EE UU quiere poner orden en Oriente Medio

Obama y el discurso en el Cairo

Obama se enfrenta a una dura tarea, mientras trata de convencer a un Israel resistente y a paí­ses árabes escépticos de que hagan concesiones que podrí­an poner nuevamente en marcha el proceso de paz.

0
0 votos
05-06-2009
Publicidad
Obama ha llegado hoy a Alemania en su primera parada en Europa de su gira internacional tras su discurso de ayer en El Cairo especialmente dirigido al mundo musulmán. Además de la visita que el presidente estadounidense hará esta tarde al campo de concentración de Landsthul, ambos dirigentes han tratado asuntos como Oriente Próximo, Afganistán y Guantánamo tras la oferta de un "nuevo comienzo" que lanzó ayer desde Egipto; sin olvidar la crisis económica y la lucha contra el cambio climático. Ha destacado el anuncio de Obama de que se pueden alcanzar avances entre israelí­es y palestinos. "Todos estaban clavados en su postura, ni se podí­an sentar en la mesa. Por eso tení­amos la necesidad de relanzar el diálogo creando el marco para ello, porque Estados Unidos no puede resolver el problema solo. Son ellos los que tienen que tomar decisiones", ha afirmado antes de advertir de que algunas de ellas serán "difí­ciles". No obstante, "estoy seguro de que si nos mantenemos firmes, habiendo empezado pronto, podemos lograr algunos progresos serios este año", ha asegurado.
 Proveniente de El Cairo, donde pronunció un discurso para dar un giro a las relaciones entre el mundo musulmán y Estados Unidos, Obama llegó a Dresde (este de Alemania). (EFE)
Proveniente de El Cairo, donde pronunció un discurso para dar un giro a las relaciones entre el mundo musulmán y Estados Unidos, Obama llegó a Dresde (este de Alemania). (EFE)
Obama ha llegado hoy a Alemania en su primera parada en Europa de su gira internacional tras su discurso de ayer en El Cairo especialmente dirigido al mundo musulmán. Además de la visita que el presidente estadounidense hará esta tarde al campo de concentración de Landsthul, ambos dirigentes han tratado asuntos como Oriente Próximo, Afganistán y Guantánamo tras la oferta de un "nuevo comienzo" que lanzó ayer desde Egipto; sin olvidar la crisis económica y la lucha contra el cambio climático. Ha destacado el anuncio de Obama de que se pueden alcanzar avances entre israelí­es y palestinos. "Todos estaban clavados en su postura, ni se podí­an sentar en la mesa. Por eso tení­amos la necesidad de relanzar el diálogo creando el marco para ello, porque Estados Unidos no puede resolver el problema solo. Son ellos los que tienen que tomar decisiones", ha afirmado antes de advertir de que algunas de ellas serán "difí­ciles". No obstante, "estoy seguro de que si nos mantenemos firmes, habiendo empezado pronto, podemos lograr algunos progresos serios este año", ha asegurado.
Para Obama, "es el momento de actuar". "Estados Unidos no puede obligar a la paz entre las partes implicadas, pero lo que hemos intentado hacer es aclarar algunos de los malentendidos", ha explicado. Obama afirmó que "es el momento de actuar" para lograr una solución al conflicto en Oriente Medio que incluya la coexistencia de dos Estados, el israelí­ y el palestino. "No se puede obligar a la paz entre las partes implicadas, pero lo que hemos intentado hacer es aclarar algunos de los malentendidos". Explicó que Israel tendrá que aceptar la creación de un Estado palestino y renunciar a sus asentamientos en los territorios ocupados, pero también los palestinos deberán mejorar la seguridad, donde se han "logrado algunos progresos, pero no los suficientes" y atajar la corrupción.

El Departamento de Negociaciones de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) reveló hoy, tras el discurso de Obama, que el presidente de EE.UU. tiene previsto dar a conocer en los próximos meses un plan de paz para resolver el conflicto palestino-israelí­. La información, confirmada por el negociador jefe de la OLP, Saeb Erekat, también ha sido recogida por el diario "Al-Ayam", próximo a la Autoridad Nacional Palestina (ANP), aunque ninguna de las fuentes ha dado detalles sobre el contenido de la iniciativa que pretende presentar la Administración estadounidense.

Obama se enfrenta a una dura tarea, mientras trata de convencer a un Israel resistente y a paí­ses árabes escépticos de que hagan concesiones que podrí­an poner nuevamente en marcha el proceso de paz. El mes pasado fracasó tratando de convencer a Netanyahu, a que se comprometiera a una solución de dos estados o que detuviera el crecimiento de los asentamientos.

Con movimientos que fracasan en ambos frentes, los gobiernos árabes señalaron esta semana que no se puede esperar que vayan más allá del ofrecimiento existente, que data de 2002: que Israel normalice las relaciones con el mundo árabe a cambio de un Estado palestino dentro de las fronteras anteriores a 1975 y el regreso de por los menos algunos refugiados palestinos. Un tema relacionado es Irán. La Casa Blanca cree que puede manejar la gran preocupación entre los vecinos árabes respecto de Teherán (por la creciente influencia de esta última en la región y su búsqueda de armas nucleares), para acelerar el progreso en el frente israelo-palestino.

