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, la administración americana concede una mayor importancia a Asia Oriental. El 22 de julio de 2009, la secretaria de Estado Hillary Clinton firmó el tratado de amistad y cooperación del Asia del Sudeste, después de la reunión ministerial del Forum de la ASEAN en Phuket, Tailandia. Los Estados Unidos se han convertido así en el 16 miembro extra-regional de este tratado. De otro lado, el subsecretario de Estado, Colin Campbell, encargado de los asuntos de Asia Oriental y el Pacífico, declaró el octubre pasado en Pekín que EEUU desea también adherirse a la CAO, porque estima que todo mecanismo de seguridad en Asia no debería excluirlos. Washington ha dado a entender también que EEUU desea igualmente crear una zona de libre comercio “10+1” con la ASEAN, a la manera del establecimiento de la zona de libre comercio China-ASEAN.
 
Es particularmente importante destacar cómo en el momento donde la economía mundial está golpeada por la más seria recesión y la más grave crisis financiera desde la Gran Depresión, el impacto sobre la economía de Asia Oriental no ha sido tan seria como la de la crisis monetaria asiática de los años 1997-1998. A lo largo de los tres primeros trimestres de 2009, el crecimiento se ha implantado en el conjunto de Asia Oriental, y es particularmente notable en China.
 
Los hechos mencionados, ¿pueden probar la ascensión nunca conocida de la zona Asia-Pacífico en las relaciones internacionales?
 
En caso de transición de la situación mundial, ciertos países verán declinar más o menos su posición. En la bipolaridad de antaño, el peso de la Unión Soviética era incontestable, puesto que constituía uno de los dos polos. Pero la importancia actual de Rusia es probablemente incomparable a la de la antigua Unión Soviética, aunque sea un gran país que ejerce una influencia mundial.
 
Antes, Europa era, con EEUU, el centro del mundo. A lo largo de los últimos siglos, Occidente ocupó un lugar dominante, y la importancia de Europa era indudable. Pero, a medida que se desplaza el centro de gravedad de las relaciones internacionales del Atlántico al Pacífico, Europa pierde su influencia. Esta es la razón por la que los europeos se sienten hoy frustrados. Ellos mismos reconocen que la UE, formada por 27 países, no tiene política exterior común  ni una política de defensa común. En consecuencia, no puede jugar su papel en las relaciones internacionales como un actor homogéneo. Ella es consciente de esta debilidad. Tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, Herman Von Rompuy ha sido elegido presidente del Consejo europeo, y Catherine Asthon, alta representante de política exterior y de seguridad. Pero no son personalidades de peso en Europa. ¿Qué papel pueden jugar? Está por ver. Mientras tanto, la UE es la entidad económica más grande del mundo y su PIB es de 18 billones de dólares en 2008, comparativamente al total mundial de 61 billones. La UE continúa siendo una fuerza importante en las relaciones internacionales, y el descenso de su influencia es relativo
 
China se ha colocado de repente en el centro de la escena internacional. Verdaderamente, nosotros no estamos preparados mentalmente. Es por ello que los chinos deben pasar un tiempo reflexionando sobre las cuestiones siguientes: ¿de qué debemos precavernos? ¿Qué debemos hacer ? ¿En qué debemos estar vigilantes?
 
Debemos cuidarnos de «pavonearnos». Por «pavonearse», entiendo la presunción, la tendencia a dictar leyes a otros países, a desatender a los países pequeños y mostrarse arrogante hacia los demás. Todo esto debe ser rechazado absolutamente. Yo dije un día que los chinos no se asustan ante las dificultades y las catástrofes naturales, por grandes que ellas sean. Debemos precavernos en particular de “tener un espíritu vergonzante”. El medio natural de nuestro país y su historia varias veces milenaria han labrado la voluntad irreductible de los chinos, especialmente capaces de resistir graves catástrofes. La experiencia histórica muestra que los chinos dieron la vuelta a las cosas cuando sacaron su orgullo. Apenas acabamos de situarnos en el centro de la escena internacional, y nuestra posición está lejos de ser sólida. En estas condiciones, debemos permanecer particularmente en guardia.

Estar en el centro de la arena internacional exige que poseamos una visión global. En este intervalo, es útil recordar la magistral decisión tomada por el presidente Mao Zedong y el primer ministro Zhou Enlai, aportando nuestra ayuda a la construcción del ferrocarril Tanzania-Zambia.

