Elecciones europeas 2009

Tarjeta roja

No es posible entender estos resultados sin partir del "estado de cabreo" ciudadano ante el despilfarro, derroche y corrupción de las castas polí­ticas

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12-06-2009
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La clase polí­tica de nuestro paí­s vive en estado de escándalo permanente. El espectáculo de acusaciones mutuas de corrupción y despilfarro de los recursos públicos en que convirtieron la campaña electoral, no ha sido más que la continuación de lo que las castas polí­tico burocráticas vienen haciendo desde los aparatos centrales a los gobiernos autonómicos y ayuntamientos. En particular, la guerra entre el PSOE y el PP ha sacado a la luz la "alegrí­a" con la que la clase polí­tica del paí­s derrocha los recursos públicos. Especialmente el derroche en aviones, coches, instalaciones y recursos oficiales no ya para la actividad normal de sus funciones como gobernantes sino para sus actividades privadas o de sus partidos… Mientras el paí­s se desangra económicamente.
 (EFE)
(EFE)
La clase polí­tica de nuestro paí­s vive en estado de escándalo permanente. El espectáculo de acusaciones mutuas de corrupción y despilfarro de los recursos públicos en que convirtieron la campaña electoral, no ha sido más que la continuación de lo que las castas polí­tico burocráticas vienen haciendo desde los aparatos centrales a los gobiernos autonómicos y ayuntamientos. En particular, la guerra entre el PSOE y el PP ha sacado a la luz la "alegrí­a" con la que la clase polí­tica del paí­s derrocha los recursos públicos. Especialmente el derroche en aviones, coches, instalaciones y recursos oficiales no ya para la actividad normal de sus funciones como gobernantes sino para sus actividades privadas o de sus partidos… Mientras el paí­s se desangra económicamente.
Este estado de cosas no podía pasar impunemente ante el electorado que ha dado un toque de atención a esas castas políticas. Una auténtica tarjeta roja en forma de batacazo electoral. En primer lugar con la abstención que ha pasado del 26,15% en las generales de 2008, al 54% en junio de 2009; 25 puntos de diferencia entre las generales de 2008 y las elecciones del 7-J reflejan un electorado cada vez más desencantado, indignado y harto con la clase política que gobierna a todos los niveles central, autonómico y municipal.

Hace tres meses, el descalabro del bipartito gallego (PSG-BNG) después de una campaña en la que también estuvieron presentes los casos de despilfarro y corrupción  (todos recordamos el famoso coche oficial de Touriño de 480.000 euros), les costó la pérdida de 117.000 votos y el gobierno de la Xunta. Era todo un aviso.

Ahora, los resultados del Partido Socialista en sus graneros históricos de votos, Andalucía y Cataluña, son una auténtica tarjeta roja de su electorado histórico a la casta política en el poder. En las dos sube la abstención por encima de la media nacional, hasta el 60,20% en Cataluña y el 59% en Andalucía. En Andalucía el PSOE retrocede casi 100.000 votos y más de un 4% en porcentaje de voto respecto a las generales de 2008. En Cataluña el PSC pierde más de 205.000 votos respecto al 2004 y baja  2,5% puntos en porcentaje de voto respecto a las elecciones de hace un año. Y además las fuerzas que conforman el tripartito gobernante (PSC-ERC-ICV-EUiA) pierden más de 308.000 votos respecto a las europeas de 2004, y casi un 7% de porcentaje de voto respecto a las elecciones de hace sólo un año.
No es posible entender estos resultados sin partir del “estado de cabreo” ciudadano ante el despilfarro, derroche y corrupción de las burguesías burocráticas gobernantes. Aún más acentuados por la situación de crisis que golpea a las clases populares. Andalucía es un reguero de corrupción urbanística, de subvenciones a empresas y familiares de los políticos en el poder, incluido el propio Manuel Chaves salpicado durante la campaña por las subvenciones millonarias a la empresa de su hija, de derroche de recursos en despachos y palacios para la burocracia…

Difícilmente se puede evitar la indignación por el derroche de los recursos públicos en Cataluña (el escándalo de los informes innecesarios pagando millones de euros a amigos y empresas de familiares y consejeros, las embajadas de ERC, el despilfarro de recursos en viajes y subvenciones a los proyectos identitarios…), mientras la comunidad es una de las más castigadas por la crisis, especialmente en su tejido industrial.
Las castas político burocráticas  que protagonizan y se benefician del derroche, el despilfarro de los recursos públicos y la corrupción han recibido un severo toque de atención, una tarjeta roja en toda regla, en estas elecciones. Cada vez más, la necesaria regeneración de la vida política del país, es una exigencia popular.
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