El Observatorio

La caí­da de un mito

El desmoronamiento de General Motors, verdadero sí­mbolo del poder americano, marca la pauta de la crisis y de la pérdida de poder de EEUU

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29-05-2009
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Si los "sí­mbolos" tienen siempre un significado, la desaparición de esos sí­mbolos también lo tiene. La enorme crisis que padece estos dí­as uno de los grandes mitos del poder económico americano, si no el mayor, la todopoderosa General Motors, que durante 77 años consecutivos fue el mayor productor mundial de automóviles y el lider mundial en ventas, es un contundente mensaje sobre las dimensiones cataclí­smicas de la crisis en la que estamos, pero también sobre la forma en que esta crisis va a redefinir, a la baja, el poder de Estados Unidos en el mundo.
 La caí­da de un mito
Si los "sí­mbolos" tienen siempre un significado, la desaparición de esos sí­mbolos también lo tiene. La enorme crisis que padece estos dí­as uno de los grandes mitos del poder económico americano, si no el mayor, la todopoderosa General Motors, que durante 77 años consecutivos fue el mayor productor mundial de automóviles y el lider mundial en ventas, es un contundente mensaje sobre las dimensiones cataclí­smicas de la crisis en la que estamos, pero también sobre la forma en que esta crisis va a redefinir, a la baja, el poder de Estados Unidos en el mundo.
Sea cual sea la solución que definitivamente adopten las autoridades norteamericanas (ya sea la nacionalización total o parcial, ya sea aceptar la quiebra o la suspensión de pagos: todo esto se está negociando en estos momentos a contrareloj, entre enormes presiones y tensiones que cruzan el Atlántico), la crisis de General Motors va a marcar probablemente un antes y un después en la historia del poderío industrial americano, y es, a la vez, un signo del declive imparable de Estados Unidos.

Creada hace cien años, en 1908, en plena etapa de cimentación de las bases del nuevo poderío económico norteamericano, el gigante de Detroit se convirtió, junto a su rival y competidor, Ford, en todo un símbolo de los nuevos Estados Unidos. En los años treinta ya ocupaba el liderazgo mundial en ventas de automóviles, no sólo en el mercado americano sino en todo el mundo. Algunos de sus marcas adquirieron resonancias míticas, como Chevrolet. En su fase más expansiva, en los años sesenta y setenta, llegó a ser la empresa con más empleados de Estados Unidos: más de 600.000. Hasta que el año pasado fue superada por la japonesa Toyota, mantuvo durante 77 años ininterrumpidos el liderazgo mundial en la venta de automóviles en todo el mundo.

Pero desde hace ya casi dos décadas, su posición se ha ido debilitando paulatinamente y ha sido incapaz de hacer frente a la competencia: en 2007, sus cuentas reflejaban pérdidas por valor de 38.700 millones de dólares, las mayores de la historia de la industria automovilística. Entre el año pasado y lo que va de éste, General Motors ha necesitado inyecciones de dinero público cercanas a los 20.000 millones de dólares, simplemente para poder cubrir los costes operativos y pagar a sus distribuidores. En junio recibirá otra ayuda, ya aprobada, de 7.5000 millones. Y si, al final, no declara la suspensión de pagos, aún recibirá otros 50.000 millones del Tesoro americano. Estamos hablando, pues, de un moribundo que sobrevive con “respiración asistida”: o utilizando un lenguaje que se ha hecho habitual en EEUU, en relación a sus bancos, un verdadero “zombie”.

Un gigante que, además, se cae a pedazos. El pasado miércoles, General Motors acordaba desvincularse totalmente de la que hasta hoy ha sido su poderosa filial en Europa, la Opel, dejando así camino libre a un posible comprador. No sólo el Gobierno alemán (la mitad de las fábricas de Opel en Europa están en Alemania), sino la propia Bruselas, ha tenido que tomar cartas en el asunto, y seguramente se celebrará todo un encuentro de ministros europeos para discutir las distintas opciones existentes a fin de salvaguardar su supervivencia.
Algo muy similar podría ocurrir próximamente con las marcas Vauxhall y Saab, también absorbidas en su día por General Motors y ahora en venta.

Aunque la crisis del gigante automovilísto americano es, sin duda, un grave “varapalo” para una economía que afronta una crisis de dimensiones hasta hoy impredecibles, no será sólo un “golpe económico” el que va a sufrir EEUU. General Motors es como la Coca-Cola o como Hollywood, todo un mito, todo un símbolo del poder de EEUU, una expresión de su hegemonía mundial, un emblema del Imperio. Su “caída” no marca sólo un traspiés económico, un doloroso revés, sino que simboliza como ningún otro dato del presente, el declive del poder de EEUU. No es lo mismo los EEUU con la General Motors, que EEUU sin la General Motors. La caída de ese “emblema” no es como la retirada de otros. Es como quitar uno de los pilares de sostén de un rascacielos, ¿cuánto tiempo aguantará en pie?
 
 
 
 
 
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