El número de "embajadas autonómicas" en el extranjero se dispara

¿Una embajada de Gibraltar en Londres?

Para poder separarse de España, Ibarretxe o Carod Rovira están dispuestos a convertirse en embajadores de Gibraltar en Londres, entregandose a la potencia de turno que haga posible la independencia.

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06-01-2009
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"Le presento al embajador de Cataluña en Berlí­n". Esta frase, que hasta hace muy poco pertenecí­a al campo de la imaginación, ahora se corresponde estrictamente a la realidad. La negociación de la financiación autonómica ha destapado ingentes partidas de gasto destinadas, sobre todo por parte de Cataluña y Euskadi, a financiar una "polí­tica exterior" independiente y enfrentada a la española. "Le presento al embajador de Cataluña en Berlí­n". Esta frase, que hasta hace muy poco pertenecí­a al campo de la imaginación, ahora se corresponde estrictamente a la realidad. La negociación de la financiación autonómica ha destapado ingentes partidas de gasto destinadas, sobre todo por parte de Cataluña y Euskadi, a financiar una "polí­tica exterior" independiente y enfrentada a la española.






El presupuesto anual de estas “embajadas autonómicas” en el extranjero asciende a 20 millones de euros, una cifra que no hace más que incrementarse.
El gobierno de Ibarretxe ha abierto embajadas en Bruselas, Estados Unidos, Francia, México, Argentina, Chile, Colombia y Venezuela. Además de una surrealista embajada en Madrid, financiada con la partida dedicada a “política exterior”. Esa red de embajadas cuesta al gobierno vasco 5,1 millones de euros al año, el triple de la cantidad destinada a las víctimas del terrorismo.
Cataluña es la segunda comunidad con más embajadas en el extranjero, en concreto cinco: Bruselas, Francia, Reino Unido, Alemania y Estados Unidos, todas ellas dependientes de la Secretaría de Asuntos Exteriores, órgano que este año contará con un presupuesto de 67 millones de euros.
Pero ese no es sólo, ni principalmente, un problema de despilfarro de fondos públicos. Ibarretxe y Carod Rovira han afirmado públicamente que el objetivo de estas embajadas es establecer una relación bilateral, al margen del gobierno español, con países extranjeros, entre ellos las potencias mundiales más importantes.
Fue con la llegada de del actual lehendakari a Ajuria Enea, con el impulso a un proyecto de fragmentación cuyo máximo exponente fue el Plan Ibarretxe, cuando se impulsó la constitución de embajadas, pasando de una a ocho.
En Cataluña la posibilidad de constituir embajadas en el extranjero fue uno de los puntos incluidos en el nuevo estatut -expresión de la “vía dulce hacia la desintegracion”-. Y su dirección se reservó a Carod Rovira y ERC, batallón de choque del tripartito para la fragmentación. Todos los “embajadores de Cataluña” en el extranjero son reconocidos independentistas.
Cataluña ahora dispone de una embajada en Berlín. Las “relaciones bilaterales”, al margen de Madrid, entre Barcelona y Alemania traen muy malos recuerdos, como la negociación durante la guerra civil de Josep Dencás -representante de un sector filofascista de ERC- para que Hitler ofreciera un lugar en el nuevo orden nazi a una Cataluña independiente.
Al inaugurar la embajada en Londres, Carod Rovira anunció la intención de mantener contactos directos con el Foreign Office. La última vez que tal cosa ocurrió, también durante la guerra civil, el protagonista era Carles Pi i Sunyer, ofreciendo la rendición de la España republicana a cambio del respaldo de Londres a la independencia catalana.
Para eso quieren Ibarretxe o Carod Rovira las embajadas en el extranjero. Para poder separarse de España, están dispuestos a convertirse en el embajador de Gibraltar en Londres, entregando a Cataluña o Euskadi a la potencia de turno que haga posible la independencia.
En el plan Ibarretxe se hablaba de Euskadi como de un “Estado Libre Asociado”, exactamente los mismos términos con que EEUU disfraza su ocupación de Puerto Rico. Y Carod Rovira, responsable de la política exterior de la Generalitat, declaró aspirar “al mismo grado de independencia que Luxemburgo”, una colonia financiera cuya autonomía termina en algún despacho secundario de un ministerio alemán.
Pero, desgraciadamente, el virus disgregador se ha extendido. Todas las autonomías disponen de una oficina-embajada en Bruselas, para presionar, no todas las veces en coordinación con la representación española, en aquellas decisiones de Bruselas que afectan a sus intereses. Una manera de desintegrar la fuerza diplomática de España en diecisiete trozos que sólo nos debilita ante las grandes potencias europeas.
Potenciando las relaciones bilaterales entre las comunidades y Bruselas. Peligroso camino, teniendo en cuenta la existencia de la “Europa de las Regiones”, organismo comunitario dirigido por el lander alemán de Baviera, que persigue hacer avanzar la disgregación potenciando una relación directa entre las comunidades más ricas y el centro europeo.
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