El candidato reformista iraní­ acepta negociar el plan nuclear

Musavi mira a Occidente

Sectores régimen buscan aprovechar la mano tendida de EEUU y están dispuestos a hacer concesiones, con tal de que la superpotencia incluya a Irán en una nueva arquitectura de poder en Oriente Medio.

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01-06-2009
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"Mantener conversaciones con Estados Unidos no es un tabú para mí­", dijo hace antesdeayer Hossein Musavi, candidato que aspira a concentrar el voto reformista iraní­, después de que Jatamí­ renunciara en su favor. El principal rival de Mahmmud Ahmadinejad en las inminentes elecciones presidenciales del 12 de junio declaró además que, de ser elegido, Irán no abandonará su derecho a la tecnologí­a nuclear, "pero estamos dispuestos a dar garantí­as de que no pretendemos fabricar armas", precisó, y añadió "si salgo elegido presidente de Irán, continuaré el diálogo con el G-6". Tal posición contradice la postura oficial que hasta ahora ha mantenido Teherán, que la semana pasada descartó la necesidad de nuevas conversaciones con el llamado G5+1, los cinco miembros del consejo de seguridad -EE UU, China, Rusia, Reino Unido, Francia- y uno más: Alemania). Sin embargo, un giro tan abrupto de la polí­tica internacional de Irán debe ser autorizado por el lí­der supremo de la Revolución Islámica, Alí­ Jamenei, cercano a las posiciones del actual gobierno.
 ex primer ministro iraní­ y candidato a la presidencia, Mir-Hossein Mousavi. EFE
ex primer ministro iraní­ y candidato a la presidencia, Mir-Hossein Mousavi. EFE
"Mantener conversaciones con Estados Unidos no es un tabú para mí­", dijo hace antesdeayer Hossein Musavi, candidato que aspira a concentrar el voto reformista iraní­, después de que Jatamí­ renunciara en su favor. El principal rival de Mahmmud Ahmadinejad en las inminentes elecciones presidenciales del 12 de junio declaró además que, de ser elegido, Irán no abandonará su derecho a la tecnologí­a nuclear, "pero estamos dispuestos a dar garantí­as de que no pretendemos fabricar armas", precisó, y añadió "si salgo elegido presidente de Irán, continuaré el diálogo con el G-6". Tal posición contradice la postura oficial que hasta ahora ha mantenido Teherán, que la semana pasada descartó la necesidad de nuevas conversaciones con el llamado G5+1, los cinco miembros del consejo de seguridad -EE UU, China, Rusia, Reino Unido, Francia- y uno más: Alemania). Sin embargo, un giro tan abrupto de la polí­tica internacional de Irán debe ser autorizado por el lí­der supremo de la Revolución Islámica, Alí­ Jamenei, cercano a las posiciones del actual gobierno.
Aunque matizada –Musavi ha puesto como condición que “Estados Unidos cambie en la práctica su política hacia Irán"- la posición del líder reformista significaría un giro diametral al asunto que se ha convertido en el principal quebradero de cabeza para Washington en lo que se refiere a Irán: el plan nuclear. Musavi también en eso ha querido dejar claro que su país “nunca comprometerá su derecho a desarrollar la tecnología nuclear", y que la reanudación de las negociaciones con las potencias occidentales se limitará a dar garantías de que el uranio enriquecido que ya produce el país persa se utiliza con fines civiles y pacíficos y no militares.
 
 
 Pero a pesar de las limitaciones de su promesa, las cancillerías occidentales y sus medios de comunicación ansían la victoria de Musavi tanto como temen una reelección de Ahmadinejad, y amplifican cualquier declaración de los reformistas.
 
 
Sin embargo no está aún nada claro que, en el caso de ganar las elecciones, que se presentan muy reñidas, Musavi pueda cambiar tan drásticamente la política internacional del régimen de los ayatolás y su transparencia ante en proyecto atómico. Según la Constitución iraní, decisiones de semejante rango corresponden a un cargo no electo: el líder del Consejo de los Guardianes de la Revolución, hoy en manos del conservador Alí Jamenei. Musavi tendrá que consensuar los cambios que propone con sus rivales políticos, y tal cosa no se antoja sencilla, dado lo opuesto de sus postulados.
 
 
Desde su ascenso a la Casa Blanca, el presidente norteamericano, Barack Obama ha insistido en “tender la mano” a cambio de que Teherán “abra su puño”. Aunque estos últimos meses Ahmadinejad ha mostrado una actitud receptiva –aunque llena de recelo- con los mensajes de la Casa Blanca, se ha cerrado en banda ante cualquier posibilidad de que las potencias occidentales puedan interferir en el programa nuclear, lo cual ha hecho que la respuesta de Washington se haya ido endureciendo gradualmente.
 
 
Dos líneas se abren ahora para Irán. La línea dura ha dado resultados más que notables y ha logrado que el país escape al cerco norteamericano, multiplicando su influencia en la región y en todo el mundo. Pero la oportunidad de normalizar las relaciones con una superpotencia en declive y con unos modos más suaves, unida a las dificultades económicas de un Irán sometido a un largo embargo, impulsan a poderosos sectores de la clase dominante iraní a buscar un cambio de línea. Estos sectores de la clase dominante y del régimen buscan –sin renunciar a los pilares de la soberanía e independencia- aprovechar la mano tendida de EEUU y están dispuestos a negociar y hacer concesiones, con tal de que la superpotencia incluya a Irán en una nueva arquitectura de poder en Oriente Medio y el mundo.
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