Muere ex jefe de la Triple A, los GAL de Argentina

Un represor protegido en España

Rofolfo Almirón, ex jefe operativo de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) vivió 33 años refugiado en España. Su muerte deja muchos interrogantes, para empezar ¿qué hací­a en nuestro paí­s?

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12-06-2009
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Murió en Buenos Aires sin haber sido condenado por los crí­menes que habí­a perpetrado, tras ser extraditado desde España en el 2008. Encontró un refugio seguro en nuestro paí­s por más de tres décadas; trabajó para Manuel Fraga y tuvo un piso subsidiado por la Comunidad Valenciana. Igual refugio pero mejor suerte encontró la ex presidenta Marí­a Estela Martí­nez, viuda de Juan Domingo Perón, conocida como "La Perona". Su extradición a Argentina fue rechazada inexplicablemente en 2008 por el Gobierno de José Luis Rodrí­guez Zapatero. ¿Qué hací­a esta gente, torturadores y asesinos, en España? ¿Qué especiales relaciones de Estado les protegieron bajo todos los gobiernos de nuestro paí­s? Murió en Buenos Aires sin haber sido condenado por los crí­menes que habí­a perpetrado, tras ser extraditado desde España en el 2008. Encontró un refugio seguro en nuestro paí­s por más de tres décadas; trabajó para Manuel Fraga y tuvo un piso subsidiado por la Comunidad Valenciana. Igual refugio pero mejor suerte encontró la ex presidenta Marí­a Estela Martí­nez, viuda de Juan Domingo Perón, conocida como "La Perona". Su extradición a Argentina fue rechazada inexplicablemente en 2008 por el Gobierno de José Luis Rodrí­guez Zapatero. ¿Qué hací­a esta gente, torturadores y asesinos, en España? ¿Qué especiales relaciones de Estado les protegieron bajo todos los gobiernos de nuestro paí­s?
La Triple A practicó el terrorismo de Estado durante más de tres décadas, dejando miles de muertos. Fue una organización terrorista paramilitar del sistema de  represión de las Juntas Militares. 

Es en el mismo origen de la Triple A podemos empezar a encontrar la razón por la que  sus responsables encontraron un refugio seguro en nuestro país.

Esta organización terrorista de Estado fue creado por entonces ministro de Bienestar Social, José López Rega, a su vez secretario de “La Perona”; la misma que no fue  extraditada por Zapatero y muy cercana a la familia Franco.

Todas las investigaciones sobre la Triple A constatan que López Rega  había tenido “contactos de trabajo” con la embajada de EEUU en España. Particularmente con el entonces embajador Robert Hill, quien había participado en forma activa en la invasión norteamericana a Guatemala en 1954.

López Rega tenía estrechas relaciones con la Internacional Fascista con base en España, la Organización del Ejército Secreto de Francia, y fue justamente el embajador Hill quien posibilitó su encuentro con los jefes de los escuadrones de la muerte que actuaban en Guatemala y otros lugares de Iberoamérica.

No se trata de una casualidad. La Triple A desde un inicio formó parte de lo que luego se convertiría en la temible Operación Cóndor de los EEUU.

Comandada por el Departamento de Estado norteamericano el plan de represión y dictaduras más grande del continente que unió a los países de la región mediante el intercambio de información y operaciones represivas conjuntas contra la “amenaza comunista”.

La impunidad de los peores crímenes contra la humanidad es de alto nivel se seguridad de Estado. Por ello los dictadores y represores –simples ejecutores- son protegidos para no llegar hasta los auténticos responsables.

El objetivo principal de la Triple A fue la represión del ala izquierdista del peronismo, encarnada en la Juventud Peronista y la organización guerrillera Montoneros.

Más del 70 por ciento de los detenidos desaparecidos pertenecían al movimiento obrero y más del 60 por ciento de ese porcentaje tenían la identidad peronista. Casi ninguna estructura burocrática del peronismo actual levantó a sus muertos y desaparecidos.

Al más puro terrorismo de Estado, la Triple A ejecutó de 800 a 1.500 atentados, muchos de ellos bomba; además de perpetrar amenazas a intelectuales y artistas, tales como Héctor Alterio, Mercedes Sosa y Jorge Cafrune, que se exiliaron en España.
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