No hay forma de ocultar las diferencias entre la nueva administración de Obama y el gobierno Israelí­. Incluyen el tema de Irán y su ví­nculo con la cuestión israelí­-palestina. Netanyahu cree que los planes de Estados Unidos para dialogar con Teherán pueden demorar fatalmente la aplicación de la necesaria presión para evitar que adquiera armas nucleares. Obama se preocupa por que Israel pueda lanzar un ataque unilateral sobre Irán.

La Casa Blanca busca sentar en una misma mesa a todos los implicados en el conflicto de Oriente Medio para buscar una paz duradera que de estabilidad a la región. Obama tiene previsto dirigirse al mundo islámico en El Cairo, tras lo cual, en julio o agosto, se celebrarí­a una conferencia de paz multilateral, que implicara a las distintas partes del conflicto. No solo una reunión entre israelí­es y palestinos, sino que estos se sentarí­an a negociar con los israelí­es, los israelí­es con los sirios y también con los libaneses.

Lo dicho por el presidente estadunidense ayer en la Universidad de El Cairo no eliminará las inercias hostiles que persisten en contra de Estados Unidos y que no fueron provocadas únicamente por el gobierno de Bush hijo sino que han sido alimentadas durante décadas por una sostenida polí­tica de injerencias y agresiones militares. Tampoco cabe esperar aperturas súbitas ni procesos democratizadores en las naciones islámicas y árabes más cercanas a Washington y que son, significativamente, de las más antidemocráticas y totalitarias.

El hecho de que, en su primera visita al mundo árabe como presidente de Estados Unidos, Obama haya escogido visitar Arabia Saudita y Egipto, sus dos aliados estratégicos en oriente medio, dominados, respectivamente, por una monarquí­a autocrática y un régimen militar, que precisamente no son un dechado de virtudes democraticas,denotan el doble rasero y la hipocresia de el imperio a la hora de criticar e incluir en el eje del mal a Iran o tildar de terroristas a todos los que se oponen a los designios imperiales. Posiblemente el dato sea indicativo de las dificultades de transformar en el breve plazo una polí­tica de Estado que, en el caso de Washington, se ha significado, entre otras cosas, por su respaldo a algunas de las peores tiraní­as del mundo, a condición de que se mantengan alineadas a los designios geoestratégicos de la superpotencia.

Se precisa una aceptación de que el islam polí­tico es una fuerza muy grande en la región que no va a desaparecer con planes de democratización. Debe entablarse diálogo y negociación en vez de negar su existencia e igualarlo a terrorismo. Islam y nacionalismo son dos factores que se relacionan legitimándose. Con esos dos componentes ni los palestinos ni los iraní­es ni los chií­es libaneses cederán a los chantajes de Occidente.

"Los paí­ses en esta parte del mundo odian profundamente a EEUU porque han visto violencia, intervenciones militares y discriminación", dijo Jamenei en un discurso televisado con ocasión del 20 aniversario de la muerte del ex lí­der de Irán el ayatolá Ruhollah Jomeini. El nuevo gobierno de EEUU no podrá cambiar su imagen sólo con "palabras, discursos y eslóganes", dijo Jamenei, añadiendo que "hacen falta acciones."

Obama comprende que no será el primer presidente estadounidense que le exige a Israel detener los asentamientos en los territorios ocupados, y sobre todo que esos esfuerzos de EEUU para detener esa ocupación hasta la fecha no han dado ningún resultado. Al respecto, el primer ministro israelí­, transcurridas dos semanas después de su viaje a Washington, dio a entender que su Gobierno no renunciará a los asentamientos, aunque prometió que no construirá nuevos.

Y por lo visto, Obama está dispuesto a esperar, "la diplomacia es siempre un trabajo duro y prolongado que no siempre da resultados inmediatos", dijo Obama a la BBC al comentar las declaraciones de Netanyahu. A diferencia de Bush, por ahora el presidente Obama no ha fijado ningún plazo para la concertación de la paz en Oriente Medio, y los únicos que se ha permitido plantear están relacionados con Irán.

En su entrevista con la BBC, Obama expresó su confianza en que a finales del presente año se logrará un progreso en las negociaciones sobre el programa nuclear iraní­. Según sus palabras, Teherán debe estar interesado en renunciar a sus propósitos de fabricar armamento nuclear y este objetivo se debe lograr mediante el uso de una "diplomacia directa y rigurosa". No es un secreto que lograr este meta tan difí­cil para EEUU serí­a de gran ayuda obtener progresos sensibles en el proceso de regulación de la situación en Oriente Medio y no sólo en el frente palestino-israelí­, sino también en la problemática siria y libanesa. La normalización de las relaciones ente Washington y el mundo árabe en su conjunto, reducirá sensiblemente la influencia de Irán en Oriente Medio. De esta manera, las prioridades de Obama en Oriente Medio están sobre la mesa, falta por ver cómo podrá pasar de las palabras a los hechos, por supuesto, mientras que no engañe a sus socios o se engañe a sí­ mismo.

Washington se enfrenta a la posibilidad de que el polvorí­n de Oriente Medio explote a la menor chispa, cuyas consecuencias podrí­an ser imprevisibles pero nefastas para encrucijadas como la cuestión nuclear iraní­, la retirada de Irak, la reconquista de Afganistán o el rescate de Pakistán del caos. Ante una situación global de declive de su hegemoní­a, la superpotencia necesita perentoriamente no sólo pacificar el conflicto palestino israelí­, sino dotar a la zona de unas bases de estabilidad relativamente duraderas.


¿Qué te ha parecido el artículo?
Publicidad