Reportaje

Fujimori, el «Drácula» del Perú (I)

*Ex-presidente condenado por criminal:* *el japonés enjaulado*

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29-05-2009
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Este es un reportaje de Cristina Castello sobre la figura de Fujimori que nos manda un lector. Cristina Castello es poeta y periodista, bilingüe (español-francés) y vive entre Buenos Aires y Parí­s. Este es un reportaje de Cristina Castello sobre la figura de Fujimori que nos manda un lector. Cristina Castello es poeta y periodista, bilingüe (español-francés) y vive entre Buenos Aires y Parí­s.
      Fue un presidente constitucional *de facto. *Y este
contrasentido no es metáfora. En el Poder del Perú desde 1990 hasta el 2000,
fue tirano y criminal. Así lo declaró la Justicia el pasado 7 de abril, y lo
condenó a 25 años de prisión, por crímenes de *lesa humanidad* y corrupción.
Fue uno de los instrumentos necesarios para que los USA impusieran el
neoliberalismo a ultranza en los ’90, uno de los antecedentes de la crisis
mundial. «Drácula» no dejó ningún supuesto *enemigo, *sin torturar. Ni
siquiera su primera esposa, Susana Higuchi, se salvó de esa *gracia*. La
madre de sus tres hijos declaró que fue martirizada no menos de 500 veces,
por orden de su esposo, el presidente constitucional.

             Imposible hablar de Fujimori, sin mencionar al presidente
actual del Perú, Alan García Pérez, ya se verá. El pájaro enjaulado no se
privó de cometer barbaries, ni de decir mentiras. Justo cuando debía exponer
su programa de gobierno en la Semana Santa del ’90, dijo que se había
intoxicado con bacalao. Apodado «El Chino», se rebautizó «Chinochet» en *
honor* a uno de sus *colegas *de genocidios, Augusto Pinochet. Habló o calló
según sus conveniencias.  Pero sobre todo, asesinó.            Furia
devoradora por el Poder, para ganar las elecciones, escandalizó al Japón
cuando —grotesco— hasta bailó un vals en la televisión. Después, el actual
mandatario Alan García, siguió su *ejemplo. *Para ganar los votos de la
juventud, su figura obesa danzó frente a las cámaras, al compás del reggaetón.
A los gobernantes asesinos del Perú les gusta bailar.

             Tan hábil para matar como para arropar su cobardía, consiguió
súbitamente la nacionalidad japonesa y huyó a Tokio, en noviembre de 2000.
Fue cuando se descubrió la red de corrupción, de la que formó parte,
encabezada por el entonces jefe de los Servicios de *Inteligencia *(SIE) e
informante de la CIA norteamericana*, *Vladimiro Montesinos, personaje tan
abyecto como su *jefe, *y a quien la justicia universal –que asoma, a veces—
quiere ver en prisión.

             Desde la ciudad sede del gobierno de Japón, el evadido renunció
a la presidencia,* *en noviembre de 2000 de una manera inaudita. Envió un
fax y... ¡ya está! Caramba qué *originalidad, * inédita incluso en los
anales de las felonías, que consuma el hombre cuando está en el Poder. Y fue
más lejos: por temor de que la flamante ciudadanía japonesa no fuera
suficientemente segura para ampararlo de la ley, se postuló al congreso
nipón; buscaba la inmunidad parlamentaria.  Después, y con el propósito de
presidir de nuevo el Perú, regresó vía Chile, donde fue hecho prisionero, y
finalmente extraditado.

             Ahora, condenado por la justicia peruana y en prisión, en el
mundo se lo conoce como el *reo *Fujimori. ¿O acaso hay que apelar a
eufemismos, cuando el sacrilegio es el *terrorismo de Estado*, nada más y
nada menos*? *Es un *reo*, otro más.

             No tiene traje a rayas, ni está marcado con un número, como las
víctimas de los campos de exterminio, o como los seres que él ordenó
lacerar; o como estuvieron tantos otros cuyas muertes decidió. Al contrario,
tan furioso como gélido, aún detrás de las rejas sigue queriendo imponer su
siembra de muerte, hambre y desolación, a través de una de las hijas de la
madre martirizada por orden de su papá. Keiko Fujimori, su *bebé, * lleva la
antorcha de sombras que su padre le legó, y la esgrime como bandera en su
candidatura presidencial.

             «Chinochet» saldrá de prisión en el 10 de febrero de 2032.  Nacido
en 1938, tendrá 94 años: ¿llegará? ¿Llegará a esa edad, y llegará a cumplir
la condena, que el presidente actual lucha por burlar para que su cómplice
recupere la libertad?

             Los cargos que la Justicia probó, fueron los crímenes de lesa
humanidad en Barrios Altos y la Universidad de la Cantuta, y el secuestro
agravado al periodista Gustavo Gorriti y al empresario Samuel Dyer. Masacres
que implicaron torturas y genocidio, el asesinato de 25 personas, entre
ellas un niño de 8 años, bajo el fuego asesino de un escuadrón de la muerte.

             El trabajo impecable de los tribunales peruanos, es un  hito en
la historia de la América morena. De hecho, algunos militares argentinos
fueron condenados, y también Pinochet en Chile, quien estuvo prisionero en
su domicilio, en razón de su edad avanzada. Pero, de los tres, el de
Fujimori es el único caso de un presidente que habita, por fin, en una
mazmorra, habiendo sido elegido por el voto ciudadano, aunque después haya
ejercido un gobierno de facto.

             Él aúlla  que apelará, para no purgar sus crímenes; y no sólo
ante las instancias habituales de la Justicia; también ante la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, la misma que antes le parecía
terrorista. Otra es la cuestión del «Cuarto Poder» —los medios más
influyentes—: en realidad, un *poder de cuarta, *con la suma de poder; entre
los cuales hay un caso paradigmático, a propósito del fallo para
«Chinchonet».
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