Israel habla de Estado palestino a cambio de condiciones inaceptables

Trágalas para Palestina

Cada una son inasumibles para la soberaní­a de cualquier paí­s, pero especialmente las tres primeras condiciones son inaceptables incluso para las facciones más conciliantes de los palestinos

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16-06-2009
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Enfrentado al dilema de no deteriorar más su relación con Washington y de preservar la estabilidad de su gobierno -un engendro de treinta carteras distribuidas entre lo más florido del sionismo más intransigente-, Netanyahu pronunció en la ultraortodoxa universidad de Bar Ilán un discurso que pretendí­a apaciguar a unos ya a otros. Por primera vez desde que es primer ministro, de la boca del halcón salieron las dos palabras mágicas más esperadas por la Casa Blanca: "Estado Palestino". Netanyahu cedí­a ante la presión de EEUU admitiendo la necesidad de la solución de los dos Estados. Pero ¿a que precio?
 El primer ministro israelí­, Benjamí­n Netanyahu, ofrece un discurso en la Universidad de Bar-Ilan en Ramat Gan, cerca de Tel Aviv el pasado domingo. EFE
El primer ministro israelí­, Benjamí­n Netanyahu, ofrece un discurso en la Universidad de Bar-Ilan en Ramat Gan, cerca de Tel Aviv el pasado domingo. EFE
Enfrentado al dilema de no deteriorar más su relación con Washington y de preservar la estabilidad de su gobierno -un engendro de treinta carteras distribuidas entre lo más florido del sionismo más intransigente-, Netanyahu pronunció en la ultraortodoxa universidad de Bar Ilán un discurso que pretendí­a apaciguar a unos ya a otros. Por primera vez desde que es primer ministro, de la boca del halcón salieron las dos palabras mágicas más esperadas por la Casa Blanca: "Estado Palestino". Netanyahu cedí­a ante la presión de EEUU admitiendo la necesidad de la solución de los dos Estados. Pero ¿a que precio?
 
El lugar escogido para anunciar al mundo sus planes para Israel –una universidad bastión del sionismo religioso- pretendía emular, o mejor dicho contraponer al escenario que Obama escogió para dar su discurso de El Cairo, la Universidad Islámica Al-Azhar, prestigioso centro de pensamiento para todo el mundo musulmán. Precisamente allí, por primera vez en su mandato, el líder israelí habló de “Estado Palestino”.
 
Pero aunque Netanyahu ha cedido en un punto vital para la estrategia norteamericana, piensa vender caro el pellejo. Las condiciones que exigió a cambio de la creación de tal Estado son tan draconianas que puede decirse que el avance es sólo verbal. El primer ministro israelí ha pronunciado dos palabras, nada más.
 
 
El halcón del Likud exige: primero, que los palestinos reconozcan a Israel no sólo como Estado, sino como el Estado del pueblo judío. Segundo, que un eventual Estado palestino este totalmente desmilitarizado. Tercero, que Jerusalén no sea dividida –otra forma de decir que quedará íntegramente en manos israelíes-. Cuarto y quinto: El futuro Estado palestino tendrá vetadas las relaciones con Irán, y el espacio aéreo seguirá controlado por Israel.
 
Cada una de estas condiciones son inasumibles para la soberanía de cualquier país, pero especialmente las tres primeras son inaceptables incluso para las facciones más conciliantes y prooccidentales de los palestinos. Un comunicado de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), expresaba su rechazo radical al discurso de Netanyahu. "Es la forma de echarnos de la mesa de negociación. No se puede fijar el resultado del diálogo antes de comenzar a negociar".
 
La condición de que Israel sea reconocida como Estado del pueblo judío significa dos cosas a cual más inaceptable: En primer lugar, que los palestinos israelíes –un 20% de la población de Israel- pasen legalmente a ser lo que ya son en los hechos: ciudadanos de segunda, con sus derechos y libertades seriamente restringidos. Los socios de Netanyahu –en particular el ultraderechista partido Israel Beitenu liderado por el ministro de Exteriores Avigdor Lieberman- tiene una solución a esto: los ciudadanos de origen árabe deberán jurar su fidelidad al Estado de Israel, so pena de perder su ciudadanía y ser deportados.
 
En segundo lugar, que la diáspora de la Nakba, los más de trece millones de palestinos que conforman la población refugiada más numerosa y antigua del mundo, renuncien para siempre a volver a la tierra de sus antepasados, convertida en territorio `only for jews´. Netanyahu propone la consagración secular del apartheid israelí.
 
Por si fuera poco, Netanyahu se reafirmó en lo que viene diciendo estas últimas semanas: que no detendrá la construcción y la ampliación de las colonias israelíes en Cisjordania, “que crecen por el aumento natural de la población”. El “crecimiento natural” de los asentamientos significa el derribo semanal o diario de viviendas palestinas en los barrios árabes de Jerusalén Este o el estrangulamiento de los enclaves árabes en la propia Cisjordania, que de penínsulas paran a ser archipiélagos incomunicados.
 
Las condiciones que impone Tel Aviv son inaceptables para todos. "Netanyahu sabotea todas las iniciativas y desafía las posiciones palestinas, árabes y estadounidenses", exclamó Abu Rudeina, consejero del presidente de la ANP Mahmoud Abbas. Sin embargo la Casa Blanca quiso premiar el gesto diplomático del halcón, y felicitó al primer ministro por el discurso.
 
Pero aún y con todo, en el gobierno de Tel Aviv hay muchas voces –entre las cuales diputados del propio Likud- a las que las palabras de Netanyahu les parecen concesiones humillantes a Barack `Hussein´ Obama –como se llama despectivamente al presidente norteamericano, utilizando el apellido de su padre keniata-. Netanyahu sigue avanzando en un campo minado, pero es precisamente él quien pone más y más explosivos a la delicada situación de Oriente Medio.
 
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