Tecnologí­a

El adictivo videojuego soviético

Se cumplen 25 años del lanzamiento del popular Tetris, surgido durante los últimos años de la Unión Soviética.

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03-06-2009
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Un sencillo rompecabezas matemático que marco un antes y un después en la, por aquel entonces, emergente industria del videojuego. Su popularidad se extendió como la pólvora por todo el mundo en muy poco tiempo, gracias a su adictiva sencillez y eficacia como ejercicio mental. Sin embargo pocos saben el esfuerzo que costó arrebatarle a los burócratas de la extinta Unión Soviética los derechos de este programa que habí­a creado uno de sus ingenieros en su tiempo libre. La potencia socialfascista daba sus últimos coletazos antes de inmolarse para reconvertirse en un paí­s capitalista al uso, pero eso no impedí­a que se siguieran vulnerando los derechos de la propiedad intelectual, ni utilizando excusas tan nimias como la de este videojuego para provocar tensiones internacionales en plena Guerra Frí­a.
 El adictivo videojuego soviético
Un sencillo rompecabezas matemático que marco un antes y un después en la, por aquel entonces, emergente industria del videojuego. Su popularidad se extendió como la pólvora por todo el mundo en muy poco tiempo, gracias a su adictiva sencillez y eficacia como ejercicio mental. Sin embargo pocos saben el esfuerzo que costó arrebatarle a los burócratas de la extinta Unión Soviética los derechos de este programa que habí­a creado uno de sus ingenieros en su tiempo libre. La potencia socialfascista daba sus últimos coletazos antes de inmolarse para reconvertirse en un paí­s capitalista al uso, pero eso no impedí­a que se siguieran vulnerando los derechos de la propiedad intelectual, ni utilizando excusas tan nimias como la de este videojuego para provocar tensiones internacionales en plena Guerra Frí­a.
Todo comenzó cuando Alexey Pajitnov, un investigador de inteligencia artificial de la Academia de Ciencias soviética de Moscú comenzó a programar con su nuevo ordenador, un Elektronika 60. Empezó a investigar con múltiples puzzles matemáticos, tanto para comprobar la eficacia de sus programaciones, como para simplemente entretenerse con ejercicios mentales que le apasionaban desde niño. De entre todos estos juegos uno le llamo la atención especialmente. Se trataba de ese curioso programa de encajar piezas formadas por cuatro bloques que descendían por la pantalla. No podía imaginar en ese momento que este juego le llevaría al exilio.
 
Tetris se hizo popular poco a poco, aunque Pajitnov  no cofiaba en absoluto en que su invento le fuera a reportar beneficios, ya que era propiedad del Estado soviético. Primero fue una versión para PC de 1985 la que se difundió a través de Europa del este, aunque rápidamente comenzó a circular por los países occidentales. Sin embargo todo cambió cuando la compañía japonesa Nintendo se “enamoró” del sencillo programa, y decidió dar la batalla para conseguir sus derechos, y ofrecerlo como reclamo del lanzamiento de su nuevo producto: la primera videoconsola portátil, Game Boy.
 
A partir de ahí comenzó el tortuoso camino para conseguir los derechos de este producto, que la Unión Soviética pretendía conservar a cualquier precio. Los rusos no tenían ningún interés en comercializar el juego ni en dar más cuerda a Pajitnov para que se pudiera aprovechar de su “superficial entretenimiento para capitalistas”, pero el editor de videojuegos holandés Henk Rogers, consiguió hacerse con la patente y venderla a Nintendo.
 
Rogers empezó a amasar fortuna con el éxito de ventas de Tetris, pero Pajitnov tuvo que esperar hasta 1996, cuando recobró sus derechos de manos del Estado ruso. Para entonces, el ingeniero ruso ya había tenido que marcharse de su país, por un lado por las presiones de sus superiores, pero también por encontrarse con la jugosa oferta que le realizó el gigante Microsoft para hacerse con sus servicios.
 
Rogers y Pajitnov se dedican hoy, 25 años después, a gestionar las nuevas versiones del videojuego, que sigue estando totalmente de actualidad, controlando estrictas cuestiones técnicas y estéticas, hasta incluso vigilando que se cumpla la obligación de mantener la sintonía musical original, una canción popular llamada Korobeiniki, que fue versionada en 1992 por el compositor de musicales Andrew Lloyd Webber.
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