Selección de prensa nacional

No es sólo una crisis

Vivimos momentos de auténtica transformación en el sector del automóvil que van mucho más allá de la coyuntura actual, por dura que ésta sea

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07-06-2009
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Si la crisis financiera ya ha arrasado a la aristocracia de la banca de Wall Street, ahora el ojo del huracán pasa por Detroit. Dos de los tres grandes fabricantes se encuentran en suspensión de pagos y se disponen a emprender una reestructuración muy profunda que conllevará cierres de plantas y pérdidas astronómicas para acreedores y accionistas. Se acabaron el glamour, los salarios estratosféricos, los aviones corporativos... nada será igual en los barrios elegantes de la zona de Detroit. Como nada será igual en los suburbios obreros, donde el paro y la marginación crearán serias tensiones sociales y raciales.
 No es sólo una crisis
Si la crisis financiera ya ha arrasado a la aristocracia de la banca de Wall Street, ahora el ojo del huracán pasa por Detroit. Dos de los tres grandes fabricantes se encuentran en suspensión de pagos y se disponen a emprender una reestructuración muy profunda que conllevará cierres de plantas y pérdidas astronómicas para acreedores y accionistas. Se acabaron el glamour, los salarios estratosféricos, los aviones corporativos... nada será igual en los barrios elegantes de la zona de Detroit. Como nada será igual en los suburbios obreros, donde el paro y la marginación crearán serias tensiones sociales y raciales.

EL PAÍS.- En paralelo a esta fortísima oleada de concentración van saltando las marcas más débiles de ciertos grupos con problemas: Saab, Aston Martin, Jaguar, Rover, Chrysler, Opel, Hummer.... Han caído de sus grupos y vuelven o volverán a encontrar, con mayor o menor fortuna, nuevo acomodo en otras constelaciones de marcas. En este nuevo escenario, el salir de un grupo no es, ni mucho menos, un mal escenario. Mejor independiente que limitado.
 
EL CONFIDENCIAL.- . La salvación de Prisa pasa por fumar la pipa de la paz con el grupo mediático de los amigos de Zapatero, que son los que le han birlado los derechos del fútbol. Se come su orgullo y además acepta que Mediapro aparezca como la salvadora de Prisa, cuando, en el mejor de los casos, esta es sólo una verdad a medias
 
 
 
 
 
 
Opinión. El País
NO ES SÓLO UNA CRISIS
J. A. Bueno
 
Vivimos momentos de auténtica transformación en el sector del automóvil que van mucho más allá de la coyuntura actual, por dura que ésta sea. Se están dando firmes y decididos pasos hacia una industria más global y más concentrada, aunque con hueco claro para marcas independientes, al menos por algún tiempo.
 
De igual modo que la estabilización del sistema financiero global pasa por planes de apoyo y rescate a las entidades financieras, las economías avanzadas ponen todos sus medios a disposición del sector del automóvil, uno de los pilares del mundo industrializado. Un euro invertido en el sector tiene un efecto multiplicador de empleo y de riqueza difícilmente comparable a cualquier otro estímulo económico.
 
El futuro no lo conquista, en la actualidad, quien produce más barato, ni siquiera quien es más productivo, sino quien pueda asegurar la continuidad empresarial prestando (o donando) dinero. Quién -y cómo- va a controlar a los grandes fabricantes es la clave de un futuro todavía incierto. Cuando el factor capital vence al factor trabajo como ahora, los Gobiernos de los Estados ricos cobran un papel protagónico.
 
Si la crisis financiera ya ha arrasado a la aristocracia de la banca de Wall Street, ahora el ojo del huracán pasa por Detroit. Dos de los tres grandes fabricantes se encuentran en suspensión de pagos y se disponen a emprender una reestructuración muy profunda que conllevará cierres de plantas y pérdidas astronómicas para acreedores y accionistas. Se acabaron el glamour, los salarios estratosféricos, los aviones corporativos... nada será igual en los barrios elegantes de la zona de Detroit. Como nada será igual en los suburbios obreros, donde el paro y la marginación crearán serias tensiones sociales y raciales.
 
