Corresponsalí­a Navarra

Comandante Pablo: Memoria histórica

Rescatar el espí­ritu revolucionario que siempre ha tenido nuestro pueblo, la organización, la formación en escuelas, la lucha transformadora y el conocimiento del marxismo es el arma más poderosa

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15-06-2009
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   El pasado sábado, tuvo lugar en Navascués, Navarra, un homenaje vivo a los Maquis. La asistencia de Jesús de Cos, nacido en Santander en 1924, nos recuerda una lucha que pervive en el tiempo, y que si bien en cada momento, las trincheras toman diferentes formas, el espíritu de los que pretendemos transformar el mundo, la base de principios y el objetivo de la clase obrera no cambia en un ápice.
 
   El homenaje de “Los olvidados de los olvidados” reunió a decenas de personas en el frontón de la localidad. Con ya casi 85 años y una cabeza despejada y clara Jesús de Cos afirmaba "Soy marxista hasta que muera. He luchado en todos los lugares en los que he estado porque la lucha de clases es mundial". Hijo de socialista, comenzó en la guerrilla antifranquista en el 39, con tan solo 14 años. La tradición de la buena leche de los principios de la gente de izquierdas corre por su sangre. Su padre, primer teniente de alcalde de la localidad de Rionansa (Cantabria) y miembro del Partido Socialista, durante la II República, tuvo que exiliarse a Francia al finalizar la Guerra Civil, donde colaboró en la lucha contra los nazis, para terminar su trayectoria con la muerte en el campo de concentración de Mauthausen, en Austria. De esta forma, educado en el Marxismo por Ceferino Roiz Machado, gran amigo de su padre, Jesús de Cos sabe bien lo que es luchar, tras ser enlace de la brigada de Machado y hacer de forma voluntaria el servicio militar para poder enseñar después los conocimientos aprendidos en su instrucción militar en las tropas franquistas donde tenía la misión de informador,  fue descubierto y recibió una fuerte paliza, pero consiguió escapar del hospital y pasar la frontera hasta llegar a Toulouse donde elaboró la resistencia ideológica.
 
   No solo es emocionante escuchar a Jesús Cos cuando nos cuenta “Empecé a colaborar con Vicente Tovar en Toulouse y organizamos la escuela de guerrilleros. Con 25 años, me dieron el grado de comandante. Abrí todos los pasos de la frontera por medio de los enlaces que teníamos con el Partido Comunista. Por esa razón, la policía extraoficial intentó detenerme varias veces. Sin embargo, como mi padre murió por luchar en Francia y fue reconocido como muerto por la patria francesa, tengo el grado de Pupilo de Francia -huérfanos protegidos por el Estado francés” El Comandante Pablo es de esos hombres imprescindibles que luchan toda la vida.
 
   Llama la atención su posición ante la memoria histórica, ya que más que concentra todo el espíritu de un revolucionario, cuando declara con firmeza “Lo primero que se debe hacer es rescatar la memoria de los que han caído para saber dónde están, pero no hace falta desenterrarlos. Que se queden donde estén” Ya que rescatar el espíritu revolucionario que siempre ha tenido nuestro pueblo, la organización, la formación en escuelas, la lucha transformadora y el conocimiento del marxismo desde la lucha de clases es el arma mejor y más potente de la que podemos disponer para transformar el mundo y terminar con la explotación del hombre por el hombre, raíz de todas las contradicciones de nuestro mundo capitalista, esa es la mejor aportación que debe hacer la memoria histórica.
 
   Su espíritu de lucha consciente y consecuente lo podemos ver en cada una de las cosas que hace, a sus 85 años es miembro de la asociación Archivo, Guerra y Exilio y recoge su experiencia guerrillera en el libro “Ni bandidos, ni vencidos “ una aportación cualitativa que lejos de tener una visión nostálgica de la historia, pone sangre en las venas de cada luchador, una aportación que hace que los luchadores salten , Para convertir la memoria histórica en lo que debe de ser, un “hic Rodas hic salta” para que no quede en recuerdo, ya que se trata de nuestras raices revolucionarias que han forjado el ADN de los que pretendemos transformar el mundo.
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