El cierre de Guantánamo y la herencia radioactiva de Bush

El agujero negro de Obama

no es ahora renunciar a derrotar el terrorismo, sino hacerlo desde una nueva perspectiva, con la convicción de que "nunca, nunca más se dará la espalda a los principios con el pretexto de la eficacia"

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22-05-2009
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Ni los planes de reactivación económica o las polí­ticas de seguridad social, el centro de la disputa polí­tica en Estados Unidos es el viraje que Obama desea emprender, con respecto a la administración pasada, en materia de estrategias de seguridad nacional y de derechos humanos. En los tres meses recientes se ha evidenciado que, pese al desprestigio universal cosechado por Washington como consecuencia de las conductas bárbaras y delictivas empeñadas en la guerra contra el terrorismo, el poder fáctico -expresado en lo polí­tico, lo propagandí­stico, lo legislativo y lo judicial- del complejo industrial-militar, ha sobrevivido a la derrota de los republicanos en la elección presidencial de noviembre pasado.
 Obama, dijo el dí­a 21 explí­citamente que no existe ninguna duda de que la prisión de Guantánamo ha "socavado la autoridad moral que es la moneda más fuerte de Estados Unidos en el mundo". Obama hizo las declaraciones en un discurso sobre seguridad nacional, destinado a "enmarcar" el intenso debate sobre cómo tratar a los prisioneros mantenidos en la prisión de Guantánamo. (EFE)
Obama, dijo el dí­a 21 explí­citamente que no existe ninguna duda de que la prisión de Guantánamo ha "socavado la autoridad moral que es la moneda más fuerte de Estados Unidos en el mundo". Obama hizo las declaraciones en un discurso sobre seguridad nacional, destinado a "enmarcar" el intenso debate sobre cómo tratar a los prisioneros mantenidos en la prisión de Guantánamo. (EFE)
Ni los planes de reactivación económica o las polí­ticas de seguridad social, el centro de la disputa polí­tica en Estados Unidos es el viraje que Obama desea emprender, con respecto a la administración pasada, en materia de estrategias de seguridad nacional y de derechos humanos. En los tres meses recientes se ha evidenciado que, pese al desprestigio universal cosechado por Washington como consecuencia de las conductas bárbaras y delictivas empeñadas en la guerra contra el terrorismo, el poder fáctico -expresado en lo polí­tico, lo propagandí­stico, lo legislativo y lo judicial- del complejo industrial-militar, ha sobrevivido a la derrota de los republicanos en la elección presidencial de noviembre pasado.
Por otro lado, quedó clara la feroz respuesta del gobierno permanente (la burocracia) de Washington, y sobre todo la de seguridad nacional (Pentágono, comunidad de inteligencia) cuando la semana pasada Obama decidió, después de consultar con generales, revertir su postura de permitir la difusión de fotos mostrando el abuso a detenidos por agentes de Estados Unidos en el extranjero.

La publicación de estas fotos no añadirí­a ningún beneficio a nuestro entender sobre qué fue llevado a cabo en el pasado por un pequeño número de individuos. De hecho, creo que si estas imágenes son difundidas, las consecuencias más directas serí­an el aumento de posturas antiestadonidenses y colocarí­amos a nuestras tropas en peligro, argumentó Obama el 13 de mayo.

Obama, dijo el dí­a 21 explí­citamente que no existe ninguna duda de que la prisión de Guantánamo ha "socavado la autoridad moral que es la moneda más fuerte de Estados Unidos en el mundo". Obama hizo las declaraciones en un discurso sobre seguridad nacional, destinado a "enmarcar" el intenso debate sobre cómo tratar a los prisioneros mantenidos en la prisión de Guantánamo.

"Cuando se vio ante una amenaza desconocida, nuestro Gobierno tomó una serie de decisiones precipitadas. En lugar de recurrir al poder de nuestros principios, vimos esos principios como un lujo que ya no podí­amos permitirnos. Y en esa época de miedo, demasiados de nosotros -demócratas y republicanos, polí­ticos periodistas y ciudadanos- guardamos silencio. En otras palabras, perdimos el rumbo", dijo Obama

Aseguró que lo que él trata de hacer, con Guantánamo y otras medidas controvertidas, como la publicación del dossier sobre torturas y la prohibición de las fotos sobre interrogatorios, es "arreglar el lí­o" dejado por los anteriores gobernantes. La voluntad del presidente, según dijo, no es ahora renunciar a derrotar el terrorismo, sino hacerlo desde una nueva perspectiva, con la convicción de que "nunca, nunca más se dará la espalda a los principios con el pretexto de la eficacia".

Obama se comprometió a ajustarse al plazo marcado de un año. Admitió que hay problemas, que no es fácil resolver el destino de los 240 presos que quedan. Pero recordó que esos problemas "no han sido causados por la decisión de cerrar esas instalaciones, sino por la decisión de abrir Guantánamo", y aseguró que, en todo caso, es mucho mayor el coste de dejarlo abierto.

Ante las recientes decisiones de la Casa Blanca de retroceder en la investigación de los responsables y la divulgación de material que documenta estos abusos, defensores de derechos humanos, acusan al gobierno de Barack Obama de otorgar impunidad a quienes torturaron durante ocho años al no proceder contra ellos. Si esperan una rendición de cuentas en paí­ses que participaron en las guerras sucias en América Latina y otros paí­ses, cómo pueden hacer esto y no rendir cuentas aquí­.

Pero aquí­ lo que está en disputa no es si la tortura es un crimen, ni qué clase de técnicas constituyen tortura. El problema es polí­tico, ya que no fueron algunos republicanos o algunos funcionarios, sino buena parte de la cúpula polí­tica del paí­s (republicanos y demócratas), quienes estaban enterados de esta grave violación de las leyes nacional e internacional.

Esto quedó claro cuando la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, primero acusó al gobierno de Bush y a la CIA de engañar al Congreso sobre la aplicación de algunas técnicas durante los interrogatorios a sospechosos, para lo cual reiteró que ella no estaba enterada del uso del waterboarding y otras técnicas de tortura, sólo que después fue obligada por la CIA a admitir que sí­ habí­a recibido información al respecto, pues la agencia demostró haberle informado desde 2002 sobre la aplicación de estas técnicas.

El propósito de Obama es dividir a los presos en cinco categorí­as: un grupo que será juzgado por tribunales ordinarios estadounidenses y cumplirá la sentencia en EE UU, pese a la resistencia de una parte de la opinión pública; otro será juzgado por un sistema reformado de las comisiones militares; veintiún detenidos serán puestos en libertad atendiendo a la decisión de los tribunales; una cuarta categorí­a de presos (alrededor de medio centenar) serán trasladados a otros paí­ses; y un quinto grupo, el más polémico, de presos considerados peligrosos, pero sin pruebas formales contra ellos, que seguirán detenidos ilimitadamente sin juicio.

El traslado a territorio estadounidense tampoco resolverí­a, en todo caso, el problema de qué tratamiento judicial otorgarles a quienes hasta ahora son legalmente combatientes enemigos. El Gobierno no se atreve a presentarlos ante tribunales ordinarios porque teme perder los juicios por falta de pruebas.

La mayorí­a de las evidencias reunidas contra los detenidos en Guantánamo fueron obtenidas por servicios secretos, que no comparecen como testigos en una vista pública civil, o conseguidas mediante métodos de interrogatorio que el propio Gobierno de Obama ha definido como torturas.

Se trata de una verdadera patata caliente para la administración de Obama. Aunque algunos de los presos han confesado su participación en el 11-S, podrí­an quedar en libertad si los jueces decidiesen anular la causa contra ellos por el uso de torturas. Obviamente, el Gobierno no puede permitirse polí­ticamente poner en la calle a detenidos de la relevancia de Khalid Sheikh Mohammed, autor intelectual de aquellos atentados, pero tampoco tiene garantí­as de ganar un proceso contra un acusado del que se ha reconocido oficialmente que fue sometido a la técnica del ahogamiento fingido.

Obama, empieza a ver la magnitud de la herencia radioactiva que le dejó su predecesor, George Bush. La guerra de Irak aún está lejos de acabar, aunque se hable menos de ella, y la de Afganistán va a peor cada dí­a. Se ha extendio a Pakistan amenazando con generar un estado fallido con armas nucleares, una especie "Talibanistan". Pero el problema que se puede convertir en una pesadilla para Obama es el de Guantánamo. Lo ha dicho la senadora demócrata McCaskill: \"Guantánamo nos va a acabar quemando a todos\".

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