Cine

La masacre de Nanjing

El director chino Lu Chuan le pone un rostro humano al "enemigo", en su relato sobre las atrocidades del ejército japonés en su paí­s.

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13-06-2009
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En 1937, el ejercito japonés penetraba en la entonces capital china de Nanjing, provocando una matanza de más de 300.000 ví­ctimas mortales. Un hecho poco conocido fuera de esa zona asiática, por la que Japón todaví­a no ha pedido disculpas. China ha realizado decenas de pelí­culas y documentales sobre la masacre, pero Lu ha sido el primero en no conformarse con retratar a China como ví­ctima, tal y como dicta la propaganda oficial, sino en retratar el sufrimiento humano de los personajes. Después de haber sido acusado de "traidor a la patria" por algunos crí­ticos, y de que su guión haya pasado hasta siete meses en manos de la Sarft, el buró de censura oficial, el proyecto ha visto la luz, e incluso ahora ha sido elegida entre las diez pelí­culas recomendadas por el Partido Comunista para conmemorar el 60 aniversario de la República Popular China.
 La masacre de Nanjing
En 1937, el ejercito japonés penetraba en la entonces capital china de Nanjing, provocando una matanza de más de 300.000 ví­ctimas mortales. Un hecho poco conocido fuera de esa zona asiática, por la que Japón todaví­a no ha pedido disculpas. China ha realizado decenas de pelí­culas y documentales sobre la masacre, pero Lu ha sido el primero en no conformarse con retratar a China como ví­ctima, tal y como dicta la propaganda oficial, sino en retratar el sufrimiento humano de los personajes. Después de haber sido acusado de "traidor a la patria" por algunos crí­ticos, y de que su guión haya pasado hasta siete meses en manos de la Sarft, el buró de censura oficial, el proyecto ha visto la luz, e incluso ahora ha sido elegida entre las diez pelí­culas recomendadas por el Partido Comunista para conmemorar el 60 aniversario de la República Popular China.
Nanjing! Nanjing! (que lleva el subtítulo de City of Life and Dead, en español Ciudad de vida y muerte) es una película en la que es inevitable la referencia a La Lista de Schindler. En primer lugar por su estética, una excelente fotografía en blanco y negro que nos adentra en un relato macabro, en el que no se elude la violencia ni la crudeza. Pero en segundo lugar, por esa visión más humanista que “partidaria” de un hecho tan despreciable. Si en la película de Spielberg nos encontrábamos con la historia del “nazi bueno y arrepentido”, en la historia de Lu, el protagonista es precisamente un militar japonés, interpretado por el actor nipón Hideo Nakaizumi, un soldado que, abatido por el sufrimiento de no poder detener las atrocidades de sus compañeros, acaba suicidándose.
 
Según el propio director, el hecho de que finalmente se autorizara la realización de esta película, e incluso sea recomendada, viene dado por el interés Chino de mejorar las relaciones con Tokio. Y este film por primera vez se desmarca del tono nacionalista y marcadamente antijaponés que caracterizan las anteriores producciones sobre la masacre.
 
El director pasó tres años recolectando documentación histórica y entrevistando a expertos para conseguir que las escenas se ajustaran lo mejor posible a la realidad. La decisión más arriesgada fue introducir a actores japoneses en el rodaje, y el propio Lu viajó a Tokio con una maleta llena de fotografías y libros sobre la masacre para convencerles.
 
El resultado es una película que trata de reflejar el sufrimiento y la capacidad de resistencia del ser humano, sobre morir o sobrevivir; y que enese camino no elude la crudeza y la atrocidad. Pese a las recomendaciones del Gobierno Chino de eliminar escenas de explícita violencia, la película es un continuo desfilar de mutilaciones, violaciones y atrocidades varias. Porque pese a que dificulte enormemente el visionado y ponga a prueba la resistencia del espectador, el interés del director era mostrar la realidad lo más claramente posible, sin prejuicios nacionalistas, pero sin pasar por encima de las barbaridades que se cometieron.
Un film que arroja luz acerca de las posibilidades creativas y comunicativas de los realizadores chinos, así como de la independencia que poco a poco están empezando a alcanzar a la hora de plantear proyectos que en otro tiempo hubieran sido impensables. Quizás en pocos años, directores jóvenes como él tendrán libertad para tratar temas históricos tan sensibles en su país como la Revolución Cultural o la masacre de estudiantes en la plaza de Tiananmen.
 
 
 
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