Crí­tica Cine

Desorientado como LOS GIRASOLES CIEGOS

Hermosas flores, perdidas de su luz. Poderosa imagen que define con rotundidad la represión y el terror que sufrió el pueblo español en la etapa siguiente a la victoria de Franco en la guerra.

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06-01-2009
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         Jose Luis Cuerda y Rafael Azcona representarán a España en los Oscar con su adaptación de la novela de Alberto Méndez.
 
         Me quedé profundamente desolado. Desolado como el paisaje que me contó esta película, una de tantísimas arrugas que surcan la piel de nuestros mayores. Nadie nos puede engañar: así fue, sobre todo el periodo que va del 36 al 45. Podrán hablar de hermanos contra hermanos, de que unos y otros se odiaban, etcétera. Pero sin lugar a dudas fue una brutal represión decidida y planificada para exterminar cualquier atisbo de oposición, por mínimo que fuera. Para después, como el general romano Escipión, que mandó cubrir de sal las ruinas de Cartago para que no volviera a crecer allí ninguna semilla de vida, instaurar un terror tan profundo en la población que no se atreviesen ni tan siquiera a hablar en voz baja.
           Uno de los aciertos de la película, es coger como historia principal la cuarta y última historia de la novela (ésta se compone de 4 historias o “derrotas” como las designa el autor). Ricardo es un escritor en busca y captura tras la victoria de los nacionales, que vive oculto en un zulo disimulado en su propia casa. Ayudado por  su mujer y su hijo, que simulan que ha muerto, la vida de estos se complica por la lascivia de un diácono ex-soldado y profesor del niño, que acosa a su madre descaradamente y peligra con descubrir el secreto al acercarse demasiado al entorno de la familia. Una situación que simboliza esa implacable represión con la que se instauró la dictadura, que daba carta blanca a cualquier autoridad civil, militar o religiosa para exterminar a cualquiera que les pareciera opositor sin necesidad de juicio alguno. El encierro total, el túnel sin salida, la triste impotencia que le impide hasta defender a su mujer de un miserable diácono casi adolescente, se reflejan en el yermo rostro de Javier Cámara, que se sabe muerto en vida.  
               La otra historia adaptada de la novela nos habla de un jovencísimo poeta que huye al monte para cruzar la frontera con su pareja embarazada (que en la película es la hija mayor de la anterior familia), casi a punto de parir. Otra familia sin futuro, otras vidas que florecen muertas por la cruel represión. La sensación de ahogo, de atmósfera irrespirable, aumenta en la sala con esta historia.
            Sin embargo, al salir del cine me faltó algo. Recapitulemos: La historia hace justicia al período inicial de la posguerra, una de las etapas mas negras y tristes de la historia de nuestro país. Pero, ¿porqué lo hicieron? Si te lo preguntas tras ver esta película, inmediatamente ves la imagen del odioso y lascivo diácono, encaprichado de la mujer de Ricardo. Odio, venganza, miseria moral. Sí, pero ¿con qué objetivo? Trabajar el doble, cobrar la mitad, aguantar el hambre, la miseria. Instaurar la más feroz opresión que permitiera a la oligarquía que apoyó al dictador exprimir sin límites a los trabajadores, esa es la historia de la que nadie quiere hablar, la verdadera historia de amasar beneficios descomunales a costa de la miseria y la sangre de la mayoría de la gente.
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