Aumento disparatado gasto de las comunidades autónomas

Caní­bales autonómicos

Nuevas castas locales, que viven, como caní­bales locales, de arrebatar al gobierno central transferencias y presupuesto, vaciando y devorando las competencias y autoridad del centro común.

5
1 votos
06-01-2009
Publicidad
Un estado de estupor e indignación recorre España ante la voracidad en el gasto de las comunidades autónomas, que obliga a revisar periódicamente el sistema de financiación territorial. Una parte de ese incremento del gasto autonómico es justificado por el coste de los servicios transferidos, pero en cada comunidad se levantan gigantescos sistemas burocráticos que se convierten en aparatos para estatales locales, se reparten ingentes subvenciones... hasta disparar escandalosamente el gasto. Al calor del poder autonómico se han creado auténticas castas locales, que viven, como caní­bales locales, de arrebatar al gobierno central transferencias y porciones del presupuesto, vaciando y devorando las competencias y autoridad del centro común. Un estado de estupor e indignación recorre España ante la voracidad en el gasto de las comunidades autónomas, que obliga a revisar periódicamente el sistema de financiación territorial. Una parte de ese incremento del gasto autonómico es justificado por el coste de los servicios transferidos, pero en cada comunidad se levantan gigantescos sistemas burocráticos que se convierten en aparatos para estatales locales, se reparten ingentes subvenciones... hasta disparar escandalosamente el gasto. Al calor del poder autonómico se han creado auténticas castas locales, que viven, como caní­bales locales, de arrebatar al gobierno central transferencias y porciones del presupuesto, vaciando y devorando las competencias y autoridad del centro común.






Los números de la financiación autonómica revelan hasta que punto las comunidades se han transformado en un agujero negro que atrae, y hace desaparecer, cantidades cada vez más ingentes de dinero público.
Los presupuestos de las 17 comunidades superarán en 2009 en 22.000 millones de euros al del gobierno central, acumulando un gasto de 180.000 millones de euros.
Es el resultado del modelo de financiación autonómica vigente,que ha incrementado las transferencias de competencias y los impuestos cedidos. Desde 2002, primer año de aplicación del modelo, los gastos de las comunidades han crecido un 33,21%, mientras que los del gobierno central sólo aumentó un 12,46%.
¿Por qué las comunidades autónomas han sido poseída por este frenesí despilfarrador?
Los defensores del actual modelo lo justifican alegando que las comunidades necesitan una dotación financiera mucho mayor para hacer frente a los servicios y transferencias cedidos.
Pero la realidad es muy diferente. Al calor de los excesos y errores del Estado autonómico, y utilizando el altísimo grado de poder político, recursos económicos y capacidad legal conferida a las comunidades, se han gestado nuevas burguesías locales.
Unas élites locales nuevas donde se produce una fusión de los viejos caciques locales, los nuevos ricos, una gran mayoría de ello vinculados a la construcción, y una casta política altamente endogámica que monopoliza los gobiernos autonómicos.
Y que fundamentan buena parte de su poder en la ingente cantidad de recursos (adjudicación de obras, adjudicación de licencias...) derivadas del cada vez más abultado presupuesto que maneja cada autonomía. La cercanía al poder político proporciona así una importante ventaja y un sustancioso beneficio. De ahí el carácter extremadamente burocrático de esos nuevos poderes locales. Y también su obsesión por incrementar hasta el delirio todo el aparato burocrático, hasta acumular, entre todas las comunidades, la mitad de todos los funcionarios.
Una parte cada vez mayor del presupuesto autonómico es engullido por las necesidades de esta burguesía local, recortándolo a los gastos sociales.
El incremento del poder político permite, a través de las subvenciones o de una capacidad de reglamentación en aumento, controlar el mundo de la cultura, la sanidad, los medios de comunicación locales, extendiendo la influencia de esta nueva burguesía regional hasta el último rincón social.
Unos nuevos poderes locales que, dado su carácter burocrático, sólo pueden desarrollarse arrancando competencias y presupuesto al gobierno central. Característica que cumplen tanto los gobiernos autonómicos nacionalistas como los del PSOE o el PP -baste mencionar la satisfacción de Camps o Esperanza Aguirre ante la propuesta de financiación de Zapatero-. Y que por ello constituyen una base de apoyo para los proyectos de disgregación.
¿Qué te ha parecido el artículo?
Publicidad