Si en Estados Unidos cunde el fracaso, en Europa hay, al menos, tres motores del cambio. En Alemania, la disputa entre las familias Porsche y Piëch determinará quién y cómo controlará el primer grupo europeo, que lleva camino de serlo también a escala planetaria. Venza uno u otro bando familiar, Volkswagen seguirá siendo fuerte, sólido, con 10 marcas que van desde los deportivos hasta los camiones y con capacidad de absorber marcas asiáticas o americanas. Eso sí, la evolución del control de la empresa desde septiembre de 2005 hasta hoy es digna de un serial todavía inconcluso. Se fortalece la alianza germano-rusa al entregar Opel el Gobierno alemán al entorno del primer ministro, Vladímir Putin. Y en Italia... bravo, bravísimo Marchionne.
 
Sergio Marchione está protagonizando el mejor ejemplo de lo que significa aprovechar las oportunidades que brindan las crisis. Asumió hace apenas cinco años la dirección de una Fiat totalmente en declive. Endeudada hasta más no poder, con el grupo accionarial familiar, los Agnielli, tocado por la desgracia, con un 20% en manos de General Motors, sin capacidad de reacción... hoy es el centro de un nuevo grupo global de automoción que ofrece la salvación a Chrysler, a Opel, a Saab, puede que hasta a PSA, con más imaginación y audacia que dinero. Sólo un genio latino con formación anglosajona podría pensar algo así.
 
Asia ha quedado en segundo término. Los japoneses no son nada dados a liderar operaciones corporativas, las compañías indias son pequeñas, salvo Tata, compañera silente de FIAT, y los chinos no han sido capaces de demostrar que su modelo oportunista sea convincente ahora cuando la estrategia a largo plazo es fundamental.
 
En paralelo a esta fortísima oleada de concentración van saltando las marcas más débiles de ciertos grupos con problemas: Saab, Aston Martin, Jaguar, Rover, Chrysler, Opel, Hummer.... Han caído de sus grupos y vuelven o volverán a encontrar, con mayor o menor fortuna, nuevo acomodo en otras constelaciones de marcas. En este nuevo escenario, el salir de un grupo no es, ni mucho menos, un mal escenario. Mejor independiente que limitado.
 
¿Y en España? Más allá de la concreción de los planes, lo más importante es que entre administraciones, fabricantes y sindicatos se está sabiendo comprar tiempo para avanzar y consolidar un sector que es vital para el presente y el futuro industrial y económico de nuestro país. El colapso de la economía global ha frenado en seco muchas aventuras exóticas de deslocalización, y ahora España vuelve a parecer un lugar razonable para invertir, especialmente desde que las administraciones lo ponen tan fácil y rentable. Hay mucho por hacer, hay que blindar el futuro de una Opel en manos rusas, debe reconstruirse el maltrecho sector del vehículo industrial, pero, sobre todo, no se puede pensar que siempre podremos comprar nuevas inversiones, sino que hay que aprovechar estos tres a cinco años de prórroga para mejorar, una vez más, la eficacia de nuestro sistema productivo. El más barato todavía volverá a amenazar nuestra industria más pronto que tarde.
 
Un repaso al sector de la automoción no puede obviar la técnica. Es importante, mucho, pero si algo le sobra al automóvil es tecnología e ingeniería. Uno de sus males es la permanente deflación a la que la misma industria se somete, ofreciendo más por menos... deflación estructural. Los fabricantes han encontrado en el medio ambiente un filón para encandilar a los políticos sensibles, pero si el coche del futuro será eléctrico, híbrido o biónico no importa. Lo más importante es que mientras no se invente un medio alternativo seguiremos usando una máquina que ha cambiado nuestros hábitos de vida.
 