Desde octubre de 1970 a julio de 1976, China invirtió 988 millones de yuans (150 millones de libras esterlinas) para ayudar a estos dos países africanos a construir una extensa vía férrea de 1.860,5 km. Esta suma representaba más de un tercio de nuestras reservas de divisas extranjeras. En el momento de aplicación de nuestra política de reforma y apertura, algunos criticaron abiertamente esta decisión, acusando a nuestros dos dirigentes de tener delirios de grandeza y de lanzarse a una empresa que sobrepasaba nuestras capacidades. 30 años han pasado desde entonces, y probablemente tenemos la suficiente perspectiva para examinar este asunto. Desde mi punto de vista, teníamos toda la razón en hacerlo. En primer lugar, su significación es considerable en el plano internacional. En el momento de finalizar los trabajos, el presidente tanzano, Julius Nyerere, declaró con viva emoción: “Antes, los extranjeros construían ferrocarriles en África con el objetivo de expoliar sus recursos. Hoy, China nos ayuda a construir un ferrocarril con el objetivo de contribuir al desarrollo de la economía africana”. Lo que estaba muy bien dicho. Los occidentales fueron los primeros en llegar a África. Durante muchos siglos, sus relaciones con este continente fueron las que existen entre expoliadores y expoliados, entre opresores y oprimidos, entre agresores y agredidos. Mucho tiempo después que ellos, nosotros llegamos a África y hemos establecido relaciones basadas sobre la igualdad, el respeto mutuo y el beneficio recíproco. Se ve un contraste impresionante entre nuestras relaciones con África y la de Occidente con este continente. ¿Este contraste podría ser así de impresionante si no hubiéramos construido este ferrocarril, que es una obra emblemática? Comparando estos dos tipos de relaciones, ¿cuáles representan el lado progresista y luminoso de las relaciones internacionales? Ni que decir tiene que estas son nuestras relaciones con África. Con ellas, el mundo marchará siempre hacia el progreso y la claridad. ¿No justifica esto que utilizáramos un tercio de nuestras reservas de divisas extranjeras para este ferrocarril?
 
Las relaciones entre China y África son relaciones de Estado a Estado de nuevo tipo. Se caracterizan por la igualdad, el respeto mutuo y el beneficio recíproco. No debemos subestimar estos términos cuya materialización ha necesitado una lucha de muchos siglos sostenida por innumerables personas. China es sincera en la ayuda que aporta a África. La construcción del ferrocarril Tanzania-Zambia permitió a los africanos constatar la abnegación de los chinos. Y consideran los asuntos chinos como los más cercanos a ellos. Lo que explica el restablecimiento de la República popular china en su silla legítima en la ONU, aprobada el 25 de octubre de 1971 en la 26 Asamblea general. Este acontecimiento fue de una importancia capital para los asuntos exteriores de China, y marca una nueva etapa en la diplomacia china. En 1971, sólo 64 países habían establecido relaciones diplomáticas con China. Hoy la cifra es de 171. Este acontecimiento es también muy importante para la reforma y la apertura de nuestro país. Estamos abiertos al mundo entero. ¿Podríamos habernos abierto al mundo sin esta restitución del sitio de nuestro país en la ONU? Esto hubiera sido sin duda muy difícil. Esto es por lo que Mao Zedong declaro en 1971, no sin emoción, que habíamos sido conducidos a la ONU por nuestros hermanos africanos. Gracias a este restablecimiento de nuestro sitio, entramos en Naciones Unidas de manera solemne. La Asamblea general de la ONU tuvo una sesión especial, en la que representantes de 50 países tomaron la palabra para ofrecer la bienvenida a la delegación china. Una profunda reflexión se impone sobre la decisión magistral del presidente Mao y del primer ministro Zhou, relativa a la construcción del ferrocarril Tanzania-Zambia.
 
Actualmente, los términos “proporcionar bienes públicos” corren de boca en boca en el plano internacional. Con ellos se quiere decir que todos los países, especialmente los países más o menos influyentes a escala mundial, deben realizar acciones benefactoras para la humanidad. Se tiene razón al acuñar esos términos. Hoy somos ciudadanos del mundo. En esta cualidad, y en razón de nuestro rápido desarrollo y de nuestro lugar en el centro de la escena internacional, ¿no debemos reflexionar sobre la manera de ser benéficos para la humanidad?
 
