PhotoEspaña 09

Pedro Costa, el cine del barrio

En la lí­nea de interdisciplinaridad que marca la actual edición del festival, se han permitido el lujo de dedicar un ciclo al transgresor cineasta portugués.

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09-06-2009
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Pedro costa es un auténtico punk del mundo del cine. Su constante desprecio a los mecanismos del poder, y a los vaivenes que marca el fluir de la industria cinematográfica así­ lo demuestran. Es por eso quizá que se nos haga más natural encontrarlo en un espacio de ámbito más artí­stico como PhotoEspaña, que en un festival como el reciente Cannes. Su cine se hace tan solo a partir de una cámara de video y los habitantes de un barrio marginal de Lisboa, en el que ha rodado la mayorí­a de sus pelí­culas. PhotoEspaña dedica ahora un ciclo en la Filmoteca Española a un director cuya manera de hacer cine estremece tanto como sus resultados. Pedro costa es un auténtico punk del mundo del cine. Su constante desprecio a los mecanismos del poder, y a los vaivenes que marca el fluir de la industria cinematográfica así­ lo demuestran. Es por eso quizá que se nos haga más natural encontrarlo en un espacio de ámbito más artí­stico como PhotoEspaña, que en un festival como el reciente Cannes. Su cine se hace tan solo a partir de una cámara de video y los habitantes de un barrio marginal de Lisboa, en el que ha rodado la mayorí­a de sus pelí­culas. PhotoEspaña dedica ahora un ciclo en la Filmoteca Española a un director cuya manera de hacer cine estremece tanto como sus resultados.
Pedro costa (Lisboa, 1959) está considerado como uno de los autores más originales e idiosincrásicos del cine contemporáneo. Uno de los aspectos más llamativos de su obra es su singular manera de combinar cualidades del documental y de la ficción en la construcción de retratos sobre la vida cotidiana de gente que vive la marginalidad y la exclusión social. Así su cine se distingue por su particular construcción y la larga duración de sus planos, confiriéndole este estilo de narración serena tan propia del cine europeo, ese cine al que hay que prestar especial atención, en el que el contenido siempre pesa sobre la forma.
 
Pero, sobre todo, Costa destaca por su complicidad con los actores, nunca profesionales. Su relación con ellos se construye a base de tiempo a su lado, de ser cómplice y parte de sus propias vivencias. Así, los personajes de Vanda y Ventura (que se repiten en varias películas) construyen con su propia vida un espacio y un tiempo lejano al cine clásico y muy cercano, como el director mismo dice, a la realidad. Es en el barrio de Fontainhas, a las afueras de Lisboa, donde se han desarrollado varios de sus proyectos (Ossos, No Cuarto da Vanda y Juventude em Marcha), aunque su implicación con el barrio va mucho más allá del mero trabajo documental.
 
Costa acompaña a los habitantes del barrio de Fontainhas, desde que en 1994 visitara Cabo Verde para rodar la primera película que empezó a alejarlo de la industria, Casa de lava. Los que participaron en aquella película le dieron cartas para que las entregara a sus familiares, emigrados a Portugal y fundadores de las chabolas en ese rincón de Lisboa. De aquel cartero fortuito emergió un cineasta radical y comprometido, solitario y colectivista al mismo tiempo.
 
Sin embargo se abre un nuevo camino en el horizonte de Costa, marcado por la misma realidad que domina sus películas. Los habitantes de Fontainhas, a los que el director ha hecho “famosos” han sido desalojados y sus casas demolidas, hechos que también se vió obligado a retratar en sus filmes En el cuarto de Vanda y Juventud en marcha. Según el la influencia del cine francés dominará sus próximos trabajos, seguro que numerosos teniendo en cuenta la productividad de la que hace gala este cineasta, que cámara en hombro, emula al maestro Bertov a cada paso que da. De momento, podremos disfrutar de esta retrospectiva centrada en su prolífico trabajo en Fontainhas… y eso también cabe dentro de la fotografía.
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