Esta crisis pasará y después habrá otra, que también pasará... A falta de Marchionnes locales capaces de dar un golpe de genialidad, aspiremos a, cuando menos, quedarnos como estamos.
EL PAÍS. 7-6-2009
 
 
 
 
 
Opinión. El Confidencial
ZAPATERO PONE ORDEN EN EL AGIT-PROP SOCIALISTA
Jesús Cacho
 
Foto de familia en el diario El País, una de esas imágenes que dicen más que mil palabras. Cinco personajes, casi todos desconocidos para el gran público excepto el que se apalanca en el centro del retrato, retranqueado en actitud campechana, las manos en los bolsillos, apoyando la rabadilla en alguna discreta protuberancia de profundidad desconocida. Juan Luis Cebrián sonríe y parece estar pasándolo muy bien. ¿De qué se ríe Cebrián? Buen director de periódico, mediocre novelista y pésimo gestor de empresa, el hombre fuerte de Prisa ha llevado hasta el borde mismo de la suspensión de pagos al primer grupo de comunicación y entretenimiento de habla hispana, un imperio que hace apenas dos años parecía inalcanzable a cualquier avatar. En lugar de despedirle, los dueños del capital le han redoblado los poderes. Ignacio Polanco ha demostrado que por sus venas corre sangre de horchata, y su hermano Manuel ha jurado fidelidad al bandarra. Con su habilidad para escurrir el bulto, Cebrián ha señalado al apestado: Javier Díez Polanco, abandonado por sus primos y expulsado del grupo como culpable del desastre. 
 
Cebrián sonríe con la mueca del cínico acostumbrado a tragarse sables sin mover un músculo. A su lado en el retrato aparece José Miguel Contreras, primer ejecutivo de La Sexta (Mediapro), un hombre al que el de Prisa ha llamado de todo menos bonito en los últimos tiempos. Pelillos a la mar. Prisa y Mediapro son dos borrachos que, después de discutir durante horas en la barra del bar, deciden ayudarse en plena noche para poder llegar a casa. En realidad, ha sido un guardia muy principal quien les ha obligado a caminar abrazados, les abre el portal y les conduce al ascensor: se llama José Luis Rodríguez Zapatero. Dos cojos que flojean del mismo pie ideológico y padecen idéntico síndrome: no tienen un duro en el bolsillo. De modo que Cebrián se ha comido su orgullo y ahora se fotografía con quienes, a base de arrojo y caradura, le han puesto en evidencia. La salvación de Prisa pasa por fumar la pipa de la paz con el grupo mediático de los amigos de Zapatero, que son los que le han birlado los derechos del fútbol. Se come su orgullo y además acepta que Mediapro aparezca como la salvadora de Prisa, cuando, en el mejor de los casos, esta es sólo una verdad a medias.
 
Porque Mediapro hubiera entrado en suspensión de pagos –concurso de acreedores lo llaman ahora- el próximo septiembre, cuando hubiera tenido que empezar a hacer efectivo el pago de los derechos del fútbol a los clubes: 600 millones de euros –100.000 millones de las antiguas pesetas- por temporada, durante cinco temporadas. Demasiado para Roures. A arreglar el desaguisado de las finanzas de ambos grupos ha acudido raudo el Gobierno ZP. Se trata de salvar, reforzándolo, el aparato de agitación y propaganda del socialismo español, indispensable para seguir ganando elecciones a base de operaciones de ingeniería social dirigidas a cambiar el sistema de valores de una sociedad. En junio de 2005, el Ejecutivo, violando letra y espíritu de la Ley, autorizó la conversión de un canal de pago (el Plus) en otro en abierto (La Cuatro). Cinco meses después, otorgó un nuevo canal de televisión analógica (La Sexta) a sus amigos de Mediapro. Cansado de la arrogancia de Cebrián, el Presidente había decidido crear su propio grupo de comunicación. Tres años y pico después, con ambos en bancarrota, Zapatero decide intervenir y poner orden, vía Fernández de la Vega, que es la encargada de estas operaciones de cirugía. Basta de líos de familia. Y si antes se repartieron nuevos canales para “aumentar el pluralismo e incrementar la oferta” (sic), ahora se les obliga a fusionarse, se supone que por idénticos motivos.
 