Puede que algunos repliquen que muchas decenas de millones de chinos viven todavía en la pobreza y que numerosos rincones del oeste de China permanecen en el subdesarrollo. Creo que en este asunto debemos seguir el ejemplo del camarada Den Xiaoping quien, al principio de la reforma y la apertura, ante las numerosas dificultades económicas del país, no se resignó a mirar dentro de las fronteras de China, sino a poner su mirada sobre el mundo entero cuando imaginó la modernización y el desarrollo de China. ¡Qué altura de miras! Sin ella, nuestro país no habría conocido esta expansión considerable. Necesitamos esa misma altura de miras para que China aborde una nueva etapa importante de su desarrollo.

 ¿En qué podemos proporcionar más beneficios públicos al mundo? Pienso sinceramente que podemos progresar en tres dominios: primero en lo que concierne a la paz. En su conjunto, la paz reina en el mundo, pero los conflictos resultan todavía frecuentes y la ONU está encargada de la pesada tarea de mantener la paz. Segundo, el desarrollo. Esta es también una cuestión prioritaria a escala mundial. ¿Podemos considerar acciones más enérgicas para promover el desarrollo en el mundo? Tercero, cómo hacer frente al cambio climático que, en el siglo XXI, es un serio desafío lanzado a la humanidad. No podemos rodear este problema. ¿Podemos hacer más para ayudar a los otros países en desarrollo a hacerle frente?
 
¿A qué debemos prestar atención cuando estamos en el centro del mundo? Desde mi punto de vista, debemos tener particularmente en cuenta de forma planificada las situaciones generales internacionales y nacionales. Esta idea fue avanzada por primera vez por el presidente Hu Jintao, en la conferencia de autoridades centrales sobre asuntos exteriores. Sus directivas son oportunas. Tal y como él la explicó en el informe presentado durante el XXII Congreso del PCCh: “En nuestra época, las relaciones entre China y el mundo han conocido un cambio histórico: el destino y el futuro de China están unidos cada vez más estrechamente al del mundo. China no puede asegurar su desarrollo sin el mundo, así como éste no puede mantener su prosperidad y su estabilidad sin China”.
 
Debemos seguir de cerca los efectos eventuales de los acontecimientos internacionales sobre nuestro país y también las influencias internacionales de nuestros asuntos internos. A lo largo de este proceso, debemos vigilar que nuestras acciones ejerzan una influencia positiva en el plano internacional, y aprovechen a la paz y el desarrollo en el mundo. No debemos en absoluto emprender ninguna acción que pueda debilitar la paz y el desarrollo.

Debemos también velar por dispensar una educación patriótica e internacionalista. La nación china ha sabido conservar una tradición patriótica. En unos momentos en que la globalización gana profundidad, debemos dar una educación internacionalista a nuestros ciudadanos y ciudadanas, especialmente a la juventud del país. A lo largo de las luchas revolucionarias, nuestro partido ha sabido combinar patriotismo e internacionalismo. Nuestra revolución se ha beneficiado del apoyo de otros, y nosotros hemos apoyado también su revolución. Hoy que la paz y el desarrollo han devenido dos temas capitales de nuestro mundo, debemos seguir firmemente la vía del desarrollo pacífico y practicar una estrategia de ganar-ganar y de beneficio recíproco en nuestra apertura. Queremos que las cosas marchen bien en nuestra casa, y también en el resto del mundo. Debemos educar a nuestros jóvenes de manera que amen a su madre patria y también a la humanidad. Sólo haciendo gala de altura de miras los chinos podrán aportar una mayor contribución a la humanidad.
 
Es posible que la evolución de la situación internacional en 2009 represente un cierto jalón en este sentido. Un mundo avanzando hacia un nuevo tablero internacional conocerá mejor la equidad, la igualdad, la prosperidad y el progreso. Esta es la esperanza de China y también la del mundo entero.

*Wu Jianmin es presidente del Consejo de administración del Centro de Estudios Internacionales de Shanghai y profesor del Instituto de la Diplomacia de China.
DIARIO DEL PUEBLO. 8-12-2009
 
 
 



 
 
 

¿Qué te ha parecido el artículo?
Publicidad