Elecciones vascas 1 de marzo:

Derrotar al Régimen Nazi-fascista

No se trata de ejercitar la alternancia democrática, sino de aprovechar la oportunidad para derrotar en las urnas al Régimen nazifascista construido por los Ibarretxe, Arzallus y sus colaboradores

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06-01-2009
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El próximo 1 de marzo es mucho lo que hay en juego. No se trata de ejercitar la alternancia democrática, sino de aprovechar la oportunidad para derrotar en las urnas al Régimen nazifascista construido durante más de 30 años por los Ibarretxe, Arzallus y sus colaboradores; un paso clave en la lucha por liquidar el fascismo y el racismo en Euskadi.
 (EFE)
(EFE)
El próximo 1 de marzo es mucho lo que hay en juego. No se trata de ejercitar la alternancia democrática, sino de aprovechar la oportunidad para derrotar en las urnas al Régimen nazifascista construido durante más de 30 años por los Ibarretxe, Arzallus y sus colaboradores; un paso clave en la lucha por liquidar el fascismo y el racismo en Euskadi.






El hecho de que el País Vasco sea el único lugar de España –y de la Europa democrática- en la que son los opositores del gobierno los que se juegan la vida, no tiene como principal responsable a la banda terrorista ETA, sino al entramado de complementariedad con el terror forjado durante estos años por la línea nacionalista gobernante. Los sectores democráticos del PNV jamás han desautorizado las proclamas incendiarias del “alma” reaccionaria contribuyendo, con su “pragmatismo” y su “mirar hacia otro lado”, al fascismo cotidiano que padecen buena parte de los vascos. Desmantelarlo es una necesidad urgente y posible de conquistar en los próximos meses.
Se trata de un auténtico régimen nazi fascista por su complementariedad con el terror.
Utilizando a ETA para doblegar la voluntad de los vascos e imponer su proyecto de nacionalismo étnico y excluyente. Estrategia reconocida por el propio Arzallus con la famosa afirmación: “No conozco de ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan. Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas”.
Señalando a colectivos como “enemigos de Euskadi” que luego han sido objetivo de la banda o de la kale borroka de sus camisas pardas.
Afirmando la coincidencia de objetivos con ETA aunque no en los “equivocados” medios.
Tratando a los asesinos del tiro en la nuca como “presos políticos” o “luchadores vascos” y a los cachorros fascistas de la lucha callejera con el cariñoso “chicos de la gasolina”.
No en vano han declarado “no desear la derrota de ETA” y ésta ha considerado “complementaria” su estrategia con el hoy fracasado simulacro de Referéndum por la autodeterminación propuesto por Ibarretxe.
Un régimen que ha apoyado, sustentado y potenciado el caldo de cultivo para la “limpieza étnica”.
Utilizando el autogobierno vasco para, a través de múltiples organismos, financiar el entorno terrorista, sus actividades “políticas y culturales”, sus medios de comunicación, locales, desplazamientos…
Utilizando los medios públicos, TV, radio, diarios, para crear el caldo de cultivo que alimenta a ETA. Educando en el odio a España y lo español.
Orientando el sistema educativo para: difundir una concepción etnicista, plagada de tergiversaciones históricas que, en su delirio, presenta a España como opresora secular de los vascos y que pretende limitar el uso del castellano, considerada “lengua extranjera”.
Subvirtiendo los papeles de víctimas y verdugos. Condenando a las víctimas de ETA al silencio, la clandestinidad o el destierro. Labor a la que la Iglesia vasca ha contribuido cualitativamente de la mano de Setién y sus discípulos equiparando el sufrimiento de víctimas y verdugos.
Un régimen que ha conseguido secuestrar los derechos democráticos más básicos para la mayoría.
Porque la mitad de los vascos siguen sintiendo miedo de hablar de política en público y aún más de organizarse o participar en cualquier tipo de manifestación contraria al régimen.
Porque son más de 200.000 los exiliados por no comulgar con el credo oficial.
Porque significarse en la denuncia del nacionalismo excluyente es motivo de exclusión social, ser objetivo de los “borrokas” o incluso pasar a engrosar las listas de condenados a la “pena de muerte”.

Basta ya de que una línea totalitaria y fascista, racista y xenófoba se otorgue la verdadera representación de los vascos, usurpando la voz de todos los que se sienten parte de España y la de la mayoría de los votantes nacionalistas democráticos. El 1 de marzo se puede empezar a poner fin a esta situación derrotando a los nazifascistas que encabeza hoy Ibarretxe como paso previo para desalojarlos de los centros de poder que controlan.
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