Selección de prensa internacional

La carga del dólar

La realidad es que la primací­a de las finanzas norteamericanas concluye. Las agencias de calificación bien podrí­an expresar sus dudas sobre la capacidad de EEUU para pagar sus deudas

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25-05-2009
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Casi todo el mundo parece estar de acuerdo en que no existe, a corto y medio plazo una alternativa al dólar como moneda de reserva del sistema monetario internacional. Pero cada vez son más numerosas las voces que se levantan desde todos los rincones del planeta alertando sobre la debilidad intrí­nseca del dólar y sus nada halagüeñas expectativas en el futuro inmediato.
 La carga del dólar
Casi todo el mundo parece estar de acuerdo en que no existe, a corto y medio plazo una alternativa al dólar como moneda de reserva del sistema monetario internacional. Pero cada vez son más numerosas las voces que se levantan desde todos los rincones del planeta alertando sobre la debilidad intrí­nseca del dólar y sus nada halagüeñas expectativas en el futuro inmediato.

Hoy es el diario económico francés Les Echos el que constata lo que ya empieza a ser un secreto a voces en la prensa mundial. Tras los meses de pánico que siguieron a la caída de Lehman Brothers, período en el que el dólar y los bonos norteamericanos se convirtieron para numerosos inversores en el único refugio totalmente seguro, la consistente resistencia a la recesión que muestran los mercados emergentes, así como el masivo plan de estímulo inyectado por Obama a la economía norteamericana, que augura una pronta reactivación (aunque todavía nadie se atreve a predecir a qué precio), están haciendo que el pánico remita y los inversores hayan empezado a diversificar sus carteras en busca de negocios más rentables que la inversión en dólares.
 
Como consecuencia, el dólar ha iniciado una carrera bajista con respecto a las principales monedas mundiales, dejándose entre abril y mayo más de un 10% de su valor frente a ellas. Una tendencia que es inevitable que siga profundizándose por dos importantes razones.
 
La primera de ellas, que la recuperación norteamericana no podrá llegar sin empezar a corregir en todo lo que pueda su gigantesco déficit comercial. Algo que sólo se puede conseguir por una doble vía. El descenso del consumo, y por tanto de las importaciones del exterior, al tiempo que aumenta sus exportaciones al resto del mundo. Y para ambas cuestiones, el descenso de dólar es un remedio efectivo. en el primer caso porque hace que las mercancías producidas fuera de EEUU sean más caras para el consumidor estadounidense. En el segundo, porque la debilidad del dólar hace más competitivos los productos norteamericanos en los mercados exteriores.
 
La segunda, que al inundar el  mercado mundial de dólares (o de deuda denominada en dólares), la Reserva federal y el Tesoro están provocando, por la simple oferta de la ley y la demanda, un descenso del valor de dólar con respecto no sólo al resto de monedas mundiales, sino también con respecto al resto de mercancías y servicios. El riesgo de que se les “pase” la mano (o se les haya pasado ya) en la emisión de dólares es que el billete verde entre en una brusca depreciación, una caída en picado como la que ocurrió en 1973 e hizo estallar la llamada crisis del petróleo. los planes de estímulo de Obama puede que tengan la virtud de reactivar la economía norteamericana, pero están acompañados a su vez del “vicio” de asumir una gigantesca montaña de deuda, que a poco que la recuperación sea más débil de lo previsto o se alargue más allá de lo esperado, puede castigar inmisericordemente a un dólar ya debilitado. Tanto en uno como en otro escenario, el declive del dólar como núcleo del sistema monetario internacional es la crónica de una muerte anunciada. Lo que resta por saber es a qué ritmo y en qué condiciones se producirá.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Francia. Les Echos
LA CARGA DEL DÓLAR
 
