Pakistán la guerra en el Swat

La Ofensiva contra los Talibanes

Mingora tení­a antes del estallido del conflicto una población de alrededor de 300 mil personas, pero casi todas ellas han huido junto con los habitantes de otras localidades del valle de Swat.

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24-05-2009
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Las fuerzas armadas paquistaní­es pusieron hoy en marcha una operación terrestre para recuperar el control de Mingora, la principal ciudad del valle de Swat, en el noroeste del paí­s invadido por Estados Unidos y sus aliados, en lo que un alto jefe del ejército caracterizó como una nueva fase en la lucha del gobierno de Pakistán por restablecer la autoridad del Estado en un territorio dominado desde hace varias semanas por el talibán.
 Según el primer ministro Yousaf Raza Gilani, la presión ejercida por las tropas gubernamentales en el valle de Swat y sus alrededores podrí­a generar acciones de reacción del talibán en cualquier parte del paí­s, pero justificó la operación militar con el argumento de que los terroristas no pueden tomarnos como rehenes.
Según el primer ministro Yousaf Raza Gilani, la presión ejercida por las tropas gubernamentales en el valle de Swat y sus alrededores podrí­a generar acciones de reacción del talibán en cualquier parte del paí­s, pero justificó la operación militar con el argumento de que los terroristas no pueden tomarnos como rehenes.
Las fuerzas armadas paquistaní­es pusieron hoy en marcha una operación terrestre para recuperar el control de Mingora, la principal ciudad del valle de Swat, en el noroeste del paí­s invadido por Estados Unidos y sus aliados, en lo que un alto jefe del ejército caracterizó como una nueva fase en la lucha del gobierno de Pakistán por restablecer la autoridad del Estado en un territorio dominado desde hace varias semanas por el talibán.
Fuentes militares dijeron que unos 15 mil militares combaten a 4 mil militantes en una región que tení­a significativos ingresos por turismo, pero que desde hace dos semanas el gobierno paquistaní­ convirtió en un escenario de guerra, presionado por la administración demócrata de Estados Unidos, que considera el valle de Swat como un refugio de los talibanes afganos y las milicias de Al Qaeda, la red de Osama Bin Laden, a los que pretende derrrotar desde hace siete años y medio en el vecino Afganistán.

"Hoy es la fase más importante de la operación Rah-e-Fast, el despeje de Mingora ha comenzado", afirmó el teniente general paquistaní­ Athar Abbas a los medios de comunicación.Miingora tení­a antes del estallido del conflicto una población de alrededor de 300 mil personas, pero casi todas ellas han huido junto con los habitantes de otras localidades del valle de Swat, que sorpresivamente quedaron en el centro de la tormenta.

El avance del ejército en Mingora se desarrollo lentamente debido a la resistencia de los milicianos talibanes calle por calle, según reportes oficiales militares y de la prensa regional. En un comunicado, el Ministerio de Defensa de Pakistán afirmó que ha abatido en las últimas 24 horas a 17 milicianos talibanes, uno de los cuales fue identificado como el mullah Maulana Fazlullah, uno de los lí­deres locales de la organización islámica, que estableció sus primeros enclaves paquistaní­es en los años 80.

Para tratar de desalojar a los combatientes islámicos, las fuerzas armadas recurrieron al fuego de la artillerí­a pesada y a disparos de la aviación, que apoyaron el desplazamiento de la infanterí­a hacia el enclave rebelde.Según el sitio en Internet de la televisora árabe Al Jazeera, circulan versiones en la zona de guerra respecto de la existencia de túneles que la guerrilla talibán construyó en espera de la llegada de las fuerzas armadas gubernamentales, para enfrentarlas con éxito.

Sin embargo, la emisora de televisión dijo que el mando militar paquistaní­ prevé que en un plazo de 34 a 48 horas tendrá el control total de Mingora. Esa ciudad fue rodeada por las cuatro direcciones para cortar las ví­as de suministro de provisiones a los combatientes del talibán, que impusieron la Sharia -ley basada en principios islámicos- a la población del valle de Swat.

Las fuerzas armadas de Pakistán y reportes de la prensa señalan que alrededor de mil 100 milicianos han muerto en dos semanas en la provincia Frontera Noroeste, donde han caí­do 50 soldados.

La situación bélica en la región ocasionó la migración forzosa de un millón 700 mil antiguos residentes del valle de Swat y del resto de la provincia noroccidental, y en consecuencia Naciones Unidas hizo un llamado a la comunidad internacional para financiar los gastos de ayuda del orden de 543 millones de dólares.Pakistán tiene unos 172 millones de habitantes y la nación asiática es poseedora de armamento nuclear, lo que según los medios de prensa estadunidenses estaba en riesgo de caer en poder de los insurgentes por la proximidad del avance de las milicias talibanes.

Según el primer ministro Yousaf Raza Gilani, la presión ejercida por las tropas gubernamentales en el valle de Swat y sus alrededores podrí­a generar acciones de reacción del talibán en cualquier parte del paí­s, pero justificó la operación militar con el argumento de que los terroristas no pueden tomarnos como rehenes.

