Cómic

Tintí­n en el paí­s de los Soviets

Con la inauguración del museo dedicado a Hergé, recuperamos la primera aventura de su personaje más popular.

0
0 votos
27-05-2009
Publicidad
Corrí­a el año 1929 y el diario católico belga "Le Vingtií¨me Sií¨cle" hací­a unos meses que habí­a lanzado su semanario infantil de historietas: "Le Petit Vingtií¨me". El joven dibujante George Remi, con tan solo 21 años se habí­a hecho cargo de la mayor parte de los personajes que poblaban la publicación. Nacido en el seno de una familia burguesa de profundas raí­ces católicas, era la persona ideal para el cometido que el diario le otorgaba: Transmitir a los jóvenes belgas una imagen cruel y despiadada de los comunistas que desde hací­a doce años dirigí­an la Unión Soviética.
 Tintí­n en el paí­s de los Soviets
Corrí­a el año 1929 y el diario católico belga "Le Vingtií¨me Sií¨cle" hací­a unos meses que habí­a lanzado su semanario infantil de historietas: "Le Petit Vingtií¨me". El joven dibujante George Remi, con tan solo 21 años se habí­a hecho cargo de la mayor parte de los personajes que poblaban la publicación. Nacido en el seno de una familia burguesa de profundas raí­ces católicas, era la persona ideal para el cometido que el diario le otorgaba: Transmitir a los jóvenes belgas una imagen cruel y despiadada de los comunistas que desde hací­a doce años dirigí­an la Unión Soviética.
Así creó el personaje de Tintín, el intrépido reportero que viajaba hacia la antigua Rusia acompañado de su fiel terrier Milú, para mostrar al mundo los “horrores” del comunismo. Estos fueron los inicios, hace 80 años, de un personaje que poco a poco fue perdiendo este carácter marcadamente propagandístico para contribuir a la historia del cómic internacional con la divulgación de unos valores universales.
 
George Remí había tomado las iniciales de su nombre colocadas del revés –R.G., que en francés es leído como Hergé- para firmar su obra. En 1925, a los 17 años de edad, empezaba a trabajar en “Le Vingtième Siècle”, que según rezaba su subtítulo, era el “diario católico nacional de doctrina e información”; dirigido por el padre Norbert Wallez, ultraconservador y admirador de Benito Mussolini. Su labor empezó como redactor, pero su habilidad con la plumilla, que ya le había servido para publicar numerosas historietas en la revista de los Boy-Scouts católicos, le permitió recibir el encargo de poner en marcha el suplemento juvenil.
 
Así, a los dos meses de la creación del semanario, se anunciaba por todo lo alto el envío de un reportero al la Rusia comunista, para la que crearía a un personaje más ambicioso, intrépido y aventurero, capaz de conectar más fácilmente con el gran público. Por encargo expreso del padre Wallez, la primera aventura lleva a Tíntín a la Unión Soviética con la idea de denunciar las atrocidades del régimen bolchevique. Hergé utiliza como fuente principal el libro de propaganda antisoviética “Moscú sin velos” (Moscou sans voiles, 1928), escrito por el cónsul de Bélgica en Rusia durante el periodo de la Revolución de Octubre, Joseph Douillet.
 
Obviamente la visión que Hergé ofreció de la Revolución era completamente propagandista y manipuladora, con el objetivo de expandir la aversión por las ideas que avanzaban por Europa como un vendaval, instigada por los responsables de la publicación en la que trabajaba. Aún así, “Tintín en el país de los Soviets” –que fue serializado a razón de dos páginas por semana-, fue un éxito tal que la dirección del periódico escenificó el retorno del reportero a Bruselas con un actor de carne y hueso que se apeaba del tren entre vítores.
 
La segunda aventura de Tintín sería todavía más polémica: “Tintín en el Congo”, que se dedicaba a contar las maravillas que suponía para los africanos “primitivos” la invasión colonial que su propio país llevaba a cabo en el Congo Belga. Sin embargo sería propio de una visión maniquea y reaccionaria fijarse únicamente en el contenido ideológico de los comienzos del reportero. La evolución de Hergé le llevó a un discurso cada vez más alejado de este integrismo, y más cercano al sentir popular, a la difusión de valores universales como el respeto a las diferentes culturas y la importancia del conocimiento de su historia. El propio autor reescribió la historia de “Tintín en el Congo” años después, cambiando por completo el sentido a la obra y rechazando los horrores del colonialismo en África.
¿Qué te ha parecido el artículo?
Publicidad