Cuarta jornada de movilizaciones en Irán

Alba y ocaso en una Teherán dividida

Partidarios de Musaví­ y Ahmadinejad se movilizan en una cuarta jornada de manifestaciones después de los graves disturbios de ayer.

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17-06-2009
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Hay un hecho que los medios de comunicación occidentales se empeñan en señalar estos dí­as, como lanzando un desafí­o a Ahmadinejad y sus seguidores. Si el presidente ha conquistado un 64% de los votos con un í­ndice de participación espectacular ¿dónde están las masivas movilizaciones de réplica a las grandes manifestaciones que diariamente protagonizan los partidarios de Musaví­?. Ayer en Teherán los votantes del ultraconservador tomaron las principales avenidas. Hay un hecho que los medios de comunicación occidentales se empeñan en señalar estos dí­as, como lanzando un desafí­o a Ahmadinejad y sus seguidores. Si el presidente ha conquistado un 64% de los votos con un í­ndice de participación espectacular ¿dónde están las masivas movilizaciones de réplica a las grandes manifestaciones que diariamente protagonizan los partidarios de Musaví­?. Ayer en Teherán los votantes del ultraconservador tomaron las principales avenidas.
"¿Por qué 40 millones tienen que ser puestos en tela de juicio?". "Venimos aquí, Ahmadineyad, para que no te sientas solo. Te protegeremos hasta el final", rezan las pancartas de las decenas de miles de manifestantes que han desfilado por la Avenida Vali Asr, la arteria principal de Teherán, que traviesa de Norte a Sur la capital. A pesar de otras consignas más incendiarias como “¡Muerte a América y a Israel!”, lo cierto es que en esta manifestación los ánimos estan mucho menos exaltados que en la de los del movimiento verde. La policía, presente en todas las esquinas, no está pertrechada de material antidisturbios.
 
 La prensa internacional, a la que se le han requisado los permisos y se le ha prohibido cubrir las manifestaciones ilegales de la oposición, sí puede acudir a esta. Pero los manifestantes les hacen el vacío. Nadie se acerca para dar su opinión. Pancartas contra la BBC inglesa o la cadena norteamericana Voice of America –que emite en farsí desde Arabia Saudí- explican el recelo. "Transmita al mundo que estamos con nuestro líder supremo", le dice por fin una manifestante -con respeto pero enérgica- a un periodista. Son plenamente conscientes de que las elecciones iraníes están en el centro de la actualidad internacional, y de que occidente intenta utilizar las denuncias de fraude electoral para intervenir en los asuntos internos del país. “Los disturbios son fruto del engaño de los agentes de EEUU, sus aliados y los hipócritas, que quieren acabar con la estabilidad y la unidad de la nación iraní”, denuncia indignada. No parece que el chador le impida tener una posición política firme y contundente.
 
Ayer murieron siete manifestantes de la oposición en los disturbios con la policía, la mayor parte cuando un grupo de opositores intentaron asaltar la sede de los Basiji, una milicia pro-Ahmadinejad que armada con porras y armas de fuego ha propinado no pocas palizas estos últimos días. Musaví ha intentado desconvocar las manifestaciones de sus partidarios –en parte para evitar más disturbios, en parte porque el régimen lo tiene bajo severa advertencia-. Pero los votantes verdes van mucho más allá de los ruegos de su candidato, y el boca a boca hace las funciones de los SMS o de internet. Se han congregado a una distancia prudencial, en una plaza alejada de la manifestación oficialista.
 
Teherán está dividida, no sólo políticamente sino geográficamente. Los reformistas han ganado en la capital, según han reconocido las autoridades, y por eso en la manifestación tricolor (el verde, blanco y rojo de la bandera de los conservadores no se observan tantos balcones jaleándolos, ni tantos vecinos de la Avenida ofreciendo agua fresca. Sin embargo los barrios del Sur –de clases más desfavorecidas- son feudo de Ahmadinejad y sus políticas de colchón social –otros dicen “populistas”-. Otra cosa muy distinta son las noches de los barrios septentrionales de Teherán –los distritos de clase media-alta, donde se concentran los seguidores de Musaví-, no precisamente tranquilas. El veredicto del Consejo de Guardianes, que Musaví intenta que sus seguidores acaten, de permitir un recuento de los votos pero no la anulación de los comicios, sabe más agrio que dulce para los votantes verdes. Si desde una azotea se oye “Dios es el más grande” (consigna que intenta emular la que lanzó la Revolución Islámica), desde la otra se responde “muerte al dictador”. Y así hasta el amanecer.
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