Dimos la orden para esta operación donde la autoridad ha sido desafiada y cuando se habí­a establecido ya un gobierno paralelo, dijo el jefe de gobierno. "La operación militar -sostuvo por su parte el presidente Asif Ali Zardari al hablar con legisladores que representan a la región del valle de Swat- fue adoptada por el alto mando castrense como último recurso contra militantes y extremistas que retaron al Estado".

Las fuerzas de seguridad llevaban varios dí­as preparándose para entrar en la ciudad, que aunque no es la capital del distrito constituye el principal centro comercial del valle. El centro administrativo, Saidu Sharif, situado en la orilla oriental del rí­o Swat, se ha convertido en un barrio de Mingora. Su conquista es esencial para poder declarar el triunfo.

Este antiguo principado, que Pakistán se anexionó formalmente en 1969, albergaba la única estación de esquí­ del paí­s. Era uno de los destinos favoritos de los recién casados. La comarca se convirtió en terreno vedado hace un par de años. De la mano de un fanático religioso local, el maulana Fazlullah, que hasta entonces operaba el remonte, los talibanes lograron hacerse con el control de las débiles instituciones del Estado mediante la intimidación.

Un primer intento del Ejército para recuperar el control, a finales de 2008, produjo una sangrí­a. Aunque bien comunicado, el valle resulta fácil de defender. Desde sus atalayas, los talibanes repelí­an sin dificultad a los mal pertrechados miembros del Frontier Corps, la fuerza paramilitar sobre la que se descargó esa responsabilidad. Los uniformados optaron por firmar un alto el fuego en febrero y el Gobierno aceptó la petición de los insurgentes para que se implantara la sharí­a (ley islámica) en la región. Envalentonados, los barbudos empezaron a infiltrarse en los distritos vecinos de Buner y el Bajo Dir, provocando la intervención militar.

El Ejército también asegura haber limpiado de talibanes la localidad de Matta y haber avanzado en su bastión de Peochar. A pesar de esos progresos, el primer ministro, Yousuf Raza Gilani, rebajó las expectativas creadas por unas declaraciones del presidente, Asif Ali Zardari, sobre que la operación vaya a extenderse a Waziristán del Sur, la principal base de los talibanes paquistaní­es. "No estamos tan locos como para abrir varios frentes", dijo.

El Secretario de Defensa de EE.UU., Robert Gates, advirtió a las autoridades paquistaní­es que las relaciones entre EE.UU. y Pakistán serán puestas en peligro a menos que Islamabad preste atención a las admoniciones estadounidenses y reprima sangrientamente una creciente insurgencia islamacista que ha sido alimentada por la ocupación de Afganistán por EE.UU.

El disparador inmediato para el aumento de la presión sobre Islamabad fue la pérdida de control del gobierno paquistaní­ sobre el distrito Buner de la Provincia de la Frontera Noroeste, que está a sólo 100 kilómetros al noroeste de Islamabad, a entre cuatrocientos y quinientos insurgentes islamacistas. Pero los funcionarios estadounidenses, comenzando por el propio presidente Obama, han estado presionando durante meses a las autoridades paquistaní­es para que hagan más para apoyar la pacificación de Afganistán, afirmando que las regiones fronterizas de Pakistán constituyen un "refugio" para los talibanes y que para que EE.UU. se imponga en la guerra afgana, debe ampliarla a Pakistán. Una preocupación crucial para el Pentágono es la creciente cantidad de ataques contra rutas de aprovisionamiento paquistaní­es que transportan unos 80% del alimento, el combustible y el armamento consumidos por la fuerza de ocupación estadounidense en Afganistán.

Decidido a imponerse en la guerra afgana, para afirmar la dominación en Asia Central rica en petróleo, Washington exige que Islamabad subordine cada vez más sus intereses a los de EE.UU. Para la elite paquistaní­ esto representa una doble amenaza: las polí­ticas que EE.UU. ha impuesto a Pakistán son muy impopulares, desacreditando aún más a un sistema polí­tico corrupto y fundamentalmente antidemocrático y alimentando el descontento social; también están en conflicto con importantes elementos de la estrategia de Pakistán para enfrentar a su archirrival India.

Según ha manifestado el Embajador estadounidense, EEUU ha empezado a entregar ayuda humanitaria para las personas desplazadas por los combates que están produciéndose en el noroeste de Pakistán. Funcionarios estadounidenses dijeron que un avión del ejército aterrizó el miércoles por la tarde en una base aérea cerca de la capital, Islamabad, transportando un cargamento que incluí­a tiendas con aire acondicionado y 120.000 paquetes de comida preparada.

El gobierno ha levantado varios campamentos pero una inmensa mayorí­a de los dos millones estimados de personas desplazadas han acudido a familiares o han buscado alojamiento de forma privada. Hillary Clinton, prometió el martes enviar 110 millones de dólares de ayuda humanitaria a Pakistán, como parte de la estrategia de Washington para ayudar a Islamabad a contener el problema que los desplazados, por la ofensiva exigida por Washington, provoca en concreto un malestar inmenso en la población.

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