Enconado fin de campaña electoral en la República Islámica

Embestida de lí­neas en Irán

Mañana 12 de junio la lucha entre las dos lí­neas se resolverá con el triunfo de una de las dos. Lo que se decide es cómo va a responder Irán a los contradictorios gestos de distensión de Washington.

0
0 votos
11-06-2009
Publicidad
En la ví­spera electoral, los iraní­es han visto como los candidatos han sacado -y se han lanzado- artillerí­a pesada. El enconamiento del debate entre el presidente Ahmadinejad y el lí­der de la oposición, el reformista Musavi, ha llegado a las manos dialécticas, con alusiones personales y acusaciones de corrupción contra el expresidente Rafsayani, cercano a los reformistas, y su familia. Este último ha pedido al lí­der supremo del paí­s, Alí­ Jamenei, que tome cartas en el asunto "para extinguir el fuego, cuyo humo puede verse en el aire, y para frustrar peligrosas conspiraciones". La lucha entre las dos lí­neas, entre los dos caminos que se abren ante Teherán, alcanza cotas de antagonismo nunca vistas en un régimen hasta ahora relativamente monolí­tico.
 Seguidores del candidato reformista Musavi en un mitin. EFE
Seguidores del candidato reformista Musavi en un mitin. EFE
En la ví­spera electoral, los iraní­es han visto como los candidatos han sacado -y se han lanzado- artillerí­a pesada. El enconamiento del debate entre el presidente Ahmadinejad y el lí­der de la oposición, el reformista Musavi, ha llegado a las manos dialécticas, con alusiones personales y acusaciones de corrupción contra el expresidente Rafsayani, cercano a los reformistas, y su familia. Este último ha pedido al lí­der supremo del paí­s, Alí­ Jamenei, que tome cartas en el asunto "para extinguir el fuego, cuyo humo puede verse en el aire, y para frustrar peligrosas conspiraciones". La lucha entre las dos lí­neas, entre los dos caminos que se abren ante Teherán, alcanza cotas de antagonismo nunca vistas en un régimen hasta ahora relativamente monolí­tico.
En Irán, gobernado por una élite de clérigos-políticos, acusar de corrupción a un cuadro del régimen era hasta hace poco un sólido tabú, una norma no escrita que nadie –y menos los miembros de las corporativas elites- se atrevía a quebrantar. Sin embargo Ahmadinejad lo hizo hace dos días en un debate televisado, ante decenas de miles de espectadores pegados a las pantallas, pendientes de una campaña electoral que ha polarizado y movilizado al país como nunca.
 
El presidente iraní contestó a las acusaciones de su contrincante, el reformista Musavi, acusando al ex-presidente Rafsayani (que gobernó Irán entre 1989 y 1997, y próximo a los reformistas) y a sus hijos de corrupción. No fue un momento de pasión, sino un movimiento calculado, consciente de que levantaría un gran revuelo.
 
Y así ha sido. Rafsayani sigue siendo uno de los políticos más influyentes, a pesar de su enemistad con el actual presidente y su rivalidad –que dicen que se remonta a la Revolución Islámica- con el líder supremo, Alí Jamenei. El ofendido expresidente mandó una carta al líder supremo, donde instaba a Jamenei a tomar cartas en el asunto –so pena de que la cosa pasara a mayores-: “Espero que usted resuelva esa posición para poder extinguir el fuego, cuyo humo se puede ver en la atmósfera; para frustrar los complots peligrosos, no hay duda de que algunas personas, partidos y facciones no tolerarán esta situación.”
 
 
Rafsayani también se refería a las declaraciones de Yadolá Javani, jefe de la oficina política de los Pasdarán, los Guardianes de la Revolución -el Ejército ideológico que sólo responde ante el líder supremo-. Javani ha acusado a los seguidores de Musavi –miles de jóvenes y clase media que estos días inundan de verde las calles Teherán, desafiando las rígidas restricciones morales de los ayatolás- de "ser parte de una revolución de terciopelo", como la que derribó al régimen prosoviético en Checoslovaquia en 1989, al poco de caer el Muro.
 
 
Otros sectores del régimen de los ayatolás, como los clérigos de la ciudad santa de Qom, expresaron al líder supremo “su profunda preocupación y tristeza” por la acritud de los debates públicos, que puede estar dañando la imagen de Irán. A buen seguro que no se refieren sólo a la opinión pública mundial, sino a los gobiernos de las potencias occidentales, en especial el norteamericano, atento a cada pequeño acontecimiento del país persa. La campaña electoral no sólo ha mostrado al mundo las profundas fisuras del régimen de los ayatolás, sino que las ha hecho más grandes y hondas, poniendo en bandeja su utilización por parte de las potencias extranjeras.
 
 
Mañana 12 de junio la lucha entre las dos líneas para Irán se resolverá con el triunfo de una de las dos, y la derrota de la otra. Aunque la campaña electoral se ha centrado en la grave crisis económica que atraviesa el país –con un 12% de desempleo-, la cuestión que divide a la clase dominante y a sus elites políticas se centra en torno a que línea internacional para Teherán, a cómo responder ante los insistentes llamamientos y exigencias de Obama. Lo que se decide mañana en las urnas es cómo va a responder Irán –una potencia regional emergente, que se ha convertido en un polo de referencia para el mundo islámico y para todo el Tercer Mundo- a los contradictorios gestos de distensión de Washington y hasta donde llevar las concesiones en lo que se refiere a su programa nuclear.
¿Qué te ha parecido el artículo?
Publicidad