EE UU impide resolución sobre Cuba en la OEA

El ausente el más presente

Desde 1962 cuando Cuba fue separada de la OEA, ninguna reunión de esa organización habí­a requerido de tantos esfuerzos diplomáticos ni despertado tanto interés como la Asamblea General

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03-06-2009
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Las caras sonrientes de la inauguración de la 39ª Asamblea General de la OEA duraron lo que llevó la ceremonia de apertura. No bien comenzó el debate sobre Cuba y su posible reingreso a la organización, la tensión se adueñó del Club Arabe, la sede elegida para la reunión en San Pedro Sula, Honduras. "No podemos irnos de esta asamblea sin reparar la infamia contra un pueblo", arrancó el anfitrión de la jornada, el presidente Manuel Zelaya. La derogación de la resolución que expulsó en 1962 al gobierno cubano se daba por descontada ayer entre los cancilleres y los tres presidentes presentes -Zelaya, el paraguayo Fernando Lugo y el nicaragüense Daniel Ortega-. En lo que no lograron ponerse de acuerdo fue en cómo serí­a la eventual vuelta de la isla a la organización hemisférica. Los diplomáticos más optimistas creí­an que hoy se llegarí­a a una resolución consensuada, pero no se animaban a predecir su contenido. Las caras sonrientes de la inauguración de la 39ª Asamblea General de la OEA duraron lo que llevó la ceremonia de apertura. No bien comenzó el debate sobre Cuba y su posible reingreso a la organización, la tensión se adueñó del Club Arabe, la sede elegida para la reunión en San Pedro Sula, Honduras. "No podemos irnos de esta asamblea sin reparar la infamia contra un pueblo", arrancó el anfitrión de la jornada, el presidente Manuel Zelaya. La derogación de la resolución que expulsó en 1962 al gobierno cubano se daba por descontada ayer entre los cancilleres y los tres presidentes presentes -Zelaya, el paraguayo Fernando Lugo y el nicaragüense Daniel Ortega-. En lo que no lograron ponerse de acuerdo fue en cómo serí­a la eventual vuelta de la isla a la organización hemisférica. Los diplomáticos más optimistas creí­an que hoy se llegarí­a a una resolución consensuada, pero no se animaban a predecir su contenido.
Sin acuerdo terminó este martes la primera jornada de Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) sobre la propuesta de derogación de la resolución que en 1962 expulsó a Cuba de Sistema Interamericano, luego que los cancilleres no coincidieron en puntos como la modalidad en la que se pretende hacer la acción ni en los términos que se deben utilizar. Luego de una intensa jornada de negociaciones que terminó a las 23h00 de Honduras, se logró al menos avanzar en el aspecto de que es necesario derogar el decreto de expulsión.

Uno de los pocos en dar declaraciones de lo ocurrido en el debate fue el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Celso Amorim, quien dijo que " por lo menos hay hoy una conciencia de que la resolución del 62 es un cadáver insepulto que tiene que ser enterrado. Me gustarí­a hacer un entierro democrático sin grandes pompas. Pero no ha sido posible".

Desde 1962 cuando Cuba fue separada de la OEA, ninguna reunión de esa organización habí­a requerido de tantos esfuerzos diplomáticos ni despertado tanto interés como la Asamblea General, que se ha efectuado en Honduras los dí­as 2 y 3 de junio. La razón es la misma aunque el sentido es inverso: antes se trataba de expulsar a la Isla y ahora de admitirla. Hubo consenso para sacarla y ahora lo hay para reingresarla. La primera vez Estados Unidos fue parte del problema y ahora no lo es de la solución.

Mediante una astuta jugada, a la vez que dan la razón a los paí­ses que abogan por la reparación de la injusticia contra la Isla, reconocen la legitimidad de las autoridades cubanas y presentan algo parecido a un espacio de encuentro, Estados Unidos manipula la situación al condicionar el supuesto dialogo a la aceptación por Cuba de la Carta Democrática Interamericana y trata de atraer a sus posiciones a paí­ses que si bien respaldan la reparación de la injusticia cometida contra Cuba, preferirí­an no entrar en contradicciones con Estados Unidos.

Como se vení­a adelantando en la última semana, ayer se presentaron tres posturas. La primera fue la de Estados Unidos. "No se trata de revivir el pasado; se trata del futuro al ser leales a los principios que fundaron esta organización", dijo, con mucha diplomacia, la secretaria de Estado Hillary Clinton. La representante de Barack Obama lanzó indirectas y habló con eufemismos hasta que finalmente dejó en claro que no aceptará la vuelta del gobierno cubano si se mantiene la situación actual de la isla. "Esa pertenencia debe venir con responsabilidades y nos debemos los unos a los otros estar a la altura de los estándares de la democracia y la gobernabilidad que trajeron tanto progreso a nuestro hemisferio", señaló.

Ecuador tomó la palabra. "Es la hora de ponernos al nivel de las demandas sociales de nuestros paí­ses o la historia dará cuenta de nuestras viejas instituciones, desapareciéndolas por obsoletas y por desconectadas de la realidad", aseguró el canciller Fander Falconi. A unos asientos de distancia, el canciller brasileño, Celso Amorim, escuchaba frustrado. Pidió la palabra y sugirió crear un grupo de trabajo más pequeño que se ocupe solamente del tema cubano. Habí­a que apurar los tiempos; la asamblea sólo dura 48 horas.

Esa es la estrategia del bloque ALBA. En los pasillos, los delegados de esos paí­ses recordaron que el gobierno de Castro no demostró ningún interés en volver a la OEA, por lo que no era necesario adelantarse y empantanarse con una discusión ahora. Según el reglamento de la única organización hemisférica, un paí­s debe solicitar a la Asamblea General que apruebe su ingreso (en el caso cubano, su reingreso).

"En el futuro veremos cómo Cuba vuelve. Quizá tendrá que pagar cuotas, discutir con la OEA los términos administrativos, pero nos estamos adelantando a los hechos. Queremos simplificar para evitar confrontaciones", argumentó el vicecanciller ecuatoriano, Lautaro Pozo, ví­a teléfono, desde Quito. A última hora, desde Venezuela, el presidente Hugo Chávez adelantó que su gobierno tampoco aceptará la propuesta norteamericana.

El problema de fondo es que la posición privilegiada de EE UU en Latinoamérica considerada por muchos inamovible hace unos años se tambalea. La situación de la crisis internacional, no ha hecho más que acelerar el proceso, de una tendencia que el frente antihegemonista ha impulsado en la última década. Lo cierto es que la agenda de Latinoamérica, si mantiene las pautas actuales, apunta a una reducción progresiva del peso de EEUU. Las crecientes relaciones con China y otras áreas del mundo (India, Rusia, Unión Europea), la profundización de la integración regional (que incluye jubilar al dólar) y el fortalecimiento del papel del Estado son los pilares que sustentan esta tendencia.

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