El uso de los Derechos Humanos para vender guerra.

Imperialismo humanitario.

El gran intervencionismo militar de EEUU y sus aliados, ha oscilado entre el "imperialismo humanitario" y el "relativismo cultural" afirma El fí­sico, escritor y activista belga Jean Bricmont,

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23-05-2009
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Bricmont pretende aportar "una modesta contribución a la reconstrucción de la izquierda". Por izquierda, apunta Bricmont, debe entenderse un triple combate que se ha dado históricamente: a) por el control social de la producción, b) por la paz y contra el imperialismo, y finalmente c) por la defensa de la democracia, de los derechos del individuo, de la igualdad de género, de las minorí­as y del medio ambiente. Añade una precisión importante. La "vieja izquierda", que llega según Bricmont hasta mediados de los 60 del siglo XX, estaba muy centrada en los dos primeros aspectos, despreciando al tercero, mientras que la "nueva izquierda" se centra en el tercero olvidando buena parte de los dos primeros. Bricmont pretende aportar "una modesta contribución a la reconstrucción de la izquierda". Por izquierda, apunta Bricmont, debe entenderse un triple combate que se ha dado históricamente: a) por el control social de la producción, b) por la paz y contra el imperialismo, y finalmente c) por la defensa de la democracia, de los derechos del individuo, de la igualdad de género, de las minorí­as y del medio ambiente. Añade una precisión importante. La "vieja izquierda", que llega según Bricmont hasta mediados de los 60 del siglo XX, estaba muy centrada en los dos primeros aspectos, despreciando al tercero, mientras que la "nueva izquierda" se centra en el tercero olvidando buena parte de los dos primeros.
Según Bricmont en su libro “Imperialismo humanitario El uso de los Derechos Humanos para vender guerra”.La primera posición “imperialismo humanitario” ataca como nuestros valores universales son aprovechados por el imperialismo para otorgándose ellos mismos el derecho y hasta la obligación de intervenir en cualquier lugar y cuestiona poco o nada sus guerras imperialistas. La segunda posición, “relativismo cultural” en cambio, si bien en general es contraria a la guerra, considera que “no hay tal cosa como una postura moral con valor universal, en cuyo nombre se pueda juzgar objetivamente a otras sociedades y culturas (o la nuestra)”. Pues bien, lo que pretende con este libro Bricmont es la defensa de una tercera posición: el rechazo al intervencionismo “al mismo tiempo que acepta como deseables los objetivos que éste procura alcanzar.” De forma explícita el autor afirma: “Las críticas a la utilización ideológica de los derechos humanos de ningún modo cuestionan la legitimidad de las aspiraciones contenidas en la Declaración de los Derechos Humanos de 1948.” Dicho con otras palabras, el rechazo de determinadas prácticas en algunos países, no debe conllevar la defensa de las intervenciones militares porque la suma de daños es mucho mayor que los beneficios que se consiguen.


“¿qué sucedería si un país pusiera en práctica las ideas de los movimientos ‘altermundialistas’ o ‘por la justicia global’?” La reacción de EEUU, según Bricmont, no sería muy diferente a la que se tuvo contra Allende, Lumumba, Arbenz y tantos otros. Reacción que incluiría: sabotaje económico, escalada de la subversión interna (y la represión de este hipotético gobierno sobre los grupos sociales, políticos y religiosos que a esta tarea se prestaran, sería inmediatamente denunciada como una violación de los derechos humanos), la posibilidad de un golpe militar y, si todo eso aún no fuera suficiente, la intervención armada directa de los EEUU. Es decir, “una nueva Bahía de los Cochinos, un nuevo Vietnam o nuevas Contras.” Algún país latinoamericano, Venezuela destacadamente nos recuerda el autor, está pasando actualmente por alguna de estas fases. Hace algunos años, en 1984, la CIA publicó un manual (llamado curiosamente “Operaciones Psicológicas”) que estaba destinado a los “luchadores por la libertad”. Las instrucciones que se recomendaban en este manual eran del siguiente tenor: “secuestrar a todos los funcionarios o agentes del gobierno sandinista”, “denunciar a la policía a un sujeto que se resiste a unirse a la guerrilla… mediante una carta que contenga falsas acusaciones de ciudadanos no implicados en el movimiento”, “se contratará a criminales profesionales para llevar a cabo ‘tareas’ específicamente seleccionadas”… Concluye Bricmont este apartado del antiimperialismo como argumento fuerte de oposición a la guerra: “El movimiento altermundista no puede renunciar a adoptar una firme postura antiintervencionista y antiimperialista”.



 
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