La operación de “arrejuntamiento” ha tenido otros padrinos no menos poderosos, tal que el re-nuevo presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. Ejemplar, como siempre, la sociedad civil española: el hombre que abandonó el club por la puerta de servicio y con el rabo entre las piernas, ritorna vincitore dos años después sin elecciones y por aclamación. Ni una nota discordante. Solo ha faltado el aria de Aida cantada por la Callas. Pérez, como Laporta, necesita la pasta de la televisión como el comer. The show must go on. Ante la evidencia de que Mediapro iba a dejar a los clubes colgados de la brocha, Floro se ha reunido varias veces con Jaume Roures para urgirle a saldar sus diferencias con Prisa y firmar la paz. En el papel de go-between, Antonio García Ferreras, director general de La Sexta, el hombre que le lee los periódicos a ZP por las mañanas y que lleva meses reuniéndose con Pérez y Valdano para urdir el nuevo Madrid. El club blanco cobra 120 millones de euros por los derechos televisivos, una cifra importante aunque insuficiente para los fichajes galácticos que proyecta el nuevo mandatario, déficit que habrá que cubrir construyendo unas bonitas torres, con unos preciosos jardines ad hoc, en los terrenos donde hoy se levanta el Santiago Bernabéu en plena Castellana. Gallardón ya está advertido. Nueva operación especulativa a la vista.
 
Al margen de los sueños de grandeza de los chicos de Mediapro y su fantasmagórica Gol TV, lo cierto es que el fútbol de pago solo se puede ofrecer a través de Digital Plus, la plataforma capaz de aportar a los dueños del negocio la seguridad de poder sobrar, es decir, sacar la pasta a los abonados. Salvo el partido semanal en abierto, que obviamente no será el mejor, se acabó ver la final de la Champions gratis total. La guerra civil que se ha venido librando entre los dos bandos de la izquierda mediática nos había malacostumbrado. A partir de septiembre, quien quiera ver futbol del bueno tendrá que rascarse el bolsillo. Todos salen ganando, menos, naturalmente, los consumidores. Los amigos de Zapatero consolidan sus posiciones de poder y alejan el fantasma de la quiebra, mientras Prisa retorna al monopolio de concesión administrativa, la única filosofía de mercado que entiende. Digital Plus vuelve a tener valor. Ahora ya puede Cebrián pedir los 3.000 y más millones de euros que antaño reclamaba por la plataforma y que tantas risas ha provocado en la banca de negocios. ¡Oído cocina!, gritan en Telefónica.
 
Porque en este festival de nepotismo y arbitrariedad falta por aparecer cual Deus ex machina la primera multinacional española. Alguien tiene que pagar esta ronda, y ese alguien es Telefónica, la compañía dizque privada que en España está para un roto y para un descosido, desde financiar cátedras, de la mano de Covadonga O'Shea, para “impulsar la investigación en el sector de la moda y potenciar la formación de nuevos modistos”, hasta dar trabajo, es un decir, a los yernos de S.M. el Rey. El broche de oro, nunca mejor dicho, a esta gran operación política lo pondrá Telefónica comprando Digital Plus al Grupo Prisa, como reclama Cebrián, y por el precio que pide Cebrián. Con la sentencia del caso Tabacalera en los fogones judiciales, el margen de maniobra de César Alierta para resistirse a una seña de Moncloa se antoja más bien escaso. 
 
Operación política de altos vuelos, que consolida un nuevo emporio mediático al servicio de la “España de la Ceja”. Malas noticias para la derecha, que, ayuna de apoyos mediáticos, sigue sin enterarse de qué va esta vaina. Estamos ante una formidable concentración de poder mediático -que concluirá con la fusión de ambos grupos- y el práctico monopolio de la televisión de pago. Triunfo de Cebrián y progresiva pérdida de presencia de los Polanco, que se deshacen cual azucarillo. En lo que ZP respecta, utilización torticera del Poder en beneficio de los amigos, en un ejemplo más de la imparable deriva peronista de la democracia española. Las relaciones de amor-odio existentes entre ZP y Prisa son, en efecto, un calco de las que Kirchner mantiene con el Grupo Clarín. Una operación que tendrá consecuencias de futuro, al consolidar las opciones del gran trujamán leonés. En los últimos tiempos, las discrepancias entre Prisa y el Gobierno socialista han supuesto una corriente de aire fresco muy de agradecer en un país como el nuestro, tan acollonado a la hora de discrepar de la verdad oficial. El cierre de filas en la izquierda mediática blinda el aparato de agit-prop zapaterista y augura una nueva era glaciar en el invierno español de las libertades informativas.   
EL CONFIDENCIAL. 7-6-2009
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