Especial elecciones en Irán

Ahmadinejad arremete contra los medios extranjeros

El mandatario acusó a los medios de comunicación occidentales de inmiscuirse en el proceso electoral, de sesgar la información y su tratamiento y de tratar de deslegitimar el resultado electoral.

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15-06-2009
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Mientras la oposición protagoniza los disturbios más intensos de los último 30 años, el presidente Mahmud Ahmadinejad, ganador con más del 64% de los votos según las autoridades, ha despreciado la rabieta de sus detractores y ha acusado a la prensa internacional de distorsionar unas elecciones con "una participación histórica". "Creen que la democracia es buena cuando da los resultados que ellos esperan. En caso contrario, no la aceptan", denunció el mandatario iraní­.
 El presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad. EFE
El presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad. EFE
Mientras la oposición protagoniza los disturbios más intensos de los último 30 años, el presidente Mahmud Ahmadinejad, ganador con más del 64% de los votos según las autoridades, ha despreciado la rabieta de sus detractores y ha acusado a la prensa internacional de distorsionar unas elecciones con "una participación histórica". "Creen que la democracia es buena cuando da los resultados que ellos esperan. En caso contrario, no la aceptan", denunció el mandatario iraní­.
Ahmadinejad trata de calmar los ánimos de sus detractores, y reducir los enfrentamientos y las movilizaciones a una pataleta. "Esto es como los partidos de fútbol. Los perdedores se enfadan y a veces cuando salen del campo, se saltan un semáforo en rojo y el guardia les pone una multa, sean obreros o ministros", dijo, comparando a los seguidores de Musavi –y a su contrincante mismo- con un equipo deportivo. Luego, en un tono más arrogante y menos condescendiente, añadió “son una minoría. No es importante. No tiene valor para nuestro pueblo ni tampoco valor legal. Si tienen alguna queja, que la presenten ante el Consejo de Guardianes”.
 
 
Su rueda de prensa la centró sobretodo en acusar a los medios de comunicación extranjeros –y por ende a las potencias occidentales- de inmiscuirse en el proceso electoral iraní, de sesgar la información y su tratamiento y de tratar de deslegitimar el resultado electoral.
 
 
“El 84% de participación ha sido un logro épico”, argumentó, comparando esa participación a la de los países occidentales. “Ha dado un fuerte golpe al sistema tiránico”, dijo defendiendo la “democracia religiosa iraní” frente a las “democracias liberales sin ética”.
 
 
“Llevan 30 años [desprestigiando a nuestra democracia]. Creen que la democracia es buena cuando da los resultados que ellos esperan. En caso contrario, no la aceptan”, añadió Ahmadinejad, que acusó a los informadores extranjeros de la sala de hablar sólo con los partidarios de su oponente. “Es su error. Si quieren ver lo que piensan los iraníes vayan dentro de dos horas a la plaza de Val-i Asr, o haber venido hace tres días a la Universidad Sharif. Tal vez entonces cambien su punto de vista”.
 
 
Y es que ciertamente las agencias de noticias han tratado el proceso electoral de Irán como de un empate técnico, y por eso sorprende tanto la abrumadora victoria que arrojan los resultados oficiales. Pero si su oponente Musaví cuenta con el apoyo mayoritario de sectores especialmente activos de la población, y de gran presencia en la red y los medios de comunicación –estudiantes, jóvenes, profesiones liberales (especialmente periodistas y medios digitales) y en general las clases medias-altas-, Ahmadinejad ha demostrado haberse ganado firmes bastiones electorales en las provincias rurales, entre las clases medias-bajas y entre el inmenso funcionariado del país. Mucho se ha entrevistado a los habitantes de Teherán, donde efectivamente su oponente ha sacado más votos, pero poco o nada a los iraníes de la Persia profunda, atrasada y religiosa, donde el ultraconservador arrasa. Sus opositores Musaví o Karrubi no le han ganado ni en sus provincias de origen.
 
 
Se le ha colgado el sambenito de “populista” por haber hecho hincapié en la distribución de los enormes ingresos de los que ha disfrutado al país –petróleo mediante- estos años, pero el hecho es que, aunque la crisis económica esté golpeando a Irán severamente y la inflación avance a galope tendido, el colchón de subsidios y prestaciones ha impedido que se cebe con toda su crudeza entre las masas más desfavorecidas.
 
 
De momento Ahmadinejad se siente seguro, y piensa que las protestas de la oposición remitirán tarde o temprano. “Las condiciones han cambiado respecto a hace cuatro años. Ahora tenemos una participación del 84% y 24,5 millones de votos. Nuestra posición en asuntos regionales e internacionales va a reflejarlo”, dijo exultante, y fue desgranado los ejes de su política internacional: profundizar en lo que ya ha hecho. Preguntado acerca de EEUU, el presidente iraní respondió con una lacónica advertencia: “estamos estudiando su respuesta a las elecciones iraníes”. Al fin y al cabo su posición de firmeza –mezclada ciertamente con grandes dosis arrogancia- también le ha granjeado no pocos apoyos entre las masas iraníes.
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