Masivas manifestaciones de la oposición

Irán: el régimen busca calmar los ánimos

No pocas voces hablan de que el régimen de los ayatolás busca ganar tiempo para encontrar un compromiso que permita a las dos facciones una salida, si no buena para ambos, al menos digna para todos

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16-06-2009
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"¿Dónde está mi voto?" rezaban multitud de telas verdes de los más de millón y medio de manifestantes -según fuentes de la propia policí­a local de Teherán- que se congregaron ayer en la Avenida Azadi, una de las principales arterias de la capital, rumbo a la céntrica Plaza de la Revolución. Desafiaban la prohibición tajante de las autoridades, y por eso nadie esperaba la presencia de su candidato, Mir Hosein Musaví­. Pero allí­ se presentó, megáfono en mano subido a un coche, intentando calmar los animos. Pero los disturbios no se hicieron esperar, y la batalla entre las dos lí­neas del régimen de los ayatolás ya se ha cobrado sus primeras ví­ctimas mortales.
 Un joven, con el pañuelo verde de los partidarios de Musaví­, muestra su mano ensangrentada después de un acto de protesta contra el presunto fraude en las elecciones presidenciales. EFE
Un joven, con el pañuelo verde de los partidarios de Musaví­, muestra su mano ensangrentada después de un acto de protesta contra el presunto fraude en las elecciones presidenciales. EFE
"¿Dónde está mi voto?" rezaban multitud de telas verdes de los más de millón y medio de manifestantes -según fuentes de la propia policí­a local de Teherán- que se congregaron ayer en la Avenida Azadi, una de las principales arterias de la capital, rumbo a la céntrica Plaza de la Revolución. Desafiaban la prohibición tajante de las autoridades, y por eso nadie esperaba la presencia de su candidato, Mir Hosein Musaví­. Pero allí­ se presentó, megáfono en mano subido a un coche, intentando calmar los animos. Pero los disturbios no se hicieron esperar, y la batalla entre las dos lí­neas del régimen de los ayatolás ya se ha cobrado sus primeras ví­ctimas mortales.
 
Por la mañana, los portavoces del candidato reformista habían insistido que Musavi rehusaría acudir a una manifestación no autorizada, y dado que los miembros del régimen se cuidan mucho de desafiar las normas, y que el mismísimo Guía Supremo –el ayatolá Alí Jatamí- había instado a Musaví a resolver sus reclamos por “vías legales” (refiriéndose a esperar y acatar el recurso interpuesto en el Consejo de Guardianes), nadie esperaba que acudiera.
 
 
Pero la magnitud que fue tomando la concentración de protesta, algo nunca visto desde los días de la Revolución Islámica de 1979, empujó al líder reformista a acudir al encuentro de sus seguidores. Consciente de que en los hechos estaba sobrepasando límites del régimen, Musaví intentó combinar el respaldo a las protestas con la recomendación de que estas respetaran la decisión que saliera de los órganos del régimen. “Si Dios lo quiere, retomaremos nuestros derechos”, dijo, anunciando su disposición a volver a presentarse a unas elecciones si el Consejo aceptaba su reclamación de repetir los comicios.
 
 
Después llegó la violencia, anunciada después de tres días de choques con los antidisturbios. Hasta ahora las batallas callejeras no habían sido campales, pero la ira de los partidarios verdes y la prohibición expresa y tajante de las máximas autoridades de manifestaciones de la oposición anunciaban cargas más duras. Un fotógrafo iraní documentó la muerte de un primer manifestante, y tras el ataque de un grupo de manifestantes a una sede de los basiyis, milicia de voluntarios pro-gubernamentales, se supo de la muerte de seis opositores más.
 
 
Luego llegaron noticias del Consejo de Guardianes, anunciando lo que los partidarios de Musaví no supieron si interpretar como una victoria o una derrota legal: las elecciones no se repetirían –algo que todavía esperaban conseguir los más entusiastas- pero sí se procedería a un nuevo recuento de los votos en aquellos distritos que fueran impugnados por la oposición. Si hubiera cambios en el conteo, se trasladarían a los resultados oficiales. Con una actitud reservada, el propio Musaví declaró no sentirse muy optimista con el resultado.
 
 
No pocas voces hablan de que el régimen de los ayatolás –sumido en una violenta disputa entre dos sectores del mismo- busca ganar tiempo para encontrar un compromiso que permita a las dos facciones una salida, si no buena para ambos, al menos digna para todos.
 
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