Televisión

Riéndose del muerto

A propósito del fallecimiento de David Carradine, Telecinco ha aprovechado para montar uno de sus circos, repleto de intolerable "pitorreo" sobre las causas de su muerte.

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13-06-2009
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Es especialmente lamentable, que ante el fallecimiento de un actor de la talla de David Carradine, el recuerdo de su trabajo haya pasado completamente a un segundo plano y toda la prensa se empeñe en hacer indignas conjeturas sobre los extraños motivos de su muerte, al parecer provocada por un accidente sexual. Pero si en España hay alguien especializado en utilizar a los muertos como "juguete" para el sensacionalismo y la televisión demagógica, esos son sin duda los responsables de programas como "Rojo y Negro", que esta semana nos ofreció un programa repleto de insano cachondeo, recreando, entre risitas y en el plató, las prácticas sexuales que podrí­an haber originado la muerte del actor. Toda una gracia vamos. Es especialmente lamentable, que ante el fallecimiento de un actor de la talla de David Carradine, el recuerdo de su trabajo haya pasado completamente a un segundo plano y toda la prensa se empeñe en hacer indignas conjeturas sobre los extraños motivos de su muerte, al parecer provocada por un accidente sexual. Pero si en España hay alguien especializado en utilizar a los muertos como "juguete" para el sensacionalismo y la televisión demagógica, esos son sin duda los responsables de programas como "Rojo y Negro", que esta semana nos ofreció un programa repleto de insano cachondeo, recreando, entre risitas y en el plató, las prácticas sexuales que podrí­an haber originado la muerte del actor. Toda una gracia vamos.
David Carradine saltó a la fama después de protagonizar en los años 70 la mítica serie Kung-Fu. Hijo de actores, se había resistido al mundo del cine y la televisión, optando en primera instancia por el teatro y los espectáculos circenses, pero su aptitud para la interpretación dramática le acabó llevando al ruedo de las pantallas. Un profesional alejado del estrellato, pero con una extensa carrera. Un ejemplo de actor “de oficio”, que participó en películas como Cannonball (1976), El huevo de la serpiente, de Ingmar Bergman (1977), Alerta roja: Neptuno hundido (1978) de David Greene, El desafío del cóndor (1979), de Barry Brown, y más recientemente Kill Bill 1 (2003) y Kill Bill 2 (2004), de Quentin Tarantino, e uno de los papeles por los que será más recordado.
 
Sin embargo muy poco se ha hablado en la prensa de esta trayectoria, ni como suele ser habitual, se le ha rendido un digno homenaje en forma de repaso de su trayectoria. Y es que había algo mucho más goloso para los sabuesos del periodismo que hablar sobre los méritos de un actor de “serie B”, y ese algo era el sexo. No va a ser necesario desarrollar a estas alturas más detalles sobre las causas de una muerte que se debe tratar con respeto, tanto al fallecido como a los que mantienen la investigación abierta.
 
Pero claro, desatada la carrera de la zafiedad y el amarillismo de corte más vulgar, en nuestro país se han destapado algunos de los especialistas en este tipo de “periodismo” basado en la falta de respeto y vendido como en el escaparate de una carnicería. El programa “Rojo y Negro”, como no, de Telecinco, parece que se retroalimenta solo del desprecio a la desgracia ajena. Si hace unos meses acumularon pleitos judiciales por entrevistar –o más bien interrogar- a una menor en relación con el caso de Marta del Castillo, ahora han decidido quitarse la careta de serios informadores, para directamente reírse a carcajada limpia de la muerte de otro.
 
Al presentador Nacho Abad le pareció lo más adecuado del mundo “rendir homenaje” a Carradine invitando a una experta en sadomasoquismo. Justificó su presencia diciéndonos que nadie mejor que ella para iluminarnos acerca de la técnica de la autoasfixia erótica que, al parecer, fue la causa de la muerte del celebrado actor. A partir de ahí todo fueron risitas, azotes, “cachondeíto” de bar, y en definitiva, un espectáculo despreciable.
 
Cabe preguntarse si en lugar de haber muerto David Carradine, actor muy alejado de la realidad española, hubiese muerto, en las mismas condiciones, un actor o una actriz de aquí -o un personaje del famoseo español-, habrían sido capaces de realizar este tipo de show, más grosero que cómico. Quizá su indolencia ni siquiera tenga esos límites.
 
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