Cine

África también hace pelí­culas

Se presenta ante los ojos del mundo una nueva generación de cineastas independientes del continente negro en el Festival de Cine Africano de Nueva York.

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22-05-2009
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Jóvenes valientes que se financian una cámara digital y editan sus pelí­culas en su ordenador, desde su propia casa. Este es el perfil dominante de esta nueva generación de directores africanos, que emerge como un movimiento sin precedentes desde el auge de los movimientos independientes en este continente en los años 60. Crecen a la sombra de la industria Nigeriana de cine y televisión, conocida como "Nollywood", cuyo éxito ha propiciado que otros paí­ses, como Kenia, Etiopí­a o Ruanda, se lancen también al mercado cinematográfico, aportando un estilo y una visión única. El popular barrio neoyorkino de Brooklyn los acoge desde hoy como plataforma inmejorable para su lanzamiento internacional. Jóvenes valientes que se financian una cámara digital y editan sus pelí­culas en su ordenador, desde su propia casa. Este es el perfil dominante de esta nueva generación de directores africanos, que emerge como un movimiento sin precedentes desde el auge de los movimientos independientes en este continente en los años 60. Crecen a la sombra de la industria Nigeriana de cine y televisión, conocida como "Nollywood", cuyo éxito ha propiciado que otros paí­ses, como Kenia, Etiopí­a o Ruanda, se lancen también al mercado cinematográfico, aportando un estilo y una visión única. El popular barrio neoyorkino de Brooklyn los acoge desde hoy como plataforma inmejorable para su lanzamiento internacional.
La industria cinematográfica nigeriana, de 450 millones de dólares, ya es la tercera mayor del mundo, tras el Hollywood americano y la industria india, conocida como Bollywood. Su éxito se fundamenta en un vertiginoso ritmo de producción, economía de medios, temáticas de todo tipo pero con una optica eminentemente popular, y un mercado de distribución que engloba a prácticamente todo el continente. Su expansión y su rentabilidad ha hecho que la proliferación de nuevos autores crezca exponencialmente en todos los países africanos.
 
Así algunos sectores norteamericanos no han tenido más remedio que dirigir su mirada a este mercado cultural emergente, y entre el 22 y el 25 de mayo en la Academia de Música de Brooklyn, se oferta un completo muestrario de películas de todo el continente. La edición de este año incluye las películas "In My Genes", del realizador keniata Lupita Nyong'o, sobre el estigma que rodea al albinismo, y "París or Nothing", del director camerunés Josephine Ndagnou, sobre el drama de la inmigración. Temáticas propias capaces de reflejar los problemas concretos de la sociedad africana, y conseguir un elevado nivel de empatía con el público internacional.
 
También el cortometraje tendrá su espacio en el festival. Cuatro pequeñas producciones realizadas por miembros de un colectivo llamado "Realizadores contra el racismo" exploran la violencia xenófoba que estalló en Sudáfrica el pasado verano. Estos son algunos de los jóvenes que son capaces de financiar sus propios films y encontrar un mercado para difundirlos, a base de tenacidad y trabajo.
 
En los años 60, el director senegalés Ousmane Sembene se convirtió en el primer realizador africano en obtener reconocimiento internacional. Sin embargo, la dependencia colonial y las guerras fraticidas instigadas por las potencias segaron por completo cualquier atisbo de florecimiento cultural. Después de esto los directores africanos tuvieron que seguir siendo dependientes, amparándose en el mecenazgo de productores extranjeros para lanzar sus películas. Lógicamente esto limitó enormemente el crecimiento de una industria que hablara de Africa en primera persona, y comenzó el reinado del estereotipo y la usura disimulada.
El abaratamiento de los equipos digitales y el software de edición ha significado todo un salto para lograr la independencia de estos creadores, que se apoyan constantemente en el video para contar sus historias, sin necesidad de tener que “mirar afuera” ni pedir limosnas a los productores de las potencias. Una industria cultural que florece, y que sin duda es una buena noticia para cualquier amante de la libertad y la independencia
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