¡Atención! El cohete del dólar reingresa en la atmósfera. Desde el otoño pasado, la moneda de EEUU estaba en ingravidez. En el pánico absoluto que siguió a la caída de Lehman, el billete verde parecía ser el único activo verdaderamente seguro. Propulsado por las reservas de oro de Fort Knox, por el aura de la Reserva Federal y por la potencia de fuego de Washington, giraba en órbita sobre el planeta financiero. Pero, desde que el pánico se vuelve relativo, la trayectoria del dólar cambia. Es lo que pasa hoy. Los inversores tienen menos miedo, como muestran todos los indicadores de percepción de riesgos. Están de nuevo dispuestos a diversificar sus carteras. Y sobre todo miran la realidad a la cara después de haber estado meses actuando con el instinto. Y la realidad es que la primacía de las finanzas norteamericanas concluye. Sólo esta semana, el Tesoro va a elevar en otros 100.000 millones de dólares. El déficit presupuestario se acercará este año a un turbador montante de  2 billones de dólares, lo que es la octava parte de la riqueza producida. El balance de la Reserva Federal se parece al de un “hedge fund”. Las agencias de calificación bien podrían expresar sus dudas sobre la capacidad de Estados Unidos a rembolsar sus deudas en tiempo y hora, como una de ellas acaba de hacer para el Reino Unido, que no ha tenido nunca   un incidente serio de pagos desde hace tres siglos. Ciertamente, los bancos centrales de Asia continúan comprando billetes verdes. Pero China refunfuña cada vez más, como demuestran los continuos piques de sus dirigentes sobre el dominio ejercido por el dólar.. Y ya no es posible negar que el reequilibrio de la economía mundial pasará por un levantamiento de las exportaciones norteamericanas, lo que será difícil que se produzca sin un retroceso del dólar.
 
Por encima de las cuestiones aleatorias de corto plazo, el dólar parece pues condenado a declinar, incluso esperando que no haya un “free fall”, una caída libre de la divisa norteamericana. Esta es una mala noticia para los industriales europeos. Estos últimos meses, el billete verde ha sido la menor de sus preocupaciones. Su apreciación permitió incluso preservar los márgenes en los contratos de exportación, por lo que lo han dado por bueno.. Pero en los meses y años por venir, no podrán contar con un dólar fuerte. Su erosión amenaza con someter el relanzamiento de la actividad todavía más débil en el Viejo continente. Y va a recrudecer la presión sobre las unidades de producción implantadas en Europa. Sí, será necesario un nuevo orden monetario internacional.
LES ECHOS. 25-5-2009
 
 
 
 
China. China Daily
ELOGIOS OCCIDENTALES A CHINA PARA QUE CACE RATONES
Lau Nai-keung
 
En primer lugar estuvo el G7, el grupo de los siete países más industrializados. Luego vino el G8. Ahora el rumor gira en torno al G2, haciendo explícito que China ha sido reconocida como una nueva "superpotencia". Pero China no está preparada para este nuevo estado.

Entonces, ¿qué pasó con todo el barullo en el G7 (o G8)? El G7 ha disfrutado de una barra libre principesca durante años, y se ha emborrachado completamente de su importancia. Los EEUU se han hecho un lío consigo mismos, forzando a muchos en el Oeste en busca de un país que pueda ayudar a solucionar los problemas que ha creado, pero es incapaz de resolver. En cuanto a los miembros del G20, la mayoría de ellos están tratando de resolver sus propios problemas, creados por la crisis económica mundial. La Unión Europea (UE), siendo miembro del G20, habría sido el socio ideal de EEUU en un G2. Sin embargo, no está en mejor forma que EEUU. Lo mismo puede decirse de Japón.

Por lo tanto, la responsabilidad parece haber caído en China, que con sus 2 billones de dólares de reservas de divisas y un 8% de sorprendente crecimiento, a pesar de la recesión en todo el mundo, es vista por muchos con la capacidad de ayudar a llenar el agujero negro de billones de dólares creado por Occidente. Nada importa en esta cuestión que China, como país en desarrollo, es ella misma víctima de los delitos económicos de Occidente y está tratando de resolver desesperadamente sus propios problemas.

Pero, ¿por qué las naciones ricas esperan del mundo en desarrollo que les ayude a salir del caos económico? Siempre que las economías en desarrollo han necesitado ayuda para salir de una crisis (en su mayoría creadas por el mundo rico), el G7 y las instituciones de Bretton Woods, han prescrito píldoras amargas. Durante la crisis financiera de Asia, por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional ofreció el "Consenso de Washington" para las economías del sudeste asiático, que por cierto habían sido víctimas de los banqueros de inversión occidental y de las maquinaciones de los operadores de fondos especulativos. Dado que estos banqueros están en la raíz de la crisis actual, se debe prescribir la misma medicina para Occidente: apriétense el cinturón y la política monetaria, y dejen que la economía se contraiga sola y, ¡voilá!, antes que se den cuenta, se habrá dado la vuelta hacia una buena salud económica.

Estos no son tiempos para experimentar, o prescribir píldoras amargas para Occidente, que las inventó, en primer lugar, para el resto del mundo. Pero una cosa es segura, si Occidente no cambia sus hábitos de consumo y su extravagante estilo de vida derrochador, no podrá salir de la crisis sin cicatrices.

Una crisis de esta magnitud sólo se puede resolver con cada jugador jugando su papel. El presidente de EEUU Barack Obama fue elegido para el Despacho Oval con la promesa de cambio. Pero, ¿vemos ningún cambio fundamental? Occidente tiene la tendencia a continuar con su suntuoso estilo de vida, esperando que el resto del mundo pague la factura (...)
 
Si Occidente realmente quiere que China ayude a arreglar el desorden que ha creado, tiene que dar al Reino del Centro más que decir en las cuestiones relativas a la economía mundial. Pero a pesar de todas las fantasías que hablan de un G2, China es todavía peor que un socio menor, discriminado en muchos ámbitos. Aunque China está dispuesta a abrir su cartera y comprar empresas o minas enfermas, no puede porque Occidente no se lo permite (...)

Lo qué Occidente quiere de China es: Páguelo todo sin saber por qué y para qué. ¿Por qué? La respuesta es simple: Si Occidente se hunde, China irá para abajo también. Se supone que China debe desempeñar el papel de pagador responsable de EEUU y el G-7, mientras que en el verdadero espíritu de la G2, tendría que ser un socio en igualdad de condiciones.

No es negar el hecho de que si la economía mundial se desmorona, China también entrará en depresión. Pero no se puede negar tampoco que saldrá más fuerte que otros de la fosa.

Por supuesto, no es interés de China ver la situación deteriorarse. Está dispuesta a ayudar también. Como un verdadero actor en la economía mundial, intentará con los medios a su alcance reducir al mínimo los daños causados por el Occidente industrializado y protegerse a sí misma y sus vecinos, que en conjunto constituyen aproximadamente el 60 por ciento de la población mundial. No va a hacerlo para complacer a Occidente, o para salvar a Occidente de los peligros de su propia creación, o para convertirse en una "superpotencia", y eso es precisamente la razón por la que merece ser tratada como un socio en igualdad de condiciones por el resto del mundo.

China ha venido desempeñando un papel importante en muchos asuntos internacionales, y trabajará por un mundo sin dominación, un mundo en el que todos los países -grandes y pequeños, ricos y pobres- tengan una oportunidad justa de desarrollarse y prosperar.

No hace mucho tiempo, China era débil y pobre, y su pueblo no ha olvidado la vergüenza que lo acompañaban, el sometimiento y la privación que significaban. No se coludirá nunca con los EEUU o el G-7 y nunca se convertirá en un matón en el escenario mundial. Por el contrario, fiel a lo que predica, se esforzará por llevar la paz y el desarrollo a todos los rincones del mundo.
CHINA DAILY. 22-5-2009
 
 
 
 
 
EEUU. The Wall Street Journal
EL RESCATE FINANCIERO DE EEUU ADQUIERE AIRES DURADEROS
Damian Paletta, David Enrich y Deborah Solomon
 
Dentro de unas semanas, algunos de los mayores bancos estadounidenses empezarán a romper sus ataduras con el gobierno al devolver los miles de millones de dólares que les fueron inyectados como parte del plan de rescate.
 
El gesto cargado de simbolismo marca el final de un capítulo turbulento, pero probablemente quedará en segundo plano a raíz de un fenómeno paralelo: buena parte del resto de las otras medidas de emergencia para apuntalar el sistema financiero están adquiriendo un cierto aire de permanencia. De esta manera, el pago de los fondos provenientes del Programa de Alivio de Activos en Problemas (TARP por sus siglas en inglés) podría significar no el principio del fin, sino el fin antes de un nuevo principio (...)
 
El presidente Barack Obama promulgó el miércoles una ley que extiende el aumento de la garantía estatal sobre los depósitos hasta 2013. La Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC) y el Departamento del Tesoro están desarrollando las llamadas asociaciones público-privadas para ayudar a los bancos a desprenderse de sus activos tóxicos y la Fed acordó el martes expandir una de sus líneas de crédito que ahora acepta como colateral valores respaldados por hipotecas comerciales de alta calidad.
 
Al gobierno le sigue preocupando la fragilidad del sector financiero. Su renuencia a eliminar estos programas y la inclinación de la industria financiera a seguir usándolos ha hecho más difícil para los reguladores el restablecer la sensación de disciplina en el mercado, dijeron funcionarios del gobierno. "Cuanto más tiempo existan, los mercados dependerán más de ellos", dijo el senador republicano Richard Shelby, en la audiencia. "Como resultado, es muy, muy probable que los mayores retos presentados por esta crisis financiera estén todavía por llegar".
 
Goldman Sachs, J.P. Morgan Chase, Capital One Financial, U.S. Bancorp y Morgan Stanley figuran entre las instituciones que negocian con los reguladores la devolución de las inversiones del TARP. Funcionarios del Tesoro podrían permitir que un puñado de bancos empiece a repagar el dinero alrededor del 8 de junio. Los bancos tienen que demostrarle a los reguladores que son sólidos y pueden emitir deuda sin la asistencia del gobierno. Se espera que, después de este grupo inicial, la Fed recomiende mensualmente al Tesoro que otra tanda de bancos pague los fondos del TARP.
 
Por ahora, sólo cinco de las 45 entidades de ahorro que recibieron fondos bajo el TARP han solicitado autorización para regresarlos, dijo un portavoz de la oficina gubernamental que supervisa estas instituciones.
 
Edward Wehmer, presidente ejecutivo de Wintrust Financial Corp., un holding bancario que recibió US$250 millones en ayuda de los contribuyentes, considera los fondos como "capital barato". Dice que no le gustan las reglas impuestas por Washington tras el inicio del programa, sobre todo en cuanto a los límites a la remuneración de los ejecutivos, pero aprecia cómo el capital del gobierno está ayudando a su compañía a expandirse en un entorno operativo muy complicado. No espera repagar los fondos hasta fines de año.
 
El Tesoro planea usar los fondos pagados para inyectar dinero en otras instituciones, incluyendo bancos más pequeños y aseguradoras.
 
Los bancos con activos inferiores a los US$500 millones, incluyendo algunos que ya han recibido ayuda estatal, podrán recibir una mayor porción de dinero del gobierno. Las firmas ahora pueden solicitar fondos equivalentes al 5% de sus activos ponderados por riesgo, comparado con el 3% permitido anteriormente.
 
Geithner también dijo que el gobierno extenderá por seis meses el plazo para que los bancos pequeños formen holdings bancarios y se postulen para recibir ayuda gubernamental.
 
Las inyecciones de capital en cientos de bancos han adquirido una importancia simbólica inmensa. En términos de dólares, en cambio, representan una ínfima porción de la intervención del gobierno en el sistema financiero. Washington se encamina a inyectar un total de hasta 14,9 billones (millones de millones) de dólares en el sistema financiero, a través de una docena de iniciativas, según un reporte de Deutsche Bank del mes pasado. De ese total, apenas 250.000 millones, menos del 2% del total, irá a parar al Programa de Recompra de Capital del Tesoro. El resto está destinado a apuntalar áreas como los fondos del mercado monetario, los préstamos a corto plazo para empresas y las compras de valores respaldados por otros activos (...)
THE WALL STREET JOURNAL. 21-5-2009
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