Literatura

Nostalgia de Walser

En su última novela, "Doctor Pasavento", Vila-Matas convierte al escritor suizo, el autor favorito de Kafka, en su "héroe moral"

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01-06-2009
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Llevo unos cuantos dí­as "peleándome" con la última y prodigiosa novela del escritor barcelonés Enrique Vila-Matas, siguiendo los meandros, las vueltas y revueltas de su personaje en busca de su "desaparición", y poco a poco, va ganando sitio en la novela, apoderándose de ella, otro personaje, que no es tal, sino un escritor de verdad, el suizo Robert Walser, el escritor favorito de Kafka, que aquí­ se convierte en el "héroe moral" del narrador, y en un paradigma de escritor antitético al hombre público de letras hoy en vigor.
 Nostalgia de Walser
Llevo unos cuantos dí­as "peleándome" con la última y prodigiosa novela del escritor barcelonés Enrique Vila-Matas, siguiendo los meandros, las vueltas y revueltas de su personaje en busca de su "desaparición", y poco a poco, va ganando sitio en la novela, apoderándose de ella, otro personaje, que no es tal, sino un escritor de verdad, el suizo Robert Walser, el escritor favorito de Kafka, que aquí­ se convierte en el "héroe moral" del narrador, y en un paradigma de escritor antitético al hombre público de letras hoy en vigor.
Tras hacer infinitas menciones al escritor suizo a lo largo de las páginas de la novela, en la página 153 ("Doctor Pasavento", editorial Anagrama, colección Compactos) Vila-Matas condensa en un solo párrafo las razones por las que su personaje (un escritor que quiere "desaparecer") ha hecho de Walser su héroe moral. Dice:

"Volví a acordarme de Walser y de su permanente estado de sonambulismo. Un ser disociado de la vida común, destilando en soledad una literatura originalísima. Un hombre sin ambiciones. Un odiador profundo de de la grandeza pública, de esa obligación de tener que ser alguien en la vida, un odiador del poder. Un escritor que, al igual que el pastor eternamente dormido de los pesebres napolitanos, no se enteraba de nada, o bien simulaba no enterarse y ser ingenuo para hacernos intuir los trasfondos más impensados de las cosas. Un hombre modesto, conocedor a fondo de lo que era realmente retirarse y desaparecer de verdad. Alguien que seguramente sólo deseaba decir sus verdades sencillas antes de hundirse en el silencio. Para muchos alguien que escondía su angustia. Y para casi todo el mundo, un asombroso escritor que narraba con una absoluta y extrema ausencia intención. El secreto vencedor de una batalla contra las novelas de mensaje. Un creador que escribía para ausentarse".

Magnífica condensación de un "modelo" de escritor que al parecer está en vías de extinción. Quizás "Doctor Pasavento" sea su "canto fúnebre". ¿Quién es hoy un odiador de la grandeza pública? ¿Quién es un odiador del poder? ¿Quién rechaza de verdadero corazón "la obligación de tener que ser alguien en la vida", ese sentido del deber que el poder inocula en todos y cada uno? Walser no escribía para ser reconocido, ni laureado, ni recibir homenajes. Como el personaje de la novela de Vila-Matas, su mayor ambición era desaparecer: por eso se retiró en un momento dado de su vida en un manicomio suizo, y allí, un día de Navidad, se quedó recostado sobre la nieve, donde lo encontraron unos niños. Walser no quería que su literatura fuera pasto de un poder que abominaba: ese poder omnímodo que llegará a describir magistralmente su único "discípulo": Kafka, en novelas como "El proceso" o "El castillo". El pequeño Robert Walser: sin duda uno de los escritores esenciales del siglo XX.
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