Literatura

Envidia

Publicada en la Unión Soviética en 1927, la novela de Yuri Olesha -y su propio autor- fueron proscritos tras la proclamación del realismo socialista como único arte posible en la URSS

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12-06-2009
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Yuri Olesha es una figura prácticamente desconocida en el mundo literario español. Escritor, dramaturgo y periodista de origen ucranio nacido en 1899, estudió dos años de Derecho en la universidad de Odessa antes de unirse al Ejército Rojo, donde combatió a lo largo de un año. En 1922 se trasladó a Moscú, donde comenzó a publicar en la prensa artí­culos crí­ticos y humorí­sticos, con un lenguaje afilado y la ironí­a gogoliana latiendo siempre en el fondo. Más tarde publicó dos singulares novelas: "Envidia" (1927, que aparece ahora en España de la mano de la editorial El Acantilado, y que está considerada su gran obra maestra) y "Los tres gordinflones" (1928, publicada por Siruela en 1992), y una comedia, "La lista de las recompensas" (1931). En 1934, y tras defender en el Congreso de Escritores Soviéticos la necesidad de una literatura independiente, su nombre desapareció de la historia de la literatura soviética y sus obras fueron prohibidas. No fue rehabilitado hasta 1956, y también por un tiempo muy breve. Murió en 1960.
 Envidia
Yuri Olesha es una figura prácticamente desconocida en el mundo literario español. Escritor, dramaturgo y periodista de origen ucranio nacido en 1899, estudió dos años de Derecho en la universidad de Odessa antes de unirse al Ejército Rojo, donde combatió a lo largo de un año. En 1922 se trasladó a Moscú, donde comenzó a publicar en la prensa artí­culos crí­ticos y humorí­sticos, con un lenguaje afilado y la ironí­a gogoliana latiendo siempre en el fondo. Más tarde publicó dos singulares novelas: "Envidia" (1927, que aparece ahora en España de la mano de la editorial El Acantilado, y que está considerada su gran obra maestra) y "Los tres gordinflones" (1928, publicada por Siruela en 1992), y una comedia, "La lista de las recompensas" (1931). En 1934, y tras defender en el Congreso de Escritores Soviéticos la necesidad de una literatura independiente, su nombre desapareció de la historia de la literatura soviética y sus obras fueron prohibidas. No fue rehabilitado hasta 1956, y también por un tiempo muy breve. Murió en 1960.
La novela “Envidia” apareció en el panorama literario soviético en 1927, diez años después del triunfo de la Revolución y cuando todavía existía en la URSS un amplio campo para la experimentación vanguardista e incluso para la literatura crítica. Aún no se había producido el “apagón” que llegaría tras el Congreso de 1934, cuando se proclamó al “realismo socialista” como la única vía aceptable y posible para todo artista soviético.

“Envidia” suscitó un debate, fue acusada de “reaccionaria” y de “antihumanista” por algunos sectores, pero en definitiva fue elogiada por “Pravda” (órgano oficial del PCUS) y editada. En todo caso el mayor desconcierto provenía de su extraña estructura y estilo, ya que la obra se movía en los esquemas de la vanguardia literaria de los años veinte: sin esos personajes “redondos y acabados” de la literatura decimonónica, con una forma fragmentaria que rompía el tradicional hilo argumental, novela más de ideas que de acción y dando una gran preeminencia a la propia textura del lenguaje.

La novela está protagonizada por Andréi Bábichev, trabajador modélico de la nueva sociedad soviética que dirige una fábrica de alimentos y aspira a abastecer de salchichas al proletariado en una especie de comedor comunitario. Andréi es el símbolo de la nueva sociedad triunfante, de sus aspiraciones... y también de sus limitaciones. La otra cara de la moneda la encarna su hermano Iván, borrachín, estravagante y excéntrico, que simboliza, a su vez, el mundo y la sociedad que la revolución está enterrando. Y aún hay un tercer personaje en liza: Nikolái Kava lérov, otro marginal, como Iván.

La novela comienza cuando Nikolai es expulsado de un taberna y es recogido por Andrái Babichev. El modélico trabajador soviético lo acoje en su casa e intenta “reformarlo”, pero Kavalérov sólo es capaz de sentir por él odio y, sobre todo, envidia. La envidia del viejo mundo que se ve inevitablemente engullido por los nuevos tiempos y que va directo a ser desaparecer por el sumidero de la historia.

Pero el libro, leído con la necesaria atención, no encierra sólo una crítica al “viejo mundo”, también dirige su filo contra aquello que no le gusta del nuevo. El libro no es, en absoluto, un canto al “nuevo hombre soviético”. Yuri Olesha detesta la “mecanización” de la vida humana bajo el nuevo orden, el sacrificio de ciertos valores humanísticos que, desde su óptica, no deberían perecer y que, sin embargo, el “bueno” de Andréi tira por la borda.

La novela discurre toda ella por carriles muy alejados a los del incipiente “realismo socialista”, y no sólo en los planteamientos ideológicos, sino también en los estrictamente narrativos. A Olesha no le preocupan en absoluto ni la verosimilitud de los episodios, ni la naturalidad de los diálogos, ni la continuidad del hilo narrativo. Escrita de forma fragmentaria, con el estilo “veloz” de las vanguardias, pero con una prosa muy cuidada, “Envidia” será sin duda un gran descubrimiento para el lector español, sobre todo si ya simpatizó en su día con una novelística como la de Bulgakov, con el que Yuri Olesha colaboró en los años 20 en Moscú.
 
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