Los Laboristas sufren una paliza histórica

Brown noqueado y contra las cuerdas

El Partido Laborista británico del primer ministro Gordon Brown ha sufrido su peor resultado electoral en unas elecciones europeas al quedar como tercera fuerza polí­tica en los comicios europeos.

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08-06-2009
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En Gran Bretaña, el gobierno laborista recibí­a ayer otra paliza en las urnas luego de su derrota en las municipales del jueves cuando las primeras estimaciones de las elecciones europeas lo situaban, al cierre de esta edición, en un histórico tercer lugar. De acuerdo a las cifras oficiales citadas por el diario londinense The Guardian, el partido del primer ministro Gordon Brown, noqueado por el escándalo de los gastos parlamentarios y con í­ndices de aprobación por el piso, habrí­a hecho ayer su peor elección desde la Segunda Guerra Mundial. En Gran Bretaña, el gobierno laborista recibí­a ayer otra paliza en las urnas luego de su derrota en las municipales del jueves cuando las primeras estimaciones de las elecciones europeas lo situaban, al cierre de esta edición, en un histórico tercer lugar. De acuerdo a las cifras oficiales citadas por el diario londinense The Guardian, el partido del primer ministro Gordon Brown, noqueado por el escándalo de los gastos parlamentarios y con í­ndices de aprobación por el piso, habrí­a hecho ayer su peor elección desde la Segunda Guerra Mundial.
El Partido Laborista británico del primer ministro Gordon Brown ha sufrido su peor resultado electoral en unas elecciones europeas al quedar como tercera fuerza polí­tica en los comicios a la Eurocámara. Solo han logrado un 15,3% de los votos, mientras que el Partido Conservador se ha confirmado como la fuerza con más apoyos, aunque no ha logrado incrementar su ventaja ya que obteniendo un 28,6%. Uno de los nuevos ministros del gabinete de Brown, Peter Hain, reconoció anoche que los resultados iban a ser "terribles".

Pero, más allá de la humillación de ser relegado al tercer puesto, la estocada vendrí­a, según numerosos analistas, por el avance generalizado de la extrema derecha, simbolizado no sólo por el segundo lugar de Ukip sino, además, por el primer escaño en su historia logrado ayer por el xenófobo y ultraderechista British National Party (BNP), que cosechaba un inquietante 7,5 por ciento. Pasada la medianoche británica, los ánimos entre los allegados a Gordon Brown eran pésimos. "Nos preparamos para unos resultados verdaderamente lamentables. Pienso que esto no deja lugar a dudas", se lamentó Harriet Harman, número dos del Partido Laborista, frente a la cadena BBC. En este marco, ayer parecí­an reforzarse los rumores que indican desde comienzos de la semana pasada que un grupo de al menos unos 75 diputados laboristas estarí­an preparando una petición para Gordon Brown en la que, por el bien del partido, le solicitarí­an que renuncie a su puesto y convoque a elecciones anticipadas, originalmente previstas para junio del 2010.

La petición, según fuentes gubernamentales anónimas citadas por The Observer, podrí­a ser presentada esta misma noche. Pese a todo, Brown reafirmó ayer su intención de no dejar el cargo en tiempos signados por crisis económica. "Nos mantendremos junto a los británicos", aseguró ante un grupo de seguidores.

Una nueva renuncia se produjo hoy en el gobierno de Gordon Brown. Se trata de la secretaria de Estado de Medio Ambiente, Jane Kennedy, que se sumó hoy a la serie de ministros y altos funcionarios britáticos que han abandonado sus cargos en los últimos dí­as. Según denunció un vocero de Kennedy, ésta fue despedida porque no garantizó su lealtad al primer ministro, pero fuentes del Ejecutivo insisten en que fue la interesada la que llamó al jefe del Gobierno para comunicarle su decisión. Además, Downing Street -despacho oficial de Brown- niega que se haya pedido a los altos cargos tal compromiso de lealtad.

La semana pasada, cinco ministros y varios secretarios de Estado se habí­an salido del gabinete de Brown , colocando al primer ministro laborista al borde del abismo polí­tico.
El primer ministro efectúa hoy un reajuste de las secretarí­as de Estado y otros puestos de menor rango del Gobierno después de haber sustituido el pasado viernes a varios ministros tras la dimisión de cinco de ellos en medio de divisiones internas.

Con esa remodelación, Brown quiso restablecer su autoridad, muy deteriorada tanto por la crisis polí­tica y parlamentaria que vive el paí­s como por los desfavorables resultados obtenidos en los comicios del pasado jueves, también en los europeos, en los que el partido gobernante fue superado por los conservadores y el anti-europeo UKIP.
El jefe del Gobierno se reúne esta tarde en la Cámara de los Comunes con el grupo parlamentario laborista, cuando, según varios medios, un grupo de rebeldes se dispone a publicar los detalles de una carta en la que se reclama a Brown que se vaya.

El primer ministro se mantiene en el poder gracias al apoyo de los barones del partido. Peter Mandelson, el gran Rasputí­n de la polí­tica británica, consiguió el jueves por la noche conjurar cualquier tentación de magnicidio y parar el golpe de la inesperada dimisión del ministro de Trabajo y Pensiones, James Purnell.

Los laboristas rebeldes siguen acumulando apoyos que vendrí­an de sectores afines al ex Primer Ministro Tony Blair. El martes se anuncia conclave Laborista, Con unos resultados tan catastróficos las cabeza de Gordon Brown estará servida. La batalla abierta dentro del Laborismo Britanico, esta llegando a unos niveles, tales que a Gordon Brown se le suceden las puñaladas de su propio gobierno con seis dimisiones en una semana. La fractura dentro del partido laborista es evidente. Hasta a Brown se le presentarí­an tres opciones: dar un paso al costado para dejar lugar a un sucesor; que es lo que quieren las facciones reveldes, defender su posición, o renunciar tanto a las riendas del partido y a las del paí­s, obligando a la reina a llamar a elecciones generales. Esta última opción es la que Brown harí­a valer para salvar su gobierno, contra los disidentes de su partido.

Porque, a la luz de la debacle de este fin de semana, es probable que pocas cosas asusten tanto a sus correligionarios como la posibilidad de nuevas elecciones. Por lo tanto, habrá que ver si la heterogénea alianza de los enemigos de Brown es capaz de neutralizar el instinto de supervivencia de sus colegas. Para Brown, el gran dilema serí­a gobernar durante los próximos 12 meses con un partido que ya no respeta su autoridad, en medio de una profunda recesión y ante la peor crisis de confianza en las instituciones jamás antes registrada en el paí­s.
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