Cataluña y el traspaso de cercaní­as

RENFE: la huelga necesaria

La huelga desconvocada en RENFE no se corresponde a ninguna reivindicación económica, sino a prevenir la segregación de una parte de la compañí­a. O sea, el despedazamiento.

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11-06-2009
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Los dí­as 9 y 10 de junio han transcurrido sin la huelga de RENFE. La huelga de 24 horas anunciada para esos dí­as quedó desconvocada a las 4.30 horas de la madrugada del martes 9 de junio después de "conversaciones a alto nivel". Tan alto, que no se alcanzan a ver las condiciones por las que se desconvocó el paro. Los dí­as 9 y 10 de junio han transcurrido sin la huelga de RENFE. La huelga de 24 horas anunciada para esos dí­as quedó desconvocada a las 4.30 horas de la madrugada del martes 9 de junio después de "conversaciones a alto nivel". Tan alto, que no se alcanzan a ver las condiciones por las que se desconvocó el paro.
 Los medios se han apresurado a constatar que el comité de empresa de RENFE no está en contra del traspaso de cercanías a la Generalitat, sino de la forma que se hace. Pero las formas a veces difieren porque encierran contenidos contrarios. Efectivamente, no se estaba, al convocar la huelga, manifestando un rechazo a que la Generalitat pudiera gestionar las cercanías en Cataluña. Se cuestionaba la cláusula según la cual, a los dos años, si la Generalitat quería, podía formar una nueva empresa desgajada de RENFE. Hombre, llamarle a eso un problema de fondo es obviar el contenido.
   ¿Alguien duda que la Generalitat va a crear una nueva empresa y segregará la rama catalana de RENFE? Eso generaría un precedente peligrosísimo para el resto de comunidades puesto que, como afirman los sindicatos, la integridad de la empresa quedaría hecha pedazos. Entregar a las burguesías burocrático-administrativas locales la gestión de las infraestructuras con cláusulas que permitan la fragmentación es hoy por hoy, el resquicio por donde se va colando la fragmentación del país. Así hay que verlo, porque así es. Aunque políticamente hayan retrocedido los partidarios de la disgregación, todavía tienen resortes por los que avanzar.
    Los sindicatos han hecho muy bien en reaccionar. Todas las banderas de que la gestión autonómica será más cercana a los problemas e intereses de los ciudadanos catalanes que si se hace desde Madrid, eluden la cuestión. A los únicos que va a beneficiar el traspaso será a sus nuevos propietarios, a los amos de Cataluña. Porque si la gestión la dejaran en manos de los trabajadores no habría peligro de escisión. ¿Por qué hay que dejarlo en manos de la voracidad de los que buscan comer aparte?
   Los sindicatos han hecho bien en oponerse. Pero tienen que hacer pública las condiciones de los acuerdos “a alto nivel”, porque en esta batalla está en juego el interés de todos y no vaya a ser que ese interés sea moneda de cambio para otro tipo de contrapartidas.
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