El Observatorio

Miserias de Europa

Sin una articulación clara ni un proyecto definido, Europa comienza a mostrar inquietantes signos de una deriva que podrí­a alentar los terribles fantasmas que guarda en sus entrañas

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26-05-2009
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Dado que no hay ningún "tema" europeo encima de la mesa capaz de ilusionar a los ciudadanos y mucho menos de galvanizarlos o estimularlos, las elecciones del próximo 7 de junio se han convertido en "termómetros nacionales" destinados a medir el estado de cada uno de los "enfermos europeos", que convalecen después de que el virus de la crisis los haya puesto a todos "muy malitos". Así­ que "desaparecida" Europa de la contienda electoral, lo que emergen en primer plano son los conflictos internos de los distintos Estados y las distintas pugnas por el poder. Y con unos y otras, las "miserias" que pueblan ahora mismo el escenario polí­tico europeo, un escenario turbio y enrarecido, donde se ven fenómenos cada vez más inquietantes. Dado que no hay ningún "tema" europeo encima de la mesa capaz de ilusionar a los ciudadanos y mucho menos de galvanizarlos o estimularlos, las elecciones del próximo 7 de junio se han convertido en "termómetros nacionales" destinados a medir el estado de cada uno de los "enfermos europeos", que convalecen después de que el virus de la crisis los haya puesto a todos "muy malitos". Así­ que "desaparecida" Europa de la contienda electoral, lo que emergen en primer plano son los conflictos internos de los distintos Estados y las distintas pugnas por el poder. Y con unos y otras, las "miserias" que pueblan ahora mismo el escenario polí­tico europeo, un escenario turbio y enrarecido, donde se ven fenómenos cada vez más inquietantes.
Y para inquietud, la que transmite la situación italiana, a la que no cabe de ningún modo tomársela a chiste, porque Italia es, desde hace muchos siglos, uno de los “laboratorios políticos” más importantes de Europa, y lo que allí se “ensaya” y triunfa, acaba teniendo hondas repercusiones en todo el continente. No olvidemos que “el fascismo” es una creación italiana. La Italia de Berlusconi aún no es la Italia de Mussolini, pero el norte al que aspira “Il Cavaliere” no es tan distinto del que fraguó el “Duce”. Sus proyectos de reforma del sistema parlamentario (acompañados de frases despectivas sobre el mismo), su campaña de desprestigio contra los jueces (y contra todo atisbo de Estado de derecho), el acoso sistemático contra los medios de comunicación que aún no controla o no se alinean con él (como el diario La República) y que amenazan con eliminar cualquier ámbito de disidencia o contestación, sus declaraciones en pro de una Italia homogénea étnicamente y en contra de los inmigrantes, o su deliberado propósito de “desprestigiar” la política, presentando a las elecciones una colección de azafatas guapas, son medidas que van todas en una misma dirección, y que no es precisamente el de salvaguardar el sistema democrático y las libertades en Italia.

Aún es pronto para responder a la pregunta de qué nuevo tipo de régimen político anida en las entrañas del proyecto berlusconiano, y si tiene los apoyos de clase -internos y externos- necesarios para llevarlo a cabo, pero lo que de alguna manera comienza a ser obvio es que ya no estaríamos ante el modelo de “democracia parlamentaria” impuesto por EEUU en Europa tras la segunda guerra mundial. Esto ya es otra cosa.
 
Aunque con otro tipo de problemas, la situación tampoco pinta nada clara en Francia, donde Sarkozy, pese a gobernar sin oposición, se enfrenta a un malestar cada vez más amplio, cada vez más profundo y cada vez más radical de distintos sectores de la población, al tiempo que conserva intacta la “bomba” retardada de “la banlieu”, que enseña de vez en cuando unos dientes cada vez más afilados y cada vez más amenazantes: todos los medios de comunicación franceses recogían en primera página hace unos días el asalto a un furgón policial por un grupo armado con “kalashnikov” en una emboscada en la periferia de París. La policía y los medios hablaron de “salto cualitativo”.

Pero no es ese el único tipo de “violencia” que alarma a Francia: también los “secuestros” de empresarios por trabajadores en crisis o despedidos se han convertido en una especial “forma de lucha” francesa contra la crisis. Las elecciones europeas pueden acabar dando un severo varapalo a los dos partidos tradicionales del “bipartidismo” francés (la UMP y el PS) y dando alas a los “partidos antisistema”, que en algunas elecciones francesas ya han llegado a representar hasta el 30% del voto popular. Con ese escenario político y la crisis golpeando no sólo a la clase obrera sino a amplios sectores de la pequeña burguesía, Francia sigue siendo uno de los candidatos predilectos a vivir este “estallido social” que prevén y temen los actuales mandatarios europeos.

Más cruda aún es la situación en Gran Bretaña, donde un verdadero terremoto amenaza con despeñar a toda la clase política británica. Las corruptelas de ministros, secretarios de Estado y diputados, aireadas con pelos y señales por el diario “The Telegraph”, y que ya se han llevado por delante al “speaker” del parlamento (por primera vez en la historia del Reino Unido), pueden acabar con la vida política de hasta 9 ministros y cerca de 200 parlamentarios. Aunque este “escaneo” de la clase política en Inglaterra puede encerrar una clara maniobra de acoso y derribo contra el primer ministro, el laborista Gordon Brown, no deja de ser, también, una expresiva radiografía que ya veremos si no acaba por expandirse a otros países, donde la corrupción, los privilegios y el despilfarro de la clase política son aún muy superiores a lo que se ha puesto en evidencia estos días en Gran Bretaña.

Podríamos seguir caso por caso y país por país, pero no creo que haga falta. Lo que sí creo necesario es hacerse la pregunta: ¿tiene algún sentido en este contexto reclamar una mayor integración política de Europa? O aún más: ¿Debe seguir siendo Europa el eje prioritario de la política exterior española?     
 
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