Libertad lingüí­stica

Fala-cia (2ª parte)

Sólo se me ocurre una manera lí­cita de defender una lengua. Hablándola y escribiéndola. No se puede hacer nada más efectivo que eso...

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27-05-2009
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No se puede hacer nada más efectivo que eso (nos decí­a ayer Sergio Saavedra en su artí­culo) y nadie puede hacer, además, nada más que eso.En todo caso un poco de pedagogí­a, un poco de proselitismo más o menos entusiasta. Pero todo lo demás, pretender que tu interlocutor te responda en tu lengua y no en la de él, regular un porcentaje mí­nimo de materias en la enseñanza que deban ser impartidas en un idioma determinado, restringir el ámbito de uso de un idioma en la administración para favorecer el uso de otro "más débil", es sencillamente una IMPOSICIÓN. No se puede hacer nada más efectivo que eso (nos decí­a ayer Sergio Saavedra en su artí­culo) y nadie puede hacer, además, nada más que eso.En todo caso un poco de pedagogí­a, un poco de proselitismo más o menos entusiasta. Pero todo lo demás, pretender que tu interlocutor te responda en tu lengua y no en la de él, regular un porcentaje mí­nimo de materias en la enseñanza que deban ser impartidas en un idioma determinado, restringir el ámbito de uso de un idioma en la administración para favorecer el uso de otro "más débil", es sencillamente una IMPOSICIÓN.
    También hay padres (pobres hijos), los conozco de los dos bandos, quequisieran que sus hijos fuesen escolarizados íntegramente en una sola lengua.No seré yo quien defienda esa postura que a priori parece tanecuánime. Sólo imaginar un aula en la que esté prohibido pordogma hablar o escribir cualquiera de las dos lenguas me produce angustia. Sirva portanto este razonamiento para mostrar mi repulsa a la incipiente idea desegregación. A mí lo que me gustaría es que las aulas separeciesen lo máximo posible al mundo real. Si un profesor hablahabitualmente gallego en la calle pues que lo hable igualmente en el aula yviceversa. Así de simple, así de sencillo, así de pecaminosotodos juntos y revueltos como en la mismísima calle. Esto sin embargo, a día de hoy, es anatema. Más bien vamos por elcamino de separar a los puros de los impíos. No me preguntéis porqué, no lo sé. Pero lo cierto es que legamos a nuestros hijos nuestrosprejuicios más puritanos como si se tratase de virtudes. Lo que se esconde detrás de toda esta locura, transitoria o no, es elsacrosanto principio nacionalista de la “IDENTIDAD NACIONAL”.Amén, alabado sea El Señor.Qué sería yo sino fuese por la nación, quiénsería sin esa tribu que con tanto amor me limita para conformarme, para darmeun verde lugar en el mundo, ¡pobres de aquellos que nacieron fuera del mapa!que diría Castelao. Sin embargo, ¿ cómo nacer fuera del mapa?,¡pobre de aquellos que confunden la cartografía con laideología!. Y ya puestos confunden la nación con el pueblo, la patriacon el estado y a los ciudadanos con el ejercito. Los hay incluso que me confunden amí con un señor de derechas.
 
Y así va como va. No obstante se hace necesario, desgraciadamente, hablar de la nación. Y hayque ser claro y objetivo en esto porque es la raíz del problema, lo cual nopuede ser más lógico, porque cualquier nación es un problemapara alguien que como yo no pretender ser un patriota sino un ciudadano. Seréclaro entonces, la única nación española es España. Loes desde el punto de vista jurídico, político, geográfico ehistórico. Y ni es culpa ni mérito de nadie, pero es la resultante detodo un proceso que se inició sin pedirnos permiso y nos trajo aquí.Este resultado a mí tampoco me gusta y lo cambiaría, no en el sentidonacionalista de aumentar las naciones y caminar a la impecable nación denaciones o a la independencia, no. Yo quisiera una republica federal, por supuestono nacionalista, que aspirara a ceder su soberanía en beneficio de algomayor. Algo plurirracial, plurilingüistico, pluriétnico, pluricultural,plurireligioso.
 
Una republica sin historia como cantó Bob Dylan. Puestos aser utópicos serlo a lo grande, no contéis conmigo para lasutopías güeto de un pueblo una nación, una étnia unanación, una cultura una nación, una lengua una nación, unareligión una nación. Eso no es para mí huele a sacristíay egocentrismo. A mí me gusta que las cosas se mezclen y no me da miedo loque acaben siendo, porque nada está nunca acabado. El nacionalismo cree sinembargo que el origen ( a saber cuál fue) debe ser el destino ( éstesí lo saben bien, es el que ellos digan). Por lo tanto para ellos las cosassí están acabadas y además bien acabadas. El final estáen el guión y si te sales te caes del mapa.Pero conviene, y no hay otra manera, vivir en la realidad, ese lugar común enel que todos tenemos que interactuar, esa IMPOSICIÓN democrática dela mayoría que todos debemos asumir, lo contrario lleva de cabeza alsofá del sicoanalista o a algo peor como todos conocemos perfectamente. Y larealidad a día de hoy es la que es. Insito, justo y lícito es querercambiarla, necesario incluso, yo ya he explicado en qué sentido lacambiaría, pero si queremos solucionar los problemas comunes debemos vivir enun lugar común.Y ese lugar común hoy es España tal y como la conocemos desde el 78.También diré, por decirlo todo, que en mi opinión estaEspaña es una idea mucho más progresista ( mejor la del 31) que laEspaña plurinacional a la que muchos aspiran legítimamente.
 
Cuando escucho a los nacionalistas hablar de España siempre tengo laimpresión de que hablan de Castilla, esto le ocurre igual a Aznar que a Carodo a Bieito.Todo esto viene a cuento de que, como en cualquier otra nación del mundo, sussúbditos estamos obligados a conocer la lengua, y la lengua oficial deEspaña es el español. Y no es ninguna otra. Y he de decirtambién para posicionarme con respecto a esto que me parece bien que laúnica lengua oficial del estado sea la lengua común, y me parece bienporque para mí el idioma no es más que un vulgar vehiculo decomunicación. Y para comunicarse mejor hacerlo en un código queentienda la mayor cantidad de gente posible. Esta obviedad encuentramuchísimos detractores a día de hoy.Por supuesto que los hablantes de las demás lenguas, que son cooficiales ensus CCAA y que todos los ciudadanos de tales CCAA deben conocer, tienen sus derechosadquiridos y han de ser respetados escrupulosamente. Pero de ahí a pasar porel embudo nacionalista que pretende decirme dónde, cómo y cuandopodemos yo o mi hijo hablar la lengua oficial del estado, hay un distancia que yo novoy a recorrer. No quiero ser normalizado, ya soy normal. Otra cosa bien distinta es promocionar un idioma, labor que jamás haréporque me parece de mal gusto, pero que entra dentro de esos ritos inútilesque todo demócrata debe respetar. La bandera, el himno, el día de laindependencia y el de acción de gracias, el día del trabajador y eldía de la mujer. Seguro que se me queda alguno en el tintero, pido disculpasa la efeméride por mi poca memoria. En fin, habría mucho más que decir pero por hoy ya me quedé agusto. Salud, vive y deja vivir..
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