Cine

Haneke, triunfador indiscutible en Cannes

El director austriaco obtiene un respaldo unánime a su pelí­cula, que indaga los orí­genes sociales del nazismo en la Alemania de principios de siglo

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25-05-2009
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Tras coquetear ya dos veces con la Palma de Oro (en 2001 obtuvo con "La pianista" el Gran Premio del Jurado, y en 2005 con "Caché" el premio al mejor director), Michael Haneke, uno de los más audaces y polémicos directores del cine europeo, consiguió al fin el preciado trofeo, con una pelí­cula, "Das weisse Band" ("El lazo blanco"), rodada en blanco y negro, y en la que el osado y radical director austriaco se lanza a filmar una historia de niños en un pueblo del norte de Alemania a principios del siglo XX: los niños que veinte años después constituirán la base de masas del nazismo y el batallón de choque con el que Alemania se lanzará a la más devastadora guerra de la historia.
 Haneke, triunfador indiscutible en Cannes
Tras coquetear ya dos veces con la Palma de Oro (en 2001 obtuvo con "La pianista" el Gran Premio del Jurado, y en 2005 con "Caché" el premio al mejor director), Michael Haneke, uno de los más audaces y polémicos directores del cine europeo, consiguió al fin el preciado trofeo, con una pelí­cula, "Das weisse Band" ("El lazo blanco"), rodada en blanco y negro, y en la que el osado y radical director austriaco se lanza a filmar una historia de niños en un pueblo del norte de Alemania a principios del siglo XX: los niños que veinte años después constituirán la base de masas del nazismo y el batallón de choque con el que Alemania se lanzará a la más devastadora guerra de la historia.
Cualquiera que haya seguido, en los ultimos años, la trayectoria de Haneke, o siquiera visto alguno de sus estremecedores filmes (desde la aterradora "Funny Games" a su fascinante versión de "El Castillo" de Kafka, o sus más recientes, pero igualmente demoledoras e inquietantes, "La pianista" o "Escondido"), ya sabrá que estamos ante un director que no hace concesiones, que le gusta buscarnos las cosquillas, inquietarnos, aterrorizarnos, si hace falta, para que de esa catarsis saquemos algo en limpio, algo en claro, sobre un mundo, el centroeuropeo, edificado sobre pesadillas insondables. Haneke nos habla de "su" mundo, pero ese mundo nos afecta a todos.

En "Das weisse Band", la película con que ha ganado la Palma de Oro en el Festival de Cannes, Haneke vuelve a demostrar su valor, su osadía, su compromiso y su radicalidad, en un filme en el que, lejos de repetirnos las mil y una lecciones que ya hemos visto  diez mil veces sobre los nazis, se lanza a indagar uno de los temas más inexplorados y más cruciales de este asunto, un tema además que no sólo es útil para que comprendamos cómo pudo engendrarse aquel monstruo, sino para saber cómo se engendra o puede engendrarse en cualquier época y lugar.

Haneke "viaja" a un pequeño pueblo del norte de Alemania, en los años anteriores a la primera guerra mundial (en los años diez) y se detiene en reflejar con toda crudeza el mundo de violencia, humillaciones, autoritarismo, hipocresía, fanatismo religioso y corrupción moral en el que son educados los infantes alemanes que, veinte años después, en los años treinta, van a encontar bajo el cobijo de la ideología nazi y el proyecto bélico y exterminador hitleriano un ámbito propicio en el que volcar sus frustraciones, su ira y sus viejos fantasmas. Aquellos críos que ya aprendieron en el molde escolar y paterno los juegos perversos en que quedaba abierta la veda para machacar implacablemente a los débiles, se convertirán dos décadas después en soldados capaces de fusilar a una multitud indemne en las estepas rusas o de gasear a los judíos, gitanos y comunistas encerrados en un horno crematorio en un campo de concentración.

Haneke se atreve pues a ir a un territorio poco transitado, a un campo minado y de arenas movedizas, inexplorado pero necesario. Su valentía le ha valido el premio que anhelaba. En septiembre, la veremos en las pantallas españolas. Ya la estamos esperando  
 
 
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