Educación

Selectividad: criba o evaluación

La Selectividad ha de ponerse en función de la formación de los estudiantes, la evaluación de los centros, y de crear oportunidades

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07-06-2009
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Durante las próximas semanas, se examinarán de las pruebas de acceso a la universidad - Selectividad - más de 150.000 estudiantes de todas las comunidades, desde los madrileños a la cabeza, hasta los gallegos, que cerrarán la carrera pre-estival. Por lo menos para algunos. Un año más la Selectividad manifiesta de forma cristalizada los aspectos más ineficaces de nuestro sistema educativo. Durante las próximas semanas, se examinarán de las pruebas de acceso a la universidad - Selectividad - más de 150.000 estudiantes de todas las comunidades, desde los madrileños a la cabeza, hasta los gallegos, que cerrarán la carrera pre-estival. Por lo menos para algunos. Un año más la Selectividad manifiesta de forma cristalizada los aspectos más ineficaces de nuestro sistema educativo.
La nota que se obtiene en la Selectividad hace media con la obtenida en el Bachillerato para dar la que pugnará por permitir la entrada a los estudiantes en una carrera u otra. Pero todo esto en tres días y sin mayor conexión ni igualdad de oportunidades entre los diferentes centros. Aunque en la prueba salen adelante nueve de cada diez alumnos y cada vez los números son más flexibles por la reducción de la población universitaria – sin embargo aumentan el número de facultades y carreras -.

El primer problema es la propia relación con la nota. ¿Cómo puede valer lo mismo la calificación obtenida por un alumno durante tres años de su vida estudiando, que la que resulte de tres días de exámenes? Nada puede haber en contra de una pruebe que unifica, centraliza y objetiviza el conocimiento de los estudiantes. Y que además obliga a un esfuerzo de estudio general. Pero sí en contra de que su valor sea el mismo. ¿Qué se corre el peligro de la determinación de la valoración de los propios maestros del centro de origen?, póngase exámenes regulares cada seis meses o cada año. Fórmense inspectores-educadores que examinen en los colegios, públicos y privados que sirvan no sólo para evaluar a los alumnos y prepararlos para una prueba final de tres días, sino también para evaluar a los centros y a los profesionales, que son, el última instancia en quienes se deposita la confianza de su formación.

Y en segundo problema es la relación formar entre los contenidos de la prueba y los que se estudian durante los tres años. A parte de los cursos extraordinarios que se imparten en muchos centros solo para preparar la Selectividad, muchos reajustan los temarios para la selectividad el último mes, pues poco tienen que ver con los que se están impartiendo.

Por último, está el problema de los números clausus. Si bien es necesario hacer una selección, el problema nunca puede ser la cantidad de alumnos que acceden a esas facultades, sino la preparación, formación y disciplina que se exija para estudiar en él. Así debería habilitarse un ámbito de colaboración inter-educativa en el que las universidades participasen en la elaboración de la Selectividad, pudiendo los estudiantes elegir carrera antes de presentarse, haciéndolo entonces una parte general y otra particular a la carrera que se pretende estudiar.

La Selectividad ha de ponerse en función de la formación de los estudiantes, la evaluación de los centros, y de crear oportunidades para que cualquiera pueda aspirar a cualquier carrera. A partir de este presupuesto las iniciativas y soluciones son infinitas.
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