EEUU reivindica en Normandia el triunfo contra el fascismo

¿Obama contra el revisionismo histórico?

Cualquiera puede comparar fechas y lugares y comprobar como tal versión -indiscutible so pena de ser tildado con el sambenito de "revisionista histórico"- no tiene nada que ver con los hechos.

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08-06-2009
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Como colofón de su gira, el presidente norteamericano quiso rendir homenaje a los caí­dos en el Desembarco de Normandia. Ante las 9.387 tumbas de Colleville-sur-Mer, Barack Obama pronunció un emotivo discurso, ensalzando la contribución histórica de su paí­s a la derrota de la Alemania nazi y al triunfo de la democracia sobre el fascismo. Los medios de comunicación europeos se han desgañitado a coro para magnificar aún más si cabe "la lucha del bien contra el mal" y el carácter decisivo de la batalla.
 Foto del Desembarco de Normandia el 6 de junio de 1944. No Copyright
Foto del Desembarco de Normandia el 6 de junio de 1944. No Copyright
Como colofón de su gira, el presidente norteamericano quiso rendir homenaje a los caí­dos en el Desembarco de Normandia. Ante las 9.387 tumbas de Colleville-sur-Mer, Barack Obama pronunció un emotivo discurso, ensalzando la contribución histórica de su paí­s a la derrota de la Alemania nazi y al triunfo de la democracia sobre el fascismo. Los medios de comunicación europeos se han desgañitado a coro para magnificar aún más si cabe "la lucha del bien contra el mal" y el carácter decisivo de la batalla.
"Es un mundo de diversas religiones, culturas y formas de gobierno en el que resulta difícil que una causa surja con poder suficiente para decir algo universal sobre los seres humanos. La II Guerra Mundial lo hizo", dijo Obama ante las miles de tumbas de los soldados norteamericanos que desde hace 65 años yacen en un pequeño pueblecito de la costa normanda. "Esa guerra fue esencial. La ideología nazi era el mal", dijo, y añadió: "vivimos en un mundo de creencias que compiten y de distintas versiones sobre cuál es la verdad", arremetiendo contra las manifestaciones de relativismo y revisionismo histórico que buscan socavar el decisivo papel del Desembarco de Normandía en el triunfo de la democracia.
 
Los medios de comunicación occidentales no han ahorrado tampoco palabras para ensalzar la hazaña liberadora de las tropas norteamericanas en las batallas de las playas `Omaha´ y `Utah´.  “El principio del fín del fascismo en Europa (…) Ningún lugar simboliza mejor que éste la generosa contribución norteamericana a la causa de la democracia (…) el significado que este lugar tiene como emblema del bien universal frente a la reconstrucción de la historia y el relativismo moral”, argumenta un importante periódico de nuestro país.
 
No es nada nuevo. Cada cierto tiempo, hemos de ver como el cine, la literatura o los informativos se esfuerzan en cantar loas a la famosa batalla, ciertamente la operación de transporte aeronaval más grande e importante de la historia. Pero ¿fue el Desembarco de Normandía el punto de inflexión de la II Guerra Mundial, el momento donde la contienda giró de sentido hacia la derrota definitiva de la Alemania nazi? ¿Fue EEUU el principal artífice de la victoria de la democracia contra el fascismo?.
 
Cualquiera puede coger los libros de historia para comparar fechas y lugares y comprobar como tal versión –indiscutible so pena de ser tildado con el sambenito de “revisionista histórico”- no tiene nada que ver con los hechos.
 
Cuando el 6 de junio de 1944 las tropas estadounidenses pisan las playas de Omaha y Utah, la Alemania nazi, ha pasado un año y medio desde que la imbatible máquina de guerra nazi ha sido capitulada en Stalingrado, y es el Ejército Rojo el que avanza a marchas forzadas hacia el oeste, haciendo retroceder constantemente a las tropas de la Wehrmacht.
 
¿Lucha abnegada por la libertad y la democracia?. La URSS había estado solicitando insistentemente desde finales de 1941 a las potencias occidentales –en particular a Washington, que entra en la guerra el 7 de diciembre- que abrieran un frente por el Oeste, mientras el pueblo soviético es arrollado -20 millones de muertos- en el avance a tierra quemada de los Panzer alemanes. Pero nada más lejos de la intención de Washington o Londres en ese momento: si Hitler acaba con la Unión Soviética socialista, hará gran servicio a las potencias “democráticas”, y la posibilidad de un ulterior pacto y reparto del mundo entre Washington, Berlín y Tokio es contemplado con gozo por influyentes sectores de la clase dominante yanqui (e inglesa).
 
Pero cuando el 2 de febrero de 1943 las guarniciones alemanas se rinden en Stalingrado, el signo de la guerra –hasta entonces un paseo militar para Hitler- cambia de signo. El rápido avance de las tropas soviéticas, y la fortaleza adquirida por las resistencias en diferentes países (Yugoslavia, Italia, Francia…), dirigidas por los partidos comunistas, pasan a ser el peligro principal para los planes norteamericanos. La perspectiva de un avance soviético que deje en manos de Moscú el inmenso potencial productivo de Alemania y que llegue hasta la costa Atlántica de Francia se convierte en la peor pesadilla de la Casa Blanca, y acelera –ahora sí- los preparativos del `Día D´.
 
Frente a todas las visiones edulcoradas y magnificentes de la intervención norteamericana en la II Guerra Mundial, la realidad es que EEUU entra en la guerra con el decidido objetivo de conquistar para sí el dominio político y militar del mundo, en detrimento del resto de potencias imperialistas.
 
Todos sus actos –antes, durante y después de la guerra- están presididos por este objetivo. Desde cómo entra en la contienda –consintiendo el ataque japonés a Pearl Harbor (cuando su inteligencia disponía de datos sobre el mismo) para arrastrar a su pueblo-, a cómo aprovecha las necesidades británicas para encadenar al Reino Unido bajo su dependencia, a cómo decide erigirse al rango de superpotencia, sentenciando la guerra. Dos bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, con un claro mensaje entre líneas: el destinatario no es un Japón ya derrotado, postrado y humillado, sino de nuevo el que EEUU sabe que será su nuevo gran rival en las décadas venideras: la URSS.
 
¿Obama contra el revisionismo histórico?. ¿Pero no sabemos que la historia la escriben los vencedores?
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