Dato del dí­a

¿Sabes que el 75% de las exportaciones españolas se dirigen únicamente a 6 mercados que suponen el 5% de la población mundial?

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29-05-2009
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Cambiar el modelo de desarrollo que ha venido siguiendo la economí­a española en las últimas décadas exige, como propone nuestra candidatura, DE VERDAD CONTRA LA CRISIS, acabar con su dependencia cautiva de unos pocos mercados. Dependencia que provoca que nuestro tejido productivo esté orientado y sometido a las necesidades de esos pocos mercados y sea, por tanto, incapaz de mantener una balanza comercial favorable -o al menos equilibrada- con el resto del mundo. Lo cual, a su vez, se convierte en uno de los factores que agrava nuestra dependencia de la financiación exterior, una de las losas más pesadas que sufre nuestra economí­a. Cambiar el modelo de desarrollo que ha venido siguiendo la economí­a española en las últimas décadas exige, como propone nuestra candidatura, DE VERDAD CONTRA LA CRISIS, acabar con su dependencia cautiva de unos pocos mercados. Dependencia que provoca que nuestro tejido productivo esté orientado y sometido a las necesidades de esos pocos mercados y sea, por tanto, incapaz de mantener una balanza comercial favorable -o al menos equilibrada- con el resto del mundo. Lo cual, a su vez, se convierte en uno de los factores que agrava nuestra dependencia de la financiación exterior, una de las losas más pesadas que sufre nuestra economí­a.
 
Esta dependencia cautiva del modelo productivo español entraña una doble relación.
 
Por un lado, una parte importantísima de él está diseñado y construido para satisfacer las demandas de las principales potencias europeas, de las cuales sólo 5 (Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, y el Benelux) absorben prácticamente el 60% de las exportaciones españolas.
 
Pero además, por el otro lado, se estima que las empresas extranjeras con filiales en España eran responsables a finales de 2006 de, al menos, el 40% del volumen total de exportaciones españolas.
 
Es decir, por un lado producimos para exportar lo que los mercados de estas potencias necesitan. Pero al mismo tiempo, gran parte de esta producción está a su vez en manos de las multinacionales y del gran capital de esas mismas potencias-
 
En ningún otro sector económico esta doble relación de dependencia es tan evidente como en el sector del automóvil.
 
España es el séptimo mayor fabricante de automóviles del mundo y en 2007 produjo 2,9 millones de vehículos. El sector automovilístico es, en su conjunto, la primera industria nacional. Representa más del 7% del PIB, el 19,1% de las exportaciones, y ocupa, junto a su industria auxiliar, al 10% de la población activa. Pero vistos así los datos, no pasan de ser un puro espejismo. Atendiendo sólo a ellos nos haríamos una visión parcial, incompleta y distorsionada de la realidad.
 
Porque en realidad, el 100% de su fabricación –y por tanto de los beneficios que genera– está en manos del capital extranjero, de las grandes multinacionales mundiales de la automoción.
 
Siendo España uno de los principales fabricantes mundiales de coches, atesora sin embargo una balanza comercial negativa en el sector que no ha cesado de crecer en los últimos años.
 
Mientras que cerca del 85% de los vehículos que fabricamos (fundamentalmente concentrados en los segmentos de gama media y media-baja) se destinan a la exportación (y el grueso de ellos se venden a Francia, Italia, Reino Unido y Alemania), España se ve obligada a importar una buena parte de su parque automovilístico (los vehículo de gama alta y media-alta) de los centros de producción con más valor añadido del centro de Europa.
 
Lo que crea la extraordinaria paradoja de que a pesar producir cada año casi 5 veces más de los vehículos que consumimos, nuestro país tiene un saldo negativo de más de 70.000 millones de las antiguas pesetas en la balanza comercial de importación-exportación de vehículos.
 
Pero además, dentro del proceso global de fabricación de automóviles, las casas matrices en Europa o EEUU deciden que modelos se fabrican en España y cuales se reservan, guardando para sí las partes del proceso de producción más cualitativas y que más valor añadido producen: vehículos de gama alta, investigación e innovación, desarrollo tecnológico, diseño,... Lo que a su vez significa para la economía española más pagos por patentes y royalties.
 
Para los grandes monopolios del automóvil, estos lazos de dependencia suponen formidables beneficios. Por un lado ocupando la cuota de mercado que correspondía a las empresas españolas en el mercado interno. Por otro construyendo una plataforma productiva de bajo coste –el impacto de los salarios en el coste de los vehículos descendió desde el 17,1% en 1988 al 9,6% en 2000 y todavía hoy el salario medio en España sigue siendo un 40% inferior a la media de la UE de los 15– con la que inundar los mercados europeos con sus mercancías. Pero es más que dudoso que este sea un negocio de futuro para España. ¿Estamos seguros de que vamos a poder seguir compitiendo en ese sector cuando las grandes industrias asiáticas empiecen a comer más aceleradamente el mercado mundial a las europeas y norteamericanas?
 
Esta dependencia -que sigue en importancia a la dependencia de la financiación exterior- es el segundo gran lastre para que la economía española pueda salir rápidamente de la crisis y acabar con el paro. Construir un nuevo modelo productivo exige ampliar y diversificar los mercados a los que nos dirigimos.
 
Es totalmente absurdo que en un planeta de 6.000 millones de habitantes, en el que cada año se incorporan decenas de millones de nuevos consumidores, nosotros nos dirijamos de forma casi exclusiva a un pequeño número de mercados que apenas llegan a representar el 5% de la población mundial.
 
Es igualmente absurdo que, poseyendo nuestro país condiciones para estar presente en mercados emergentes y de futuro como Iberoamérica, Oriente Medio o el Norte de África, nuestra presencia en ellos sea insignificante. Igual que lo es el que no tengamos ninguna presencia comercial en el que lleva camino de convertirse, en el curso de sólo unas pocas décadas, en el mayor mercado mundial: el continente asiático.
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