Modelo Económico Español:

Las cuatro grandes dependencias (I)

Un hilo conductor recorre el desarrollo económico español de los últimos 30 años: el aumento de la dependencia de la economí­a española del capital extranjero y de unos pocos mercados de los paí­ses des

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05-01-2009
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¿Por qué si España es la octava potencia mundial queda fuera de las grandes reuniones internacionales para decidir sobre los asuntos económicos? Durante los últimos 30 años nuestros gobernantes han hecho gala del enorme desarrollo de la economí­a española, gigantes como Repsol, Telefónica o los dos grandes grupos bancarios -Santander y BBVA- aparecen colocados entre los principales grupos monopolistas del planeta. Sin embargo la crisis ha sacado a la luz que todo este desarrollo tiene pies de barro; una empresa tan emblemática como Repsol puede caer en manos del capital extranjero. Y la razón se encuentra en las cuatro grandes dependencias que atenazan el modelo económico español impuesto por los responsables polí­ticos y económicos del paí­s. ¿Por qué si España es la octava potencia mundial queda fuera de las grandes reuniones internacionales para decidir sobre los asuntos económicos? Durante los últimos 30 años nuestros gobernantes han hecho gala del enorme desarrollo de la economí­a española, gigantes como Repsol, Telefónica o los dos grandes grupos bancarios -Santander y BBVA- aparecen colocados entre los principales grupos monopolistas del planeta. Sin embargo la crisis ha sacado a la luz que todo este desarrollo tiene pies de barro; una empresa tan emblemática como Repsol puede caer en manos del capital extranjero. Y la razón se encuentra en las cuatro grandes dependencias que atenazan el modelo económico español impuesto por los responsables polí­ticos y económicos del paí­s.






Un hilo conductor recorre el desarrollo económico español de los últimos 30 años: el aumento de la dependencia de la economía española del capital extranjero y de unos pocos mercados de los países desarrollados.
En una primera etapa y bajo los gobiernos de Felipe González, la entrada de nuestro país en la UE exigió la contrapartida de liquidar o vender al capital extranjero buena parte del tejido productivo. La economía española se orientó a producir prácticamente lo que las principales economías europeas demandaban.
La segunda etapa, ya con Aznar –pero que ha continuado en lo sustancial con Zapatero- ha sido la del “España va bien”, con un crecimiento anual del 3,5% del PIB, superior al del resto de países de la UE, pero construido a costa de convertir a España en el país proporcionalmente más endeudado del mundo.
A estas dos grandes dependencias, la dependencia del capital extranjero y de unos pocos mercados, hay que sumar la dependencia energética y la de las cuotas de producción impuestas por Bruselas, obteniendo como resultante un modelo económico comparable al de las economías de tipo semicolonial.
No existe la posibilidad de dar una alternativa a la economía española sin abordar cómo zafarse de las nefastas consecuencias de estas 4 grandes dependencias.
1. La dependencia de la financiación exterior






España en el país con mayor deuda per cápita del planeta y el segundo, en términos absolutos (sólo por detrás de EEUU), que más financiación exterior necesita para su crecimiento económico. No se trata de la deuda pública (la deuda del Estado) sino de la deuda privada, es decir, de los préstamos de capital extranjero a los que tienen que recurrir bancos, monopolios y grandes empresas para financiar el crecimiento del PIB y el suyo propio.
¿Cómo se ha alcanzado esta situación?
A finales de los 80 se inició en el seno de la oligarquía española un proceso de concentración para actuar en las nuevas condiciones creadas por la entrada en el Mercado Común Europeo. La oligarquía renuncia a los sectores industriales levantados durante el franquismo, desmantelándolos o entregándolos al capital extranjero, y se concentra en cuatro áreas: banca, telecomunicaciones, energía y construcción. A cambio accederá a expandirse en los círculos financieros y monopolistas europeos, posibilidad antes vedada.
Desde el Estado se impone y se pilota simultáneamente: un veloz proceso de concentración financiera del que saldrán los dos mega-bancos: el BBVA y el Santander. Una política de privatizaciones que crea grandes monopolios en los sectores elegidos (telecomunicaciones o energía) para monopolizar el mercado interno y sobre esa base emprender la expansión internacional: Telefónica, Endesa, Iberdrola, Unión FENOSA, Repsol, Cepsa … Y un amplio plan de infraestructuras que permitirá la rápida acumulación en las grandes constructoras, que a partir del 2000 se beneficiarán a su vez de la elevadísima tasa de ganancia en la construcción.
A partir del 2001, la expansión internacional de la oligarquía –concentrada en un reducido grupo de bancos y monopolios a cuya cabeza encontramos a Botín- da un salto cuantitativo y cualitativo.
Por un lado, el volumen del capital exportado se multiplica casi por 4 (el valor de las compras realizadas por empresas españolas cotizadas en el mercado mundial pasó en 2003 de 27.061 millones de euros a 99.865 en 2006, y la Inversión Directa en el Exterior de las empresas españolas de 30.800 millones de euros a 119.600). Por otro, cambia la orientación geográfica de la inversión. Si en la primera etapa el capital se dirige hacia Hispanoamérica, a partir de 2001, el grueso del capital exportado se dirige hacia la UE-15. Un proceso que da un salto a partir de 2004, donde los grandes bancos y monopolios españoles protagonizan algunas de las más importantes adquisiciones en la UE.
 
Gigantes con pies de barro






Este proceso de acumulación y concentración ha tenido en los últimos 4 años dos grandes motores: el recurso al endeudamiento y la financiación exterior y un desarrollo hipertrofiado del sector de la construcción, que ha mantenido unas altísimas tasas de ganancia.
La financiación exterior se ha obtenido mediante la emisión de títulos de deuda, bonos y obligaciones, no sólo por parte de los bancos para financiar el mercado hipotecario, sino todavía en mayor volumen por las empresas monopolistas para sus adquisiciones y expansión en el mercado europeo.
El recurso a la financiación exterior para la expansión de estos sectores oligárquicos y monopolistas ha tenido tres nefastas consecuencias.
En primer lugar, España se ha convertido en el país proporcionalmente más endeudado del mundo, con una necesidad de financiación exterior para mantener el ritmo de crecimiento, superior al 10% del PIB. Y un endeudamiento exterior acumulado equivalente, al 80% del PIB.
En 2006, la economía española necesitó 83.000 millones de euros (el 8,5% del PIB) para financiar su crecimiento. En 2007, fueron 106.388 millones de euros (el 9,65% del PIB). En el primer trimestre de 2008 han sido necesarios 32.552 millones (que a este ritmo, significarán 130.208 millones este año, un 12,1% del PIB). La deuda exterior acumulada suma actualmente 700.000 millones de euros.
En segundo lugar, no sólo gran parte de la plusvalía producida por la clase obrera española va a ir a engrosar los beneficios del capital extranjero, sino que también buena parte de los activos de las grandes empresas españolas pueden caer en manos del capital extranjero.
Los 700.000 millones de euros de la deuda acumulada suponen que, además de las deudas individuales que cada uno tenemos con nuestro banco, colectivamente, como país, cada uno de los 45 millones de españoles debemos más de 15.000 euros a las grandes instituciones financieras internacionales. Deuda que pagaremos los españoles pero que no ha sido utilizada para modernizar el país o invertirlo en sectores estratégicos, sino para que una parte de los grandes bancos y monopolios obtuvieran superganancias en el sector de la construcción y hayan dando un salto en su expansión internacional transformándose en auténticas multinacionales de alcance global.
A ello hay que sumar las dificultades que introduce la crisis para que las empresas hagan frente a la amortización de la deuda ante los grandes capitales financieros internacionales y que hoy vemos sus consecuencias en lo que está sucediendo con los activos de Sacyr en Repsol y que está poniendo en peligro la continuidad de la petrolera en manos españolas.
Y en tercer lugar, el hecho de que el 72% de la financiación exterior provenga de sólo 4 países de la UE, y en particular el 47,9% de sólo dos: Alemania (29,1%) y Francia (18,8%), implica un grado superior de sujeción y dependencia –y no sólo económica, también política– de las dos grandes potencias centrales de la UE y singularmente de Alemania.
¿A quién adeudan los monopolios y el sistema financiero español este ingente volumen de capital? Un alto ejecutivo de un gran banco alemán afirmaba “los españoles no sólo nos compran los coches, sino que además nos piden prestado el dinero para comprarlos”. Hasta finales de marzo de 2008, la banca alemana era la primera acreedora de la deuda española, con un 29,1% de ésta, siguiéndole la banca francesa con un 18,8%. Es decir, las dos grandes potencias europeas poseen de conjunto el 47,9% de la deuda nacional, un total de 535.282 millones de euros. Un volumen de deuda que supone un grado de dependencia económica hacia el eje franco alemán que, de forma inevitable, se plasma en el terreno político y diplomático
Estas son las nefastas consecuencias del modelo de desarrollo y expansión seguido por la clase política y los principales centros de poder económicos del país en estas tres décadas. Acabar con esa dependencia de financiación exterior se ha convertido en una cuestión vital